Columna de sismología: Venezuela, y el terremoto más grande de los últimos 100 años en el país

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Además de los habituales problemas generados por estos eventos, el sismo provocó pánico y desconfianza, sobre todo por problemas en el manejo de la información.




Este 21 de agosto, Venezuela fue víctima del terremoto más grande en los últimos 100 años en el país. El movimiento se sintió durante muchos segundos y con bastante fuerza en la capital Caracas, Trinidad y Tobago, e incluso en Bogotá, Colombia, a más de 1500 km de distancia. Los reportes originales de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS) hablaron de un terremoto de magnitud 6.3, a una profundidad de apenas 0.1 Km., lo que en un país en el que la mayoría de las construcciones no son sismoresistentes, habría generado un megadesastre. Afortunadamente eso no pasó, aunque sí hubo daños estructurales importantes en varios lugares. A poco andar, las agencias internacionales presentaron sus estimaciones de la localización y magnitud del sismo, basados en las redes de las que disponen. Allí, la historia cambió, y mucho: se hablaba de un sismo de magnitud 7.3 (¡32 veces mayor que un M 6.3!), a unos 120 km de profundidad. Diferencias tremendas que cuando salieron a la luz, hizo que muchos comenzaran a atacar a FUNVISIS, con graves acusaciones incluso de adulteración en la información. Sin embargo, a la luz de lo que se ha ido sabiendo con las horas, la historia es distinta.

Lo primero que debemos saber es que un terremoto de magnitud 6.3, por más superficial que sea, no se va a sentir con fuerza a más de 1000 Km de distancia. Por lo mismo, un terremoto importante, de magnitud mayor a 7, tiene el potencial para sentirse fuerte en muchos lados. Además, como muchas ciudades en la región están levantadas sobre un suelo más bien blando -que amplifica las ondas sísmicas- un sismo así se siente muy poderoso. Lo interesante es que los datos de intensidad del USGS muestran una distribución más bien típica, donde la percepción del terremoto se ajusta bastante bien dentro de los parámetros conocidos para diversos sismos similares en el mundo. Esto es un argumento muy fuerte para hablar de una magnitud 7.3. Además, al ver los videos se puede apreciar cómo el suelo se estuvo moviendo durante casi un minuto, lo que tiene sentido con un terremoto de esa magnitud, pero que además sea profundo.

Sólo en base a estos argumentos se tiene que el terremoto tuvo que haber estado localizado a una profundidad considerable. Y ya que la profundidad del límite de la subducción local está muy cerca de donde se estimó que partió el sismo, seguramente lo que lo produjo fue un movimiento donde la subducción natural entre placas estuvo involucrada. Visto así, sería un sismo extrañamente profundo, pero que no se escapa de los parámetros de lo que una zona activa como la venezolana (que además suele tener sismos de magnitud 6 cada cierto tiempo) puede ofrecer. Uno de los problemas de sacar conclusiones con la primera localización reportada (la superficial) es que el sismo habría ocurrido debido a un choque muy raro entre dos sistemas de fallas. De hecho, eso dio pie a especulaciones que llevaron a la preocupación y al pánico en muchas personas. Esto se acrecentó cuando comenzaron a circular los cálculos de el USGS, o los reportados en IRIS. Allí derechamente varios comenzaron a atacar al FUNVISIS de ocultar información.

Pero todo parece indicar que lo que va pasando en FUNVISIS es más mundano, menos conspiranoico, y bastante feo. Comencemos con lo fundamental: la red sismológica de Venezuela era muy buena. De hecho, fue usada para ayudar a medir bien los parámetros del terremoto de Haití en 2010, y así ayudar a comprender cómo se generó ese terremoto, lo que después resulta ser fundamental para el manejo de emergencias. Una imagen de la localización de las estaciones está aquí:

Equivocarse por tanto en la magnitud de un sismo (y en su profundidad) es algo que puede pasar cuando no hay un ser humano revisando los sismos. La gran mayoría de los servicios sismológicos del mundo tienen un sistema que detecta y localiza automáticamente los sismos. Lo normal es que, cuando un analista revisa los registros, tanto la magnitud como la localización reportada cambian. Además, un sismo con magnitud 0.1 Km a veces se obtiene automáticamente cuando no tienes una buena cobertura de estaciones en torno a donde se generó el terremoto. Entonces, puede ser que los analistas no hayan podido volver rápidamente a revisar los registros. Todo esto se volvió más complejo cuando comenzaron a aparecer reportes periodísticos de "fuentes del FUNVISIS" que mencionaban que la mitad de la red venezolana había sido vandalizada, y que apenas tenían tres estaciones "cerca" de donde ocurrió el terremoto, por lo que les era imposible calcular con detalle. Tristemente, eso hace sentido con informaciones anteriores que ya mencionaban problemas que enfrentaba el FUNVISIS para poder reportar sismos a tiempo, con los parámetros correctos. Fue tras uno de esos eventos, de magnitud 4.5 y ocurrido el año pasado, que un analista planteó algo durísimo: "Me remito al mecanismo de comunicación, porque no tengo cómo saber si hay problemas con el sistema automático o con los instrumentos para hacer las mediciones". Esto plantea un escenario donde las condiciones de los profesionales venezolanos para enfrentar su trabajo están lejos de ser las ideales. Y cuando no se tiene un entendimiento acabado a nivel social sobre el rol que juega un servicio sismológico, esto inevitablemente lleva a que la población desconfíe de sus autoridades al respecto, sobre todo cuando cometen un error, por más involuntario que sea. Esta desconfianza hace mucho daño en situaciones de emergencia. Es totalmente entendible que, en un país con los problemas que tiene Venezuela hoy, el monitoreo sismológico no sea una prioridad. Más aún cuando los terremotos que afectan el país no son de gran magnitud. Pero los indicios de un gran problema en este tema están presentes, y Venezuela debería hacer esfuerzos para hacerse cargo de eso también.

Al no ser un sismo de tanta profundidad, no se generó un tremendo desastre como pudo haber sido. Pero recordemos que los desastres ocurren debido a nuestra falta de preparación frente a un evento. Esta preparación se debe llevar a cabo antes que ocurra un terremoto, e incluye la inversión de dinero en medidas de mitigación, en la fiscalización de las construcciones, así como en la generación de redes de comunicaciones más robustas. Nuevamente, todas cosas que quizás sea mucho pedirle hoy a un país en problemas como Venezuela. Pero son necesarias. Nadie quiere que ocurra algo como lo que pasó en Haití el 2010. Eso sí, no me deja de llamar la atención que no pude encontrar una declaración del presidente Maduro al respecto del terremoto más grande que ocurrió en el país en los últimos 100 años. Y al respecto hay que ser muy claro: como ciudadanos necesitamos confiar en nuestras autoridades. Y en situaciones así, ellos tienen que tomar la batuta, y guiar los esfuerzos de reconstrucción y recuperación.

Si bien en los próximos días y semanas sabremos más de lo que pasó adentro del FUNVISIS, donde parece que hay muchos problemas, lo más importante hoy es pensar en la recuperación de las personas y zonas afectadas. Porque al final un terremoto lo sufren muchas personas, y todo el trabajo que se hace al respecto es para poder evitar que volvamos a sufrir tanto después de uno de ellos.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.

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