“Son hermosos ruidos”: Los Prisioneros en el origen del punk chileno

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En los primeros días de carrera de los sanmiguelinos, mientras aún eran liceanos que soñaban con ser músicos, la influencia de agrupaciones como The Clash fue particularmente notable. No solo porque hacían covers suyos, sino porque —según los expertos— es probable que mucha de su impronta social y su desprejuicio desarrollado en su carrera, a la hora de "revolver los estilos", venga desde el punk. Un libro de reciente lanzamiento sitúa al trío de González, Narea y Tