Sustentabilidad

En Chile, el 49,9% declara desperdiciar alimentos al menos una vez por semana, la cifra más alta de la región

La segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos de Cheaf muestra una paradoja para Chile: 93,6% considera relevante el desperdicio de comida y 90,1% reconoce su impacto ambiental, pero 49,9% declara botar alimentos al menos una vez por semana, la cifra más alta entre Chile, Argentina, Colombia y México.

A un año de su primera medición de resultados, Cheaf dio a conocer los resultados de su segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos, una investigación que este año consultó a 4.504 personas en Chile, Argentina, Colombia y México para conocer cómo perciben este problema, cuáles son sus hábitos de compra y consumo y qué soluciones esperan de empresas y autoridades.

El estudio muestra que la preocupación por el desperdicio de alimentos está ampliamente instalada en América Latina: el 91% de las personas encuestadas lo considera un problema al menos relevante y un 19% lo califica como crítico. Sin embargo, esta conciencia no parece traducirse necesariamente en cambios de comportamiento.

Solo un 12% afirma no botar comida nunca, mientras que cerca de cuatro de cada diez personas reconoce hacerlo al menos una vez por semana.

Y es en Chile donde esta contradicción se agudiza. El 93,6% de las personas encuestadas considera que el desperdicio de alimentos es un problema relevante, una de las cifras más altas del estudio, y el 90,1% reconoce que genera un impacto ambiental medio o alto. Sin embargo, el 49,9% declara desperdiciar alimentos al menos una vez por semana, la cifra más alta entre los cuatro países analizados, por sobre México (42,6%), Colombia (34,6%) y Argentina (26,1%).

“Estos resultados muestran una contradicción que debiera hacernos reflexionar. En Chile existe una alta conciencia sobre el problema y sus consecuencias, pero eso todavía no se está traduciendo suficientemente en cambios dentro de los hogares. Sabemos que desperdiciar alimentos tiene un costo económico, social y ambiental, pero necesitamos avanzar desde la preocupación hacia herramientas concretas que hagan más fácil prevenirlo”, sostuvo el gerente general de Cheaf Chile, Natalia Paredes.

A nivel regional, esta brecha también es uno de los principales hallazgos de la investigación. Entre quienes consideran que el desperdicio de alimentos es un problema “crítico o “muy relevante”, cerca de un 40% reconoce desperdiciar comida semanalmente, una cifra prácticamente idéntica a la registrada entre quienes le asignan una menor importancia.

“El desafío que vemos este año es que la conciencia ya no es el problema. Las personas saben que desperdiciar alimentos tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas, pero eso no necesariamente cambia lo que ocurre en la cocina o al momento de comprar. La pregunta ahora es cómo hacemos que la opción de no desperdiciar sea también la opción más fácil”, explica el fundador y CEO de Cheaf, Kim Durand.

Romi

El precio de los alimentos modifica los hábitos

La investigación también revela que el contexto económico está teniendo un impacto directo en la manera en que las personas compran y aprovechan los alimentos. El 54% de los encuestados señala que el alza de los precios de los alimentos fue el principal factor que influyó este año en sus decisiones de compra.

En Chile, esta cifra alcanza el 61,5%, la más alta de los cuatro países, seguida por México, con 59%. En Argentina, en cambio, aparece con mayor fuerza la caída del ingreso o presupuesto del hogar, mientras que Colombia destaca por una mayor influencia de las promociones que incentivan la compra de mayor volumen.

Para Natalia Paredes, este resultado muestra que la discusión sobre desperdicio de alimentos también debe conectarse con una preocupación cada vez más presente para las familias, sobre todo considerando que según cifras del INE el ítem “alimentos y bebidas no alcohólicas” ha tenido un aumento de casi 40% en los últimos años, uno de los más altos en economías estables a nivel mundial.

“Cuando casi seis de cada diez personas en Chile nos dicen que el alza de los precios ha influido en su forma de comprar y aprovechar los alimentos, queda claro que el desperdicio no es solo un problema ambiental. También es un problema para el bolsillo. Cada alimento que termina en la basura representa dinero que una familia gastó y que no pudo aprovechar” sostiene.

El estudio muestra, además, que algunas prácticas habituales de compra pueden contribuir directamente al desperdicio. El 43% de las personas que reconoce que las promociones de varias unidades, como el “2x1”, las llevan a comprar más de lo necesario, también declara desperdiciar alimentos semanalmente, frente a un 36% entre quienes no identifican este tipo de promociones como un gatillante de sobrecompra.

En paralelo, frente a un producto próximo a su fecha, el 37% de los encuestados afirma que lo compraría únicamente si tiene descuento. Los resultados muestran así que existe una disposición importante a utilizar los descuentos como una forma de aprovechar alimentos que todavía están en buenas condiciones para el consumo.

“Ahí hay una oportunidad muy concreta. En un contexto en que las personas buscan ahorrar, rescatar alimentos que todavía pueden consumirse puede generar un beneficio para todos: las familias acceden a productos a precios más convenientes, los comercios recuperan parte del valor de sus excedentes y evitamos que alimentos aptos para el consumo terminen desperdiciados”, agrega Paredes.

Supermercados, en el centro de las expectativas

La encuesta también consultó a las personas sobre quiénes tienen mayor responsabilidad en la reducción del desperdicio de alimentos. A nivel regional, el 74% señaló a los supermercados y grandes cadenas, por sobre los propios hogares, los gobiernos y restaurantes y pequeños comercios.

Chile vuelve a destacar en este indicador. El 78,4% de las personas encuestadas señala a supermercados y grandes cadenas entre los principales responsables de reducir el desperdicio, la cifra más alta de los cuatro países. Esta expectativa contrasta con el nivel de responsabilidad que las personas atribuyen a los propios hogares. Mientras en Colombia y México más de cuatro de cada diez encuestados incluyen a las personas y hogares entre los principales responsables, en Chile esta cifra solo alcanza el 30,6%.

“Los resultados no significan que las personas no tengan un rol que cumplir. Pero sí muestran que existe una expectativa particularmente alta hacia quienes manejan grandes volúmenes de alimentos y tienen capacidad para intervenir antes de que estos se conviertan en desperdicio. El desafío requiere corresponsabilidad, pero también reconocer que no todos los actores tienen las mismas herramientas ni la misma capacidad de generar cambios a escala”, sostiene la gerente general de Cheaf Chile.

La preferencia de las personas también parece inclinarse por soluciones basadas en facilitar la acción. A nivel regional, el 52% considera que se deberían establecer incentivos para donar o rescatar alimentos y un 28% prioriza facilitar la donación a bancos de alimentos y organizaciones sociales. En contraste, solo un 10% menciona las multas a grandes empresas entre las principales medidas que deberían impulsarse.

“Esto es una señal relevante para Chile. Las personas no están pidiendo solamente que se les diga que desperdiciar está mal. Están pidiendo más alternativas, más herramientas e incentivos que permitan aprovechar los alimentos antes de que se pierdan. El desafío ahora es construir las condiciones para que rescatar un alimento sea una decisión fácil, tanto para las personas como para los comercios”, concluye Paredes.

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