Campesino y popular: a los 92 años muere Efraín Barquero, el último poeta de la Generación del 50

El poeta Efraín Barquero.

El autor de La compañera y creador de una poesía apegada a la tierra, falleció la noche del lunes en su departamento en Providencia, producto de EPOC, enfermedad pulmonar crónica que sufría hace años. Premio Nacional de Literatura 2008, vivía solo en Santiago con una cuidadora. Sus funerales se realizarán mañana miércoles en el Parque del Recuerdo.


Su primer libro apareció con prólogo de Pablo Neruda. Efraín Barquero editó La piedra del pueblo en 1954, abrazado por los elogios del futuro Premio Nobel. Más tarde la historia separaría a ambos autores, pero las palabras de Neruda son precisas para describir la obra y el carácter de Barquero: “Poeta de clase popular, campestre y campesino, pone su devoción en los oficios, en las luchas, en los desamparos del pueblo con la naturalidad y el orgullo de su origen”.

En 50 años de trayectoria, la obra de Barquero se mantuvo inmune a modas y academicismos: su poesía exhibe una coherencia transparente, en sus temas y en su estilo, “desde que era un joven campesino”, como él mismo recordaba.

Nacido en 1928 en Piedra Blanca, Teno, el poeta y Premio Nacional de Literatura murió la noche del lunes, a las 23.00 horas, en su departamento de Antonio Varas, en Providencia. El autor de poemarios como La compañera sufría hace años de EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica que le provocó la muerte, según cuenta Pedro Pablo Guerrero, editor de Ediciones Lastarria.

En alianza con Nascimento, Lastarria publicó el año pasado una nueva edición de El viento de los reinos, poemario de 1967 que Barquero escribió inspirado en su viaje a China entre 1962 y 1964. “Presentamos el libro el 4 de octubre y él se excusó de participar por problemas de salud”, recuerda Pedro Pablo Guerrero.

Tras la muerte de su esposa Elena Cisternas en 2016 y a quien le dedicó su último libro, Escrito está (2017), el poeta vivía solo con una cuidadora. Dos de sus hijos residen en Francia y otra en Estados Unidos, de modo que no podrán viajar al funeral, que se realizará mañana en el Parque del Recuerdo. Los trámites está a cargo de su abogada, Lina Zúñiga.

Autor de una obra vinculada con la tierra, el valor de los ritos, la conexión con los orígenes y los elementos esenciales, Barquero era el último gran poeta de la Generación del 50, aquella que integraron Enrique Lihn, Miguel Arteche, Jorge Teillier y Armando Uribe. “La tierra, la mujer, el niño, el abuelo, la vida natural de la gente de Chile, en especial la gente campesina, quizá la gente de todo el mundo, aparecen en sus versos con el sentido de quien realmente ha sido penetrado en toda su ternura y su senbilidad”, afirmó Manuel Rojas en su Historia breve de la literatura chilena (1964).

“Así es mi compañera./ La he tomado de entre los rostros pobres/ con su pureza de madera sin pintar,/ y sin preguntar por sus padres/porque es joven, y la juventud es eterna,/ sin averiguar donde vive/ porque es sana, y la salud es infinita como el agua,/ y sin saber cuál es su nombre/ porque es bella, y la belleza no ha sido bautizada”, escribe en uno de sus poemas más célebres, parte del volumen La compañera (1956).

Efraín Barquero en China en los años 60.

Apoyado por Pablo Neruda en sus inicios, su viaje a China en 1962 lo distanció del poeta de Canto General. Invitado por el gobierno chino, Barquero enseñó español en Pekín con los cuentos de Manuel Rojas. A su regreso publicó El viento de los reinos. “Muestro a China vista por un extranjero. No me hago el chino. Quiero decir que la veo desde fuera. Ese es el mérito de la obra”, decía sobre el poemario relanzado por Nascimento y Ediciones Lastarria.

Exiliado en Francia tras el golpe militar, regresó a fines de los 90 con el libro La mesa de la tierra. “Para todas las culturas de América, la tierra era la gran mesa. Para las grandes ceremonias se hace la búsqueda del fuego nuevo, el agua prístina, en la tierra. Y esta para mí es como una gran mesa servida, donde entra lo ritual”, decía entonces.

Volvió a Marsella y fue postulado al Premio Nacional de Literatura por sus amigos Naín Nómez y Juan Camilo Lorca. “Nunca he perseguido premios; yo escribo poesía para sobrevivir. Si no tuviera ese asidero que es la poesía, mi vida no tendría sentido”, decía en 2004. Cuatro años después, recibió el galardón, gracias a un jurado que integraba el escritor José Miguel Varas, Premio Nacional 2006.

Gracias a gestiones del sello Lastarria y el profesor Sun Xintang, “El viento de los reinos fue traducido al chino por el prestigioso traductor Zhao Zhenjiang, catedrático de la Universidad de Beijing”, cuenta Pedro Pablo Guerrero. La versión aún está inédita.

“Efraín Barquero, entre los poetas de su generación, fue quien inventó una nueva ternura en relación a la historia, en relación a la tierra”, afirmó Raúl Zurita con motivo de la reedición de El viento de los reinos. “Y su encuentro con China fue fundamental, lo que se ve en este libro maravilloso, rechazado por Alone. El viento de los reinos conquistará su eternidad”, agregó.

“Su obra era valiosa, cercana a la tradición lárica”, dice el poeta y editor Matías Rivas, quien lamenta su muerte. “Es una poesía con una raíz profunda en la historia, en donde los temas que inspiran los versos son trabajados con artesanía. Es una poesía lírica, que conmueve por su relación con el paisaje y por su descripción de la vida esencial”.

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