La consecuencia que importa

SEÑOR DIRECTOR:
En su carta de ayer, Francisco Bartolucci defendía la decisión del Presidente electo de no respaldar la eventual postulación de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas, apelando a una supuesta “pura consecuencia”. El concepto, sin embargo, parece entenderse desde una lógica más bien doméstica.
Si de consecuencia se trata, la que históricamente ha distinguido a Chile ha sido su apego al sistema internacional, al multilateralismo y a una política exterior seria y predecible, sostenida por gobiernos de distinto signo político. No ha sido una política identitaria, sino una política de Estado. Así lo entendió el Presidente Sebastián Piñera al respaldar la candidatura de José Miguel Insulza a la Secretaría General de la OEA, privilegiando el interés país por sobre las diferencias ideológicas.
Desde esa misma lógica, apoyar a Michelle Bachelet no constituiría una renuncia valórica, sino un acto elemental de responsabilidad institucional. Su eventual elección como primera mujer y primera chilena en liderar Naciones Unidas sería un hito que fortalecería el prestigio internacional de Chile.
Reducir una decisión de esta magnitud a la tranquilidad ideológica de un sector no es consecuencia, es provincialismo. Y Chile ha avanzado cuando ha sabido pensar más allá de sí mismo.
Alejandra Jiusán M.
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