La zona roja de Temucuicui

La comunidad donde vivía Camilo Catrillanca puede significar varias cosas. Para algunos, es el ejemplo de la lucha por la recuperación del territorio mapuche; para otros, un lugar tomado por la violencia sin razón y casi inexpugnable. Como sea, allí no hay libre tránsito y sus secretos son celosamente guardados.


María, dueña de un almacén en Ercilla, señala con su mano hacia el norte. “Para allá está Temucuicui. Todos lo sabemos. Pero le recomiendo que no vaya si no tiene permiso”, dice la mujer, de 60 años, que ha vivido toda la vida en ese lugar.

Ercilla es un típico pueblo pequeño en el corazón de la Región de La Araucanía. Sus siete mil habitantes parecen conocerse todos entre ellos, la mayoría tiene raíces mapuches y la actividad económica se limita casi exclusivamente a la ganadería y la agricultura. Los niños van a estudiar en sus primeros años a colegios rurales, pero luego emigran a Temuco, en busca de mejores oportunidades. La capital regional está a a 80 kilómetros de distancia. Pocos de esos estudiantes terminan volviendo al pueblo, y eso se nota. En las calles parece haber más gente vieja que jóvenes. La mayoría de las casas también parecen detenidas en el tiempo. Son pocos los inmuebles nuevos. Apenas una biblioteca y un consultorio destacan en el paisaje urbano.

La comuna es un punto de referencia para entender el conflicto mapuche, ya que han sido reclamadas por años como tierras ancestrales, siendo uno de los escenarios principales de la violencia que caracteriza a ese enfrentamiento. Esas tierras pertenecieron por años a distintas familias, pero ahora son dominadas por empresas forestales y fundos. Según datos del último censo, un 51% de la población de Ercilla dijo sentirse identificado con el pueblo mapuche.

Uno de los íconos de esa resistencia es Temucuicui, una comunidad ubicada a 4,5 km de Ercilla. Esa tierra fue un lugar fértil para los mapuches que la habitaban a finales del siglo XIX, cuando perdieron varias hectáreas de terreno. Por eso, dicen, han llevado adelante una dura estrategia de recuperación, que ha consistido en la ocupación y atentados en contra de la propiedad privada, empezando su actividad especialmente en 2002.

Si bien no tienen militancia política, son mucho más cercanos a la izquierda, y eso los ha llevado a ser asociados con grupos radicalizados de ese sector. En 2013, el entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick, aseguró que en el lugar estaba protegido el exlautarista Carlos Gutiérrez Quiduleo, uno de los acusados por la muerte del cabo Luis Moyano, tras asaltar un banco en Santiago.

También tienen una política de autonomía total frente al Estado chileno. El año pasado anunciaron que no iban a dejar pasar a nadie para realizar el censo. Por esa amenaza, el gobierno finalmente decidió no enviar a ningún censista. Los días posteriores se dispuso de cuestionarios censales en oficinas municipales de Ercilla. Finalmente, el INE contabilizó 271 personas y 83 viviendas en Temucuicui.

Los parlamentarios del distrito apenas pueden entrar a ese territorio. El diputado RN Diego Paulsen ha ido dos veces y siempre bajo estricta reserva. A diferencia de sus otras actividades, no hace públicas estas visitas por seguridad. “Es una zona donde la gente vive atemorizada, donde se generan robos, abigeato, ataques incendiarios, quema de iglesias, a las personas les cortan el camino. Es una zona peligrosa”, dice Paulsen, quien asegura que por el lugar se ven autos quemados, basura y caminos sucios.

El diputado DC Mario Vargas no entra a Temucuicui desde hace 12 años. “No hay garantías de ingresar sin que se ponga en riesgo la seguridad. Diversos actores políticos que han ingresado terminan agredidos. De hecho, ni siquiera Carabineros, si no es con un operativo especial, puede visitar esa comunidad”, asegura el parlamentario.

El principal foco de los enfrentamientos ha sido la Forestal Mininco y las tierras del agricultor René Urban, quien ha dicho que ha sufrido casi un centenar de atentados y que cuenta con protección las 24 horas de Carabineros.

