Por Belén Contreras VilchezChile no tiene un problema de natalidad, tiene un problema con las mujeres
"Cerramos maternidades porque nacen menos niños y niñas, pero seguimos evitando la pregunta más importante: por qué cada vez es más difícil maternar en Chile. No nos preguntamos qué condiciones necesita una mujer para decidir tener un hijo sin poner en riesgo su empleo, sus ingresos o su proyecto de vida".

Hace unos días, el INE confirmó lo que muchos ya intuíamos: por primera vez en la historia, Chile registró una tasa de fecundidad inferior a un hijo por mujer (0,99). Solo Corea del Sur y Singapur están por debajo de nosotros. El dato se viralizó, generó alarma, y el debate volvió, como siempre, a hablar de “crisis demográfica”, “envejecimiento” e “incentivos para tener hijos”. Lo que pocas veces se ha dicho es que la caída de la natalidad no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia lógica de un país que sistemáticamente ha hecho más difícil ser mujer, trabajar y ser madre al mismo tiempo.
En 2025 nacieron 146.446 niños en Chile, casi 130 mil menos que en 1993 y uno de cada cinco nacimientos correspondió a madres extranjeras. Pero más allá de quiénes están teniendo hijos, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué condiciones ofrece hoy Chile para que una mujer pueda desarrollar un proyecto de vida que incluya la maternidad? Porque el sistema les sigue fallando en múltiples frentes.
La tasa de desempleo femenino llegó al 10,5% en el trimestre febrero-abril de 2026. Más mujeres están buscando trabajo, pero el mercado no está generando los empleos necesarios para recibirlas. La brecha no es nueva ni accidental: es estructural.
En paralelo, el debate por la sala cuna sigue atrapado en aspectos financieros que pierden de vista lo esencial. Mientras se discuten mecanismos de financiamiento, miles de mujeres no tienen dónde dejar a sus hijos para poder trabajar o enfrentan barreras que siguen asociando el cuidado principalmente a ellas. A eso se suma una realidad que suele quedar fuera de la conversación: el 26,8% de los trabajadores en Chile opera en la informalidad y no forma parte del diseño de muchas de las políticas que buscan resolver este problema.
En ese sentido, el cierre de la Unidad de Maternidad del Hospital FACH, anunciado para el 1 de junio por la propia crisis de natalidad, es una imagen que debería incomodarnos. Cerramos maternidades porque nacen menos niños y niñas, pero seguimos evitando la pregunta más importante: por qué cada vez es más difícil maternar en Chile. No nos preguntamos qué condiciones necesita una mujer para decidir tener un hijo sin poner en riesgo su empleo, sus ingresos o su proyecto de vida.
La natalidad no es solo un problema demográfico. Es un termómetro de cómo trata un país a sus mujeres. Y lo que ese termómetro muestra hoy es preocupante: tres regiones donde ya mueren más personas de las que nacen, casi la mitad de las comunas con crecimiento natural negativo y una edad promedio de maternidad que alcanzó los 30 años porque las mujeres siguen esperando condiciones mínimas que el sistema no termina de garantizar.
La respuesta no puede ser solo económica ni demográfica. Tiene que poner a las mujeres en el centro del diseño de políticas y entender que empleo, cuidado y natalidad son parte del mismo sistema. Porque cuando ese sistema falla, las primeras en pagar el costo siguen siendo las mismas.
Chile no tiene un problema de natalidad, Chile tiene un problema con las mujeres. Y mientras no lo nombremos así, seguiremos cerrando maternidades y preguntándonos por qué.
Por Belén Contreras Vilchez. Especialista en diversidad, equidad e inclusión.
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