Por Bastián DíazMédicos Sin Fronteras advierte sobre los problemas humanitarios y la dificultad para actuar en Cisjordania
La escalada de violencia y las restricciones de movimiento están empeorando las necesidades sanitarias en los territorios palestinos.

Los palestinos continúan teniendo problemas para acceder a asistencia sanitaria básica, en medio de restricciones, inseguridad y violencia. En un contexto marcado por la intensificación de los ataques de los colonos y de las fuerzas armadas israelíes en toda Cisjordania, la capacidad de organizaciones como Médicos Sin Fronteras de responder a las necesidades de los palestinos se ve fuertemente dificultada.
Al respecto, el grupo acusa una crisis de salud física y mental en la población de Hebrón, localidad a 30 kilómetros de Jerusalén en Cisjordania. Ahí, entre ataques reiterados, desplazamientos y restricciones de movimiento, la situación humana se vuelve cada vez más complicada.

Ismail Ibrahim, un paciente de MSF de las afueras de Yatta, en la provincia de Hebrón, cuenta que ha sido agredido tres veces en los últimos meses. “Los colonos me rociaron la cara con gas pimienta mientras trabajaba en un olivar que mi familia llevaba años cultivando”, explicó.
“Dejaron que sus animales pastaran entre los olivos, dañando la tierra, destruyendo y rompiendo los árboles. Cuando llegó la policía, nos dijo que no podíamos hablar con los colonos. La situación empeora cada día”, insiste Ibrahim.
Al menos 77 palestinos han perdido la vida y otros 1.775 han resultado heridos a manos de las fuerzas israelíes y los colonos solo este año en Cisjordania, indica OCHA, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. Esta cifra ya supera la de todo el año 2025.

Desde marzo, entre el 17% y el 38% de las consultas psicológicas de MSF se han debido a actos de violencia intencionada, en comparación con un porcentaje que no superaba el 13% a principios de año. Entre enero y julio, los equipos de MSF realizaron más de 1.930 consultas individuales de salud mental y llevaron a cabo 436 sesiones de terapia de grupo.
En ese mismo periodo, los equipos de MSF en Hebrón recibieron cerca de 170 alertas de incidentes como demoliciones de viviendas, lesiones y ataques al sistema de agua y saneamiento. Los equipos realizaron 27 intervenciones de respuesta rápida que pueden incluir apoyo en salud mental o la donación de artículos esenciales, como colchones y ropa de cama.
Las restricciones de movimiento impuestas en Cisjordania han complicado el trabajo de MSF. “Hemos observado una creciente demanda de nuestros servicios médicos porque la población se enfrenta a condiciones económicas difíciles y no puede permitirse la asistencia sanitaria privada”, explica el doctor Mohammad Haroub, referente médico adjunto de MSF en Hebrón.
“Cada día, no sabemos siquiera si podremos llegar a la clínica. El contexto cambia constantemente”, afirma Elisa Tamimi, responsable de asuntos humanitarios de MSF en Hebrón. “A veces, zonas enteras quedan cerradas durante un día, dos días o incluso una semana. Esto tiene un profundo impacto en la vida de los habitantes de las comunidades. Muchas han perdido sus empleos y no pueden encontrar trabajo”.

La escasez de personal sanitario agrava el problema, dando paso a un sistema de salud colapsado. Tras su ofensiva en Gaza, Israel retuvo miles de millones de dólares de ingresos fiscales destinados a la Autoridad Palestina. Esto ha afectado gravemente al pago del salario de los trabajadores sanitarios, ha provocado que el personal médico trabaje menos horas y, en algunos casos, que las clínicas estén completamente cerradas.
“La escasa disponibilidad de servicios sanitarios, la falta de personal sanitario y de medicamentos en el Ministerio de Sanidad han supuesto una carga adicional”, añade Haroub. “Algunos pacientes nos cuentan que llevan varios días sin medicación”.
Ya llegar a un punto de atención sanitaria se vuelve un problema para los palestinos de Cisjordania. “La vida se ha convertido en una pesada carga debido a los ataques de los colonos. Vivo con miedo constante. Mis familiares apenas duermen. Temen que puedan venir los colonos”, afirma Aisha (el nombre ha sido cambiado por privacidad), una mujer de un pueblo cercano a Yatta que acudió a una clínica de MSF en Khallet Al Mai, situada a solo unos kilómetros de distancia, pero cuyo trayecto se alargó considerablemente debido a la inseguridad y a los desvíos.
Su suegra padece diabetes e hipertensión, pero, según cuenta, “no todos los medicamentos están disponibles” donde vive la familia. Aisha reitera que no piden mucho: “Espero que la vida pueda volver a ser como era antes de la guerra y poder vivir con dignidad. Quiero que la gente pueda salir a la calle sin miedo, que tenga acceso a la asistencia sanitaria, a la educación y a las necesidades básicas”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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