La verdadera Lolita

Sally Horner habla con su familia horas después del rescate (Crédito: International News Photos/Cortesía de la autora).

Su nombre era Sally Horner y tenía sólo 11 años cuando un depredador sexual emprendió junto a ella una huida que duró más de un año y medio. Engaños, amenazas y violaciones reiteradas marcaron este caso estadounidense de mediados del siglo XX, el cual inspiró la famosa novela de Vladimir Nabokov y que ahora narra un nuevo libro de investigación escrito por Sarah Weinman.


Sally Horner nunca había robado, pero esa tarde del 13 de junio de 1948 entró a una tienda Woolworth con un sólo objetivo en mente: hurtar una libreta de notas. No quería hacerlo, pero las chicas populares de su curso le habían dicho que si no cumplía esa prueba, jamás la aceptarían en la casta que dominaba la escuela Northeast, en Camden, Nueva Jersey. Le aseguraron que nadie sospecharía de una chica bonita de 11 años como ella, así que Sally llegó al mismo local donde solía comprar dulces y agarró la primera libreta que vio, sin imaginar que ese acto arruinaría su vida.

La niña metió el botín en su bolso y se escabulló con la mirada fija en la salida. Pero justo antes de pasar por la puerta, sintió un fuerte agarrón en el brazo. Era un hombre de rostro severo, marcado por una cicatriz en una mejilla y penetrantes ojos azules. “Soy agente del FBI y estás bajo arresto”, le dijo a Sally y ella empezó a llorar desconsoladamente. Pero él sonrió y le explicó que tenía suerte de que él la hubiera capturado y no otro agente. Si aceptaba reportarse con él cada cierto tiempo, la dejaría ir.

Sally accedió a la exigencia del agente porque así su familia no se enteraría de lo que había pasado. Cinco años antes, su padre alcohólico se había suicidado y su madre, Ella Horner, tuvo que trabajar día y noche como costurera para criarla a ella y a su hermana mayor Susan. El alivio de Sally fue breve porque el hombre la siguió y al día siguiente la interceptó camino a la escuela, donde le informó que el gobierno insistía en que tenía que irse con él a Atlantic City. Ella debía convencer a su madre de que él era el padre de dos amigos del colegio y que la estaba invitando a unas vacaciones en la costa. Él se haría cargo del resto con una llamada.

En la parada, ese mismo día, la niña besó a su madre en la mejilla y subió al bus. “Era la oportunidad de que Sally disfrutara de unas pequeñas vacaciones. Yo no tenía como pagarlas”, recordaría luego Ella Horner. La mujer le confió su hija al hombre que estaba sentado junto a Sally en el bus y que por teléfono se presentó como el señor Warner. Él le había explicado de manera encantadora que él y su esposa tenían “mucho espacio” para Sally en su departamento en la playa. Esa fue la última vez que Ella Horner vería a su hija en casi dos años.

El supuesto viaje a la playa terminaría convirtiéndose en una escabrosa odisea por Estados Unidos, porque el hombre que se llevó a Sally no era agente del FBI ni tampoco se llamaba Warner. En realidad era Frank La Salle, un pedófilo de 53 años que acababa de salir de la cárcel tras cumplir condena por “intimidad forzada” con varias menores de edad. Durante su travesía, La Salle -un mecánico de Filadelfia- se presentó en público como el padre de Sally, la amenazó constantemente con enviarla a la cárcel si huía y la violó en repetidas ocasiones hasta que fue arrestado en marzo de 1950.

Su captura se hizo conocida en todo Estados Unidos, gracias a titulares de prensa como “Rescatada tras dos años de cautiverio” y “Secuestrador arrestado por cargos federales; niña cuenta su historia”. Cinco años después, un autor ruso asentado en Estados Unidos publicó una novela que tenía bastantes similitudes con la historia de Sally Horner. En lugar de La Salle, el protagonista del libro era el profesor de literatura Humbert Humbert; mientras que su hijastra Dolores aparecía en reemplazo de Sally. El relato mostraba cómo el maestro se obsesionaba con esta menor de 12 años, hasta que ambos emprenden un periplo por varios moteles de Estados Unidos. Tras manipularla incesantemente, Humbert termina violando a la niña a la que apodaba Lolita.

Ese sobrenombre es el mismo que le da al título a la obra de Vladimir Nabokov, elegida por la revista Time como una de las 100 mejores novelas de habla inglesa publicadas entre 1923 y 2005. Los nexos entre la obra del autor ruso y el caso de Sally Horner son los que dan vida a un nuevo libro titulado La verdadera Lolita: el rapto de Sally Horner y la novela que escandalizó al mundo, cuya autora Sarah Weinman también narra los meses de terror que la niña pasó al alero de La Salle.

