Pablo Lacoste

Pablo Lacoste

Historiador y director del Diplomado en Patrimonio Agroalimentario - Usach

Qué Pasa

Se quema O’Higgins


Volvieron los incendios a la región de O’Higgins. Ya hay cientos de hectáreas quemadas; el fuego ha llegado a las zonas pobladas, y al menos ocho casas se quemaron. Las llamas han afectado algunas comunas de la zona central, como Malloa. Ayer hubo incendios también en Requehua, y las llamas llegaron muy cerca de los panales de abajas de los apicultores locales. La famosa miel pura de O’Higgins a punto de dañarse gravemente!

Las autoridades se han desplegado en la zona: el gobernador de la provincia de Cardenal Caro, el intendente de la Región de O’Higgins y los consejeros regionales (CORES), el alcalde de Navidad y los concejales; bomberos y CONAF trabajan activamente para buscar soluciones. En la localidad de Cáhuil se cargan los aviones hidrantes para llegar hasta los bosques de Navidad.

La zona más vulnerable es el borde costero: en la comuna de Navidad se han quemado ya 700 hectáreas. Esta área es particularmente frágil porque es justamente, donde más espacio han ganado las forestales con sus pinos y eucaliptus. Estas plantas exóticas crecen muy rápido y generan lucrativas ganancias, al costo de absorber grandes cantidades de agua, lo cual genera la seguía de arroyos, manantiales, acuíferas y otras reservas de agua.  Se produce así un desequilibrio entre la necesidad de agua que requieren las plantas y el ambiente en general, y la intensidad del calor estival. En estas condiciones, la Región de O’Higgins se hace particularmente vulnerable a las llamas; basta una mínima chispa para iniciar un incendio incontrolable.

Los daños ya son enormes; el predio de Jovino Moya, el cual recuperó el bosque nativo para ofrecer excursiones de trakking, fue devorado por las llamas; las algueras de Navidad están alertas, porque temen que el fuego llegue a quemar su planta de tratamiento de cochayuyo y luche. Los campesinos que tienen animales, están aterrorizados ante la amenaza de verlos arder vivos en las llamas.

Los vecinos expresan también su desconfianza sobre la empresa de distribución de energía eléctrica, CGE, que gran presencia en esta región. De acuerdo a las fuentes locales, la sensación es que los mantenimientos no se hacen del modo adecuado, lo cual contribuye a incrementar los factores de riesgo de incendio. Habrá que investigar el tema para deslindar responsabilidades.

El tercer actor clave es el mercado y las pautas de consumo de las clases medias y altas de Santiago. En vez de adquirir los productos de sus campesinos, de mayor calidad y menor precio, el mercado de Santiago prefiere consumir productos de marcas de alta inversión publicitaria, adquiridos preferentemente en las redes de centros comerciales (mall). Esta situación ha generado un fuerte retroceso de la rentabilidad de las actividades rurales, lo cual ha empujado a muchos campesinos a emigrar o pasarse a actividades más rentables pero peligrosas e insostenibles ambientalmente, como el cultivo de pinos y eucaliptus. Son estrategias de supervivencia erradas, creadas por la desesperación y por la indiferencia del consumidor metropolitano.

¿Por qué compramos losas chinas, en vez de la elegante cerámica beige-damasco de Pañul, hecha por los campesinos? ¿Por qué gastamos dinero en comprar muebles y lámparas de marcas europeas, en vez de los cálidos mimbres de Chimbarongo? ¿Por qué condimentamos la comida con sal industrial, en vez de la sabrosa sal de Cáhuil?

Se quema O’Higgins. Tener al Libertador como patrono cívico, no ha podido proteger a esta región de la acción destructora de las llamas. Estas avanzan, quemando casas, animales vivos, campos, y sueños. El paisaje se destruye, las esperanzas se malogran. ¿Los responsables? Las forestales y las eléctricas tienen su parte; pero la razón principal somos nosotros. Nuestra indiferencia hacia los productos campesinos, y nuestra pasividad para dejarnos llevar por la publicidad de las grandes marcas.

 

 

 

 



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