De allá era Camilo Catrillanca, quien murió el miércoles 14 de un tiro por la espalda en medio de un operativo del Comando Jungla, una muerte que ha desatado protestas públicas, la caída del hoy exintendente Luis Mayol, crisis en el gobierno y un quiebre con Carabineros, tras revelarse que estos habían destruido pruebas de su accionar en ese día.

El viernes 23 llegó a la zona el Presidente Sebastián Piñera, escoltado por los ministros del Interior, Andrés Chadwick, y de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, en un intento por retomar -al menos- el control de la agenda. El Mandatario ha visitado la Región de La Araucanía cuatro veces durante este año, el primero de su mandato. Sin embargo, pese a los esfuerzos desplegados por representantes del gobierno, Piñera no se pudo juntar con la familia de Catrillanca, ni menos acercarse a Temucuicui.

La expresidenta Michelle Bachelet optó por no ir a la zona durante casi todo su mandato. La excepción fue el reservado viaje -tan secreto que ni siquiera informó a su ministro del Interior, Jorge Burgos, quien amenazó con renunciar al cargo- que realizó en diciembre del 2015.

Catrillanca -de 24 años- era visto por sus cercanos como uno de los nuevos liderazgos dentro de la comunidad, amparado por su linaje histórico: era el nieto de Juan Catrillanca, un respetado lonko de la zona.

Las cosas cambiaron tras su muerte. Se volvió a despertar la rabia de Temucuicui y eso se ha sentido. Por eso, nadie recomienda el paso sin autorización por el puente El Pozón, que marca la frontera invisible entre la comunidad y el resto de La Araucanía. Por estos días no puede pasar cualquiera. Menos si es huinca (chileno).

Durante la semana ha habido distintas protestas, atentados incendiarios, barricadas y cortes de caminos en Ercilla. El único liceo del pueblo está tomado. La mayoría de los estudiantes movilizados son niños mapuches de la misma comunidad.

“Todo eso ha pasado en la carretera, eso sí. Con la gente de Ercilla no se meten”, asegura María. La municipalidad del pueblo -liderada por José Vilugrón (UDI)- está rayada con varias consignas mapuches y durante el día es común ver vehículos blindados y helicópteros de Carabineros vigilando la zona.

El lugar se abrió únicamente para realizar los funerales del joven comunero. Después de eso solo han entrado un par de forasteros. Uno de ellos fue el fiscal Roberto Garrido, quien llegó el lunes 19 a tomar declaración al menor de 15 años que fue testigo presencial de la muerte de Camilo Catrillanca. Todos en Ercilla saben que para llegar al lugar hay que ir con cuidado.

“No intente pasar sin permiso”, repetirá María antes de despedirse.

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Quienes han estudiado la historia mapuche advierten que dentro de su cultura, la comunidad Temucuicui no es un grupo especialmente emblemático dentro de esa población originaria. Su fama se debe más a la idealización de jóvenes que ven con interés su carácter combativo y autónomo. Su condición de “zona roja” ha sido dada por las autoridades policiales y políticas en referencia a los ataques a las forestales colindantes con el lugar y a las que los mapuches identifican como “usurpadoras de tierras” que -según sostienen- legítimamente les pertenecen.

“Acá, cada comunidad es autónoma, de acuerdo a sus condiciones históricas, sociopolíticas e internas decide qué estrategias va a utilizar. En ese sentido, hay un respeto por la lucha de Temucuicui, pero eso no implica que haya comunidades seguidoras de ellos”, dice el historiador mapuche Sergio Caniuqueo.

Temucuicui está en un lugar estratégico. Justo en la frontera entre las regiones del Biobío y La Araucanía. El comienzo del llamado país mapuche (Wallmapu), un lugar ancestral. Ercilla era un valle en el que varios mapuches se dedicaron históricamente a la crianza de terreno. Como grupo se radicaron en 1884.

A finales del siglo XIX, familias de colonos chilenos y extranjeros fueron instalándose en esos terrenos. La venta de tierras fue siempre en condiciones desfavorables a los mapuches. De esa manera, los primeros habitantes de Temucuicui fueron perdiendo varias hectáreas hasta quedar con muy poco.