“Cuando Lolita fue publicada, primero fue infame y luego fue famosa, siempre controvertida, siempre un tema de discusión. Ha vendido más de sesenta millones de copias en sus más de sesenta años de vida. Sin embargo, Sally Horner fue olvidada”, escribe Weinman. Pese a eso, afirma la periodista, editora y experta en el género de ficción criminal, su vida “reverberó a través de la cultura y cambió irrevocablemente el curso de la literatura del siglo XX”.

El gran rapto americano

El germen del relato de Nabokov surgió en 1939, cuando él vivía en París y estaba postrado tras un ataque de neuralgia. Originalmente, era un cuento corto escrito en ruso que transcurría en Europa, pero Nabokov odió el resultado y lo destruyó. En 1949, cuando el escritor ya residía en Estados Unidos, otro ataque lo impulsó a resucitar el relato. Sólo le faltaba definir a los protagonistas.

“Un reportero curioso trazó una línea entre la chica real y el personaje ficticio en los sesenta, pero sólo recibió burlas de los Nabokov (el autor y su esposa Vera). Luego, cuando se cumplieron cincuenta años del libro, un estudioso versado en Nabokov exploró el lazo entre Lolita y Sally, mostrando a qué nivel mezcló la historia verdadera con su ficción”, escribe Weinman.

Ese experto fue Alexander Dolinin, un profesor de literatura de la U. de Wisconsin, que en 2005 publicó un ensayo donde señalaba que el caso de Sally parecía “un borrador” para varias escenas de Lolita. De hecho, cuenta que Nabokov guardó varios recortes de prensa sobre el arresto de La Salle y en uno subrayó frases como “un ofensor de la moral de mediana edad” y “esclava arrastrada por el país”. La prueba definitiva de la inspiración de Nabokov está en una escena hacia el final de Lolita, cuando Humbert se pregunta “¿Quizás le había hecho a Dolly, lo que Frank La Salle, un mecánico de cincuenta años, le hizo a la niña de once años Sally Horner en 1948?”.

Al comienzo, lo que La Salle le hizo a Sally pasó inadvertido. El 14 de junio el sujeto arrendó una habitación en una pensión cerca de la playa en Atlantic City y, según el libro de Weinman, les dijo a unos vecinos que estaba divorciado y que “Sally vivía con él durante las vacaciones de verano. Sally se comportaba como si no pasara nada extraño. Se refería a Frank como ‘papi’ y lo trataba con afecto”. Cuando fue rescatada más de un año y medio después, la niña le explicó su conducta a la policía: “Si volvía a casa, si alguien me iba a buscar o me escapaba, iría a prisión. El gobierno le había ordenado retenerme y cuidarme, eso es lo que me dijo”.

La foto del columpio recuperada en Atlantic City, en 1948 (Crédito: AP).

Ella Horner recibió cartas y llamadas telefónicas de la niña durante varias semanas, pero el 31 de julio Sally le escribió que se iban a Baltimore. Le prometió que volvería pronto a casa, pero también confesó: “No quiero volver a escribir”. “Algo despertó en la mente de Ella. Su hermana Susan estaba a días de dar a luz. ¿En realidad Sally habría elegido estar lejos cuando estaba a punto de ser tía? Finalmente entendió la horrible verdad y llamó a la policía”, escribe Weinman.

Agentes de Camden viajaron a la dirección que aparecía en las cartas enviadas desde Atlantic City, pero sólo encontraron dos maletas empacadas y una foto que Ella nunca había visto: Sally sonriendo en un columpio. Nadie supo qué alertó a La Salle, pero la policía activó una búsqueda en ocho estados y la imagen de Sally en el columpio se publicó en numerosos diarios. Fue entonces que la madre de Sally se enteró de la verdad a través de la policía: “El hombre que se hacía llamar ‘señor Warner’ era muy conocido entre los oficiales. Se llamaba Frank La Salle y sólo seis meses antes de raptar a Sally había sido liberado de la cárcel donde estuvo preso por violar a cinco niñas”.

La pequeña Madeleine

Mientras tanto, Sally y su “padre” habían llegado a un departamento en Baltimore. En ese lugar fue donde empezaron las violaciones: “La primera vez fue justo después de que llegamos ahí. Y siguieron desde entonces”, le diría Sally a la policía. La Salle encontró un trabajo e incluso inscribió a la niña en la escuela católica Saint Ann, bajo el nombre de Madeleine LaPlante.

“No sé por qué La Salle inscribió a Sally en escuelas católicas, en Baltimore y otros lugares (…). Sin embargo, sospecho que lo hizo porque eran buenos lugares para esconderse a plena vista. La Iglesia ocultó a generaciones de víctimas abusadas y movía a los sacerdotes pedófilos de parroquia en parroquia porque cubrir sus crímenes protegía su imagen. Quizás La Salle vio las escuelas parroquiales por lo que eran (…), un lugar donde nadie le preguntaría a Sally Horner si algo terrible le pasaba”, asegura Weinman.

