Jorge Carrión, autor de Contra Amazon: “La historia de las librerías es la de una perpetua reinvención”

El escritor Jorge Carrión.

Tras su aplaudido ensayo Librerías, el escritor español publica un volumen donde critica al gigante digital y hace una defensa del factor humano en las tiendas de textos físicos. En esta entrevista se refiere a la crisis actual y al futuro de los puntos de venta de libros.



Jorge Carrión (1976) bien podría ser un coleccionista de librerías. Durante años viajó por ciudades del mundo y visitó tiendas de libros. Desde París a San Francisco y desde Tokio a Buenos Aires, el escrito levantó una cartografía de las librerías más bellas, más legendarias o con más historia. En 2013 publicó Librerías, ensayo que es también una historia de ellas y de su relación con la literatura. Hoy entrega una secuela, una defensa de las librerías bajo el título Contra Amazon.

El inicio de su nuevo libro se encuentra en un manifiesto del mismo título, publicado en 2017. Entre otros puntos, en esa declaración dice: “El pasado Día del Libro Amazon reveló cuáles son las frases más subrayadas durante estos cinco años de plataforma Kindle. Si lees en su dispositivo, lo saben todo sobre tus lecturas. En qué páginas las abandonas. Cuáles concluyes. A qué ritmo lees. Qué subrayas”. Y agregaba: “Cuando lees un libro en papel la energía y los datos que emites a través de tus ojos y tus dedos son solo tuyos”.

Enamorado de las librerías físicas, Carrión no es precisamente un apocalíptico y no está contra el comercio electrónico. “Pero creo en la resistencia mínima y necesaria. En la preservación de ciertos rituales”, como anotaba en su manifiesto.

Hoy, cuando la emergencia sanitaria ha empujado a los libreros a una nueva crisis, Jorge Carrión subraya el valor cultural de las librerías y su aporte a la comunidad.

¿Cuál es la situación de las librerías en España?

Están en estos momentos todas cerradas. Las cadenas envían libros a casa, la gran mayoría de las librerías independientes no lo hacen, porque no consideran ético el trato que reciben los repartidores, expuestos a la enfermedad. Durante años he dicho que no había que ser alarmistas, que las librerías no estaban ante un peligro inminente de desaparición; pero ahora existe una clara amenaza.

¿Qué dimensiones tiene esta crisis? ¿Podría provocar pérdidas de librerías?

Hay qué ver cuánto dura y cómo será la crisis económica posterior. Porque intuyo que el peligro no está tanto en la supervivencia de las librerías durante los dos o tres meses que puedan permanecer cerradas, sino en el nivel adquisitivo de sus públicos cuando termine la emergencia y empiece la crisis y se acentúe la precariedad de los trabajadores culturales, que conformamos la mayor parte de la masa crítica, de los lectores literarios.

¿De qué modo podrían salvarse las librerías?

Creo que es importante que consigan el apoyo de sus comunidades. Puede ser a través de crowdfunding o, simplemente, mediante la compra de libros por internet, que los clientes y amigos recogerán cuando la librería abra. El problema es que muchas librerías todavía no han hecho el esfuerzo de digitalizarse y de habilitar el comercio electrónico, de modo que carecen de herramientas. Pero siempre se puede llamar por teléfono o hacer una transferencia.

Algunos piensan que esta crisis obligará a las librerías a reinventarse, ¿qué caminos ve?

La historia de las librerías es la de una perpetua reinvención. Como explico en Librerías, las trayectorias de grandes libreras, como Sylvia Beach o Frances Steloff, son las de personas inventivas e innovadoras, que no cesaron de generar actividades y novedades en sus librerías. Es importante recordar esa herencia. Yo diría que en el siglo XXI las librerías no sólo deben estar digitalizadas, ser activas en redes sociales, organizar actos en vivo y en directo y por internet; también deben ser una fiesta. Tener toda la energía humana, toda la vibración sensorial que no encuentras en Amazon.

Usted es crítico de Amazon, dice que no es una librería, ¿por qué?

Me parece bastante obvio que no es una librería. Es un megahipermercado o una empresa gigantesca de logística que en una de sus múltiples secciones vende libros. Ahora la mayor parte de su negocio tiene que ver con la gestión de datos en la nube.

¿Qué rol han jugado las librerías electrónicas en esta crisis? ¿No mantienen vivo el mundo del libro?

El mundo del libro se mantiene vivo en las bibliotecas personales de cada lector, en el teletrabajo de los bibliotecarios y los libreros desde sus casas, en el préstamo de documentos telemáticos, en la lectura en e-book, en las plataformas de audiolibros como Storytel, en muchos ámbitos simultáneos, por suerte. El problema es el dinero que no llega para pagar sueldos o alquileres.

¿El algoritmo podrá reemplazar al librero?

En un artículo reciente para The New York Times sostengo que la biología, el virus, está acelerando la digitalización del mundo. Está claro que con todo el dinero que están ganando Netflix o Amazon en estos días van a poder invertir todavía más en investigación algorítmica. Pero incluso el mejor algoritmo, el más perfecto, no reemplazará al prescriptor cultural humano, al menos a medio plazo. Sí en la Bolsa o en la gestión logística o en el tráfico, pero no en el campo del gusto, del placer estético e intelectual, aunque sin duda será un opción (A o B, según cada cual) muy interesante.

En Chile y otros países, el gremio librero pide apoyo del Estado, a su juicio ¿por qué el Estado debería otorgar ese apoyo?

En primer lugar porque su obligación es apoyar a todos los sectores económicos que puedan estar sufriendo. Pero, sobre todo, porque las librerías son patrimonio cultural, apoyan a la democracia, contribuyen a la alfabetización, comunican valores fundamentales, generan comunidad y... pagan impuestos en los países donde trabajan. Amazon, no.

¿Conoce librerías de Chile?

En la edición de Compactos Anagrama de Librerías dedico varias páginas a las librerías chilenas, que no están en la edición original, porque son fruto del viaje en que fui a presentar el libro. Recuerdo con especial cariño Metales Pesados, donde pude conocer a Pedro Lemebel en persona (nos conocíamos por e-mail, porque incluí una crónica en suya en la antología Mejor que ficción), Qué Leo (donde presenté mi libro) y Ulises Lastarria (una de las librerías más bellas del mundo). En un viaje anterior recorrí todo el país: desde la frontera con Perú hasta la frontera con La Patagonia argentina y comprendí que una de las mejores poesías del mundo se entiende mejor al recorrer sus paisajes, sus bibliotecas y sus librerías. Supongo que para eso viajo.

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