Minería

Cesco: el cambio que la minería no puede comprar

Jorge Cantallopts, director ejecutivo del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO). JUAN CARLOS RECABAL

La minería chilena enfrenta una oportunidad excepcional. La transición energética está elevando la demanda por cobre y Chile conserva recursos, experiencia y proveedores capaces de competir globalmente. Sin embargo, contar con estas ventajas ya no asegura el desarrollo. Para transformar este escenario en nuevos proyectos, mayor producción y crecimiento para el país, la industria también debe revisar cómo toma decisiones, incorpora conocimiento y enfrenta el cambio.

Durante años, la minería construyó su desempeño sobre atributos esenciales como disciplina operacional, control de riesgos y continuidad de los procesos. Son fortalezas que deben preservarse. El problema aparece cuando la prudencia se convierte en inmovilidad, las áreas trabajan de manera aislada o una innovación se considera exitosa por completar un piloto, aunque nunca llegue a la operación.

El estudio Ecosistema Digital en MinerIA, que desarrollamos junto a Deloitte, entrega señales relevantes. Un 47% de las organizaciones consultadas se encuentra en una etapa de madurez digital “en desarrollo”: existen iniciativas estructuradas, pero aún no se integran transversalmente. Mientras el 46% de los proveedores METS se ubica en niveles avanzado o líder, entre las compañías mineras esa proporción alcanza solo un 29%.

La brecha no parece estar en la falta de tecnologías. La principal barrera identificada es la resistencia al cambio, mencionada por el 74% de las mineras y el 69% de los proveedores. A ello se suma la distancia entre las áreas de negocio y tecnología, señalada por el 61% de las compañías mineras. La transformación digital no depende solo de cuánto se invierte, sino de la capacidad de convertir nuevas soluciones en nuevas formas de operar.

Por eso, el cambio cultural que requiere la minería no consiste en reemplazar personas por algoritmos ni en acumular herramientas digitales. Exige liderazgos que conecten la innovación con problemas reales de productividad, seguridad y sostenibilidad; equipos capaces de aprender y corregir; y una gobernanza que permita escalar aquello que demuestra resultados.

Esta discusión también debe salir de los límites de cada empresa. Chile cuenta con proveedores, universidades y centros de investigación que han desarrollado capacidades valiosas, pero la colaboración continúa concentrándose, muchas veces, en pruebas acotadas. Si cada actor protege sus aprendizajes y mide el éxito únicamente desde su organización, será difícil alcanzar la escala que el desafío exige.

La tecnología ya está generando resultados. El 60% de los participantes declara mejoras de productividad y existe un amplio reconocimiento de sus beneficios para la seguridad. El desafío es que esos avances dejen de ser excepciones y se conviertan en capacidades permanentes.

Chile necesita permisos más eficientes, certeza regulatoria, infraestructura y nuevas inversiones. Pero sería un error pensar que todos los obstáculos están fuera de las compañías. También existen barreras internas que debemos reconocer y abordar. Una industria preparada para liderar la próxima era del cobre no será solo la que disponga de mejores tecnologías, sino aquella capaz de aprender más rápido, colaborar mejor y transformar la oportunidad actual en desarrollo de largo plazo.

*Jorge Cantallopts, director ejecutivo de CESCO.

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