Fue bajo el período de Pinochet que las empresas forestales aparecieron en la zona. Los miembros más antiguos de la comunidad recuerdan que la venta de un gran fundo a la Forestal Mininco -en 1974- marcó un antes y un después en su historia. Acusan que las empresas llenaron los bosques con plantaciones de pinos y eso causó que los terrenos se fueran secando. La comunidad se fue empobreciendo paulatinamente.

“Temucuicui es una comunidad situada en Malleco, rodeada por fundos y parcelas, que también están afectados por el modelo forestal. Las comunidades quedaron encerradas y se empobrecieron”, afirma Caniuqueo.

Al ser contactados por Reportajes, desde la CMPC -empresa que controla la Forestal Mininco- no quisieron referirse a sus históricos desencuentros con sus vecinos

Según datos del último censo, la población de Temucuicui es de 271 habitantes. La mayoría son campesinos que deben trabajar con pocos recursos, sacando agua de pozo y viviendo en pequeñas casas de madera. La tierra es -entonces- la única riqueza que podrían poseer.

Ese déficit causó que las familias de Temucuicui tomaran la decisión de enfrentar a los “invasores” -como les llaman- de manera implacable. A diferencia de otras comunidades, optaron por la acción directa. Empezaron a ver al Estado chileno como a un enemigo. Así comenzaron las tomas violentas de terrenos, sobre todo a finales de los 90. El fundo Alaska fue el primero en ser “recuperado” totalmente. Fueron 1.900 hectáreas en las que hoy viven solo mapuches.

En 2002, el grupo se dividió en dos. Por un lado, Temucuicui tradicional, formado por varias familias de presencia histórica en el lugar. El nuevo grupo se llamó Temucuicui Autónomo, formado por personas más jóvenes y que han llevado a cabo la reivindicación territorial, delimitando los límites con los terrenos que deberían ser ocupados y llevando a cabo los principales actos de protesta.

“Temucuicui ha sido una de las comunidades pioneras y emblemáticas en la lucha por los derechos territoriales. Ha sabido mantenerse en la lucha”, asegura el werkén de la comunidad, Jaime Huenchullán

Entre los hechos delictuales protagonizados por habitantes de Temucuicui están, sobre todo, ataques incendiarios a camiones forestales y varias veces al predio de René Urban, según Carabineros. También se han registrado robos y enfrentamientos con armas de fuego. Hasta hoy, los vehículos de madera que recorren el lugar deben hacerlo casi siempre de día y muy atentos a posibles ataques. Según datos de Carabineros entregados a la Cámara de Diputados en 2016, hay 1.389 uniformados destinados a trabajar en casos de violencia rural en el sur. La mayoría de ellos se concentra en la zona de Ercilla.

Así como han sido protagonistas de varios atentados, en Temucuicui han denunciado con insistencia, según ellos, la represión del Gope y Carabineros en la zona. Muchos de sus habitantes han terminado heridos de gravedad tras allanamientos y sin atreverse a ir al hospital, por miedo a quedar detenidos. Como una historia de nunca acabar, estos hechos nunca terminan por ser aclarados.

Fuentes al interior de la intendencia revelan que se ha detenido a varios comuneros vendiendo armamento y que por medio de vuelos en helicóptero han descubierto plantaciones de marihuana en el lugar. El general director de Carabineros, Hermes Soto, lo dijo el miércoles pasado: “Se ha visto bastante crecimiento en el tema de la marihuana y algunos otros elementos relacionados con drogas”, dijo sobre la zona del conflicto.

Durante los últimos 20 años, la Conadi ha entregado terrenos a la comunidad Temucuicui equivalentes a 243 hectáreas. Sin embargo, advierten, esas donaciones no han sido suficientes para calmar los ánimos por una serie de motivos. El principal es que aseguran que esas tierras ya fueron sobreexplotadas y solo podrían ser trabajadas con maquinaria especializada, fuera del alcance de las familias mapuches. La mayoría sigue arando la tierra gracias a bueyes.

Actualmente, entre los dos grupos de Temucuicui viven 140 familias en 2.550 hectáreas. Adentro de la comunidad se mantienen las tradiciones y costumbres de los mapuches al pie de la letra: todos hablan en mapudungún, juegan al palín y participan de ceremonias religiosas como el guillatún o el wetripantu.

El trabajo de las familias se concentra sobre todo en la agricultura y en la comercialización de productos como cilantro, ajo y piñones en la zona.

La forma de organizarse también tiene que ver con costumbres ancestrales. Están los lonkos, los werkén, las machis y los weichafe como cargos importantes dentro del grupo.

Entre los liderazgos más notorios de la comunidad están los de la familia Catrillanca, Huenchullán y Queipul. Ellos han sido los clanes que han liderado el proceso, por lo que llaman, la lucha por la recuperación de territorio.

La división en Temucuicui, dicen algunos, se debió a diferencias entre los Catrillanca y otras familias. Esta semana todos se han mostrado muy unidos para exigir justicia.

Los voceros más conocidos son Jaime Huenchullán, Mijael Carbone y Víctor Queipul. Todos han sido investigados y condenados por distintos delitos relacionados con violencia rural.

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Camilo Catrillanca era mirado por todos sus vecinos de Temucuicui como uno de los nuevos liderazgos que estaban naciendo en la comunidad y que daba esperanzas de renovar la causa mapuche. El resto de los weichafe (guerrero) llevaban mucho tiempo liderando el movimiento social y poco a poco se estaban desgastando.

El comunero, quien era padre de una niña de seis meses y su pareja está embarazada, había participado a los 15 años de una toma en la Municipalidad de Ercilla en 2011, que terminó tras 13 días de movilización, acordando la creación de un liceo intercultural y el aumento de becas para los estudiantes.

El 25 de septiembre del 2012 protagonizó una protesta en la inauguración del Centro de Salud Familiar de Ercilla pidiendo “libertad por los presos políticos mapuches”. El comunero fue detenido ese día por causar desórdenes públicos. Uno de sus principales referentes era el Che Guevara. El joven había dicho a sus cercanos que estaba dispuesto a morir por la causa de su pueblo.

“Camilo era un weichafe, participaba en los guillatunes, hablante de mapudungún. Era conocido dentro del mundo mapuche. Siempre fue un defensor de la comunidad, habló por los mapuches, participó de las movilizaciones y nunca dejó de pelear”, dice Huenchullán.

La familia Catrillanca tiene a tres generaciones de activistas por la causa mapuche. El lonko Juan Catrillanca -abuelo de Camilo- es una figura reconocida por toda la cultura mapuche y participó en algunas mesas de diálogo durante el primer gobierno de Sebastián Piñera. Por otra parte, Marcelo Catrillanca -padre de Camilo- estuvo involucrado en delitos de violencia rural y ha sido quien ha llevado la representación de toda la familia tras la muerte de su hijo.

“Acá no hay desarrollo, y eso a nosotros nos afecta. El problema es que no quieren asumir el daño que se le ha hecho al pueblo mapuche, por eso también como familia no quisiéramos recibir al Presidente”, dijo Marcelo Catrillanca al conocer la noticia de la visita de Piñera a Ercilla.

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El miércoles 21 por la mañana amaneció tomado el Liceo Alonso de Ercilla, de la comuna de Ercilla. Los alumnos protestaron pacíficamente por justicia para Camilo Catrillanca y exigieron que el denominado Comando Jungla sea retirado de la región. La familia del comunero fallecido y otros dirigentes de la comunidad Temucuicui fueron hasta el lugar para agradecer el gesto. Ellos dicen que están enojados. Que la muerte de su familiar fue una afrenta que no van a perdonar fácilmente.

“Hemos pasado muchas situaciones de carácter grave. Aplicación de Ley Antiterrorista, persecución de nuestros dirigentes y encarcelamiento (…). En este momento, como comunidad estamos muy dolidos, muy afectados por esta situación, pero en pie de guerra por la situación política puntual que viven los mapuches. La reivindicación de tierras continúa a todo nivel”, dice el werkén Jaime Huenchullán.

Al parecer, Temucuicui seguirá siendo por un largo rato un lugar al que pocos pueden entrar.

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