Un día de marzo de 1949, La Salle le informó a Sally que se iban de Baltimore. “Le dijo que el FBI le había asignado un nuevo caso que lo obligaba a mudarse al suroeste”, dice el libro. Lo que la niña no sabía era que el cambio de planes se debía a una nueva acusación presentada por el fiscal Mitchell Cohen: en 1948 La Salle había sido acusado de abducción simple, cuya sentencia máxima era de cinco años, pero ese mes de marzo se añadió el rapto, una felonía con fines sexuales cuya pena llegaba a 35 años. “El nuevo cargo lo hizo huir”, escribe la autora.

Ambos llegaron a Dallas en abril de 1949 y vivieron en una casa rodante, mientras Sally iba a otro colegio católico. La Salle se apegó a su historia de que había apartado a la niña “de su caprichosa madre para darle una crianza más estable. Nadie dudó de ellos, al menos al comienzo”. Quien sí sospechó fue Ruth Janish, una vecina y esposa de un vendedor viajero: “Él nunca dejaba a Sally fuera de su vista, excepto cuando estaba en la escuela. Nunca tuvo amigos de su edad. Nunca iba a ningún lugar, sólo se quedaba con La Salle en el tráiler”, diría luego Janish, quien intentó sin éxito que Sally le contara la verdad.

Janish y su marido se mudaron a San José, California, en marzo de 1950, pero ella no se olvidó de Sally e ideó un plan. En una carta, Ruth le contó a La Salle que había trabajo en San José y el hombre preparó una nueva mudanza. Justo antes de dejar Dallas, Sally le confesó a una compañera del colegio lo que su “padre” le había hecho durante más de un año: ella le dijo que eso “estaba mal” y que debía detenerlo. Sally se armó de valor y empezó a oponerse ferozmente ante los nuevos intentos de abuso.

La liberación

En la mañana del 21 de marzo de 1950, La Salle salió a buscar trabajo en San José y Ruth invitó a Sally a su casa. Nuevamente le pidió que le contara la verdad y Sally le dijo que sólo quería irse a casa y hablar con su madre y hermana. La mujer le prestó su teléfono: “Estoy con una señora en California, ¡Por favor! ¡Manden al FBI a buscarme!”, gritó Sally cuando su cuñado atendió en la casa de su hermana.

La policía llevó a la niña a un refugio, mientras algunos oficiales esperaban a La Salle en el parque de casas rodantes. Él se entregó sin resistencia y Sally le dijo al sheriff que el sujeto había “intimado” con ella. “Lo que sea que ella haya hecho, la perdono”, dijo su madre Ella en Camden al enterarse de lo que había ocurrido. Ambas se reunieron en Filadelfia y La Salle fue extraditado a Nueva Jersey, donde fue condenado a 41 años de cárcel.

Pero ese no fue el final de la historia para Sally, porque toda la ciudad de Camden sabía lo que le había pasado: “La miraban como si fuera una ramera”, contó su amiga Carol Starts, refiriéndose a la reacción de sus compañeros cuando Sally regresó a su escuela. En esa época no había consejeros ni grupos de apoyo, por lo que la niña tuvo que lidiar sola con el rechazo social: “Nunca dijo que estuviera triste o deprimida. Pero te podías dar cuenta de que algo andaba mal”, señaló su cuñado.

En 1952, la quinceañera Sally se consiguió un carné falso que decía que tenía 17 años y salió con un hombre de 20: al regresar en auto, ambos chocaron con un camión y ella murió al instante. Su fallecimiento reactivó las historias de su rapto en la prensa, generando varios artículos que terminarían entre los recortes de Nabokov. Al igual que el obsesivo Humbert Humbert, La Salle no se olvidó de Sally y desde la cárcel, donde moriría en 1966, envió flores a su funeral. Su familia se negó a aceptarlas.

Weinman, quien empezó a delinear esta historia en un artículo publicado en 2014, explica que más allá del nexo con Lolita, lo que le atrajo de la historia de Sally es que su rapto “definió su corta vida. Nunca tuvo la oportunidad de crecer, seguir una carrera, casarse, tener hijos, envejecer, ser feliz. Nunca llegó a desarrollar esa feroz inteligencia tan evidente para su mejor amiga que, casi siete décadas después, me habló de Sally como si hubiera sido su mentora. Tras morir, su familia raramente la mencionaba. No hablaban de ella con admiración, piedad o desprecio. Ella sólo era una ausencia”.


 

La verdadera Lolita: el rapto de Sally Horner y la novela que escandalizó al mundo/ Autora: Sarah Weinman/ Editorial: Ecco/ Páginas: 320/ Precio: US$ 18 en Amazon.com.

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