Día Mundial de las Ballenas: Chile lidera la conservación marina, pero los cetáceos siguen en peligro
En el marco del Día Mundial de las Ballenas, pese a que Chile alberga el 43% de las especies de ballenas conocidas, posicionándose como referente internacional en conservación marina, según expertas en biología marina e investigación oceánica, los cetáceos siguen enfrentando amenazas concretas: colisiones, contaminación y pesca industrial que ponen en jaque los avances logrados.

Según Catalina Sapag de la organización Oceana en Chile, “proteger las ballenas es proteger el océano, pues cumplen un rol ecológico clave, aportan a enfrentar la crisis climática, y generan incluso valor económico en distintas comunidades, a partir del turismo de avistamiento”. En base a lo que han recabado diversos estudios de organizaciones que promueven el cuidado de la fauna marina nativa, agrega que “además, urge mitigar los riesgos que ponen en peligro a los cetáceos a través de políticas públicas bien implementadas”.
Chile posee la costa más larga del mundo (6.435 km) y alberga el 43% de las especies de ballenas conocidas. Tras décadas de caza que casi extinguió poblaciones, impulsó diversas regulaciones: desde 1979 integra la Comisión Ballenera Internacional (CBI); se impulsó el DS N° 381 en 1977 y que prohibió caza de delfines/toninas; en 1984 se promulgó el DS N° 50 que suspendió la caza de ballenas; posteriormente, en 2008 se impulsó la Ley 20.293 que vetó su captura, comercialización y acoso; y a partir de 1995 se aplicó la veda renovable, con normas Subpesca de rescate y observación.
Estos logros le valieron al país el galardón Peter Benchley Ocean Award 2025, por proteger el 43% de aguas jurisdiccionales –superando la meta establecida en la COP15 del 30% para 2030–. En mayo de 2025, fue el primer país en ratificar el Tratado Global de los Océanos (BBNJ) para biodiversidad en alta mar, posicionándose como referente internacional en liderazgo oceánico.
Economía local y turismo
La presencia de cetáceos en las costas chilenas, ha impulsado el turismo, sector que aporta un 3,3% del PIB nacional y genera 690 mil empleos formales, según el informe emitido por Fedetur en julio de 2025. El éxito de esta actividad se debe gracias a la variedad de especies que están distribuidas a lo largo del país, pues Chile se encuentra entre los 10 mejores lugares del mundo para realizar avistamiento de ballenas.
Esta es la principal actividad turística relacionada con ballenas y permite además descentralizar Chile e impulsar la economía local de las regiones, donde la mitad de las especies de cetáceos del mundo están distribuidas. En casi todos esos lugares coinciden en que entre los meses de enero y abril es el momento apropiado para retomar el avistamiento de ballenas.
Sin embargo, de acuerdo a lo que han podido constatar organismos como Greenpeace y otras ONGs nacionales, el avistaje de ballenas, así como otras actividades productivas, de no realizarse siguiendo ciertos lineamientos y sin una gestión eficiente puede atentar contra la protección de los cetáceos, generando un perjuicio tanto para las ballenas como para la economía local.
3 Industrias y peligros
Paradójicamente, Chile es el lugar del mundo con mayor mortalidad de cetáceos producto de la colisión de estas especies con embarcaciones en la última década, según un estudio realizado por Marine Policy lanzado en 2025. El documento identificó que las distintas flotas de tráfico marítimo involucradas en las colisiones son la flota acuícola en el sur de Chile; la flota de pesca artesanal en la zona central; la flota industrial del norte; y la flota de carga presentes en todos los puertos principales del país. Y demostró que aquellas que superan los 80 metros y navegan a más de 15 km/h tienen la mayor probabilidad de matar a una ballena.
A partir de esta situación, Catalina Sapag, bióloga marina de Oceana en Chile explica: “Se debe evitar un alto tráfico marino en zonas importantes para las ballenas, como lo son sus sitios de alimentación. Otras medidas que se pueden implementar son límites de velocidad para la navegación, ajustes de rutas cuando corresponda, y monitoreo efectivo del cumplimiento”.
De acuerdo a las organizaciones Centro Ecoceanos y Centro de Conservación Cetácea (CCC) en artículos recientes, existe para las ballenas además el riesgo de habitar en área donde se practica la de la acuicultura, pues corren el riesgo, además de colisionar con alguna embarcación, a ser afectadas por la contaminación, tanto química, derivada de los antibióticos y antiparasitarios administrados a salmones, como orgánica, por las fecas de los salmónidos y alimento no consumido por estos en las salmoneras.
A eso se suma la contaminación de áreas costeras por infraestructuras y basura de los centros de cultivo –como las redes, boyas, sogas y cables tensores metálicos que previenen el escape de los salmones y que son potencialmente peligrosos por la posibilidad de enmallamiento–, contaminación sónica submarina que puede interferir en las funciones de orientación, forrajeo, detección del entorno y comunicación de los cetáceos y otras especies del ecosistema marino.
Otra práctica peligrosa para los ecosistemas marinos es la pesquería industrial, que, realizada ilegalmente es aún más riesgosa, producto de que es probable que una ballena pueda sufrir un daño por las redes, o sea herida con las hélices de las embarcaciones de pescadores que decidan acorralarla.
Según María José Pérez Álvarez, académica de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE y Centro de Investigación Eutropia, compatibilizar la actividad productiva y la conservación es posible, mediante la identificación de interacciones con mamíferos marinos y el trabajo conjunto entre industria, autoridades sectoriales y academia para reducir la captura incidental de pequeños cetáceos.

Además, la docente agrega que el turismo de avistamiento bien regulado, hecho con planificación y siguiendo los criterios previamente establecidos, (distancias mínimas de aproximación, límite de embarcaciones simultáneas, tiempo máximo de observación y buenas prácticas de navegación) es sostenible al minimizar la perturbación, a la par de ser compatible con el desarrollo económico local y generar conciencia.
Medidas de protección
Según Sapag, “a nivel global, algunas poblaciones se han recuperado tras la moratoria a la caza comercial, pero muchas siguen en peligro y bajo presión por amenazas modernas como colisiones con barcos, enmalles, ruido submarino y cambios en el océano asociados al clima”. Cuenta también que las ballenas en mayor situación de riesgo son la ballena azul y la franca austral, mientras que otra especie como la ballena jorobada están en estado vulnerable.
De todos modos, tanto desde el sector público como privado se ha trabajado en la protección de los cetáceos, muchas veces de manera conjunta. Una iniciativa que ha sido conocida para proteger los ecosistemas marinos que existen en la costa chilena fueron las Áreas Marinas Protegidas (AMP), impulsadas por el Centro de Conservación Cetácea (CCC) en alianza con el Centro Ecoceanos en conjunto con el Ministerio del Medio Ambiente.
Las AMP se subdividen en parques marinos, reservas, santuarios de la naturaleza con ecosistemas marinos y áreas costeras protegidas de múltiples usos. Están bajo la administración del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) y un ejemplo conocido es el Parque Nacional Kawésqar, ubicado en la región de Magallanes, que abarca 2,8 millones de hectáreas, donde conviven cetáceos con bosques milenarios y glaciares.
De acuerdo a Pérez Álvarez, “las AMP son una herramienta indispensable, pero no son una solución única ni suficiente por sí solas. Para las especies migratorias su efectividad depende de complementarlas con medidas de gestión en los corredores marinos que conectan sus áreas críticas a nivel nacional e internacional y en especies que se mantienen en áreas más acotadas específicas de ciertas zonas, la protección local es especialmente efectiva”.
Si bien las áreas protegidas son fundamentales, la investigadora concluye que, en este contexto, no pueden brindar una solución permanente si no están bien ubicadas, no cuentan con una gestión efectiva, ni se articulan con otras medidas que respondan al comportamiento y requerimientos ecológicos de las especies.
Por eso, otra de las líneas de acción, promovidas por el Ministerio del Medio Ambiente ha sido educación ambiental. A través de diversos videos virales, se evidencian cómo, ante el varamiento de ballenas en las playas, algunos turistas y locales se aproximan en exceso, los tocan, emiten ruidos fuertes o se sitúan en zonas de riego —como la cabeza o la cola— donde pueden sufrir lesiones graves. Estas conductas, además de poner en peligro a las personas, incrementan el estrés del animal y agravan su estado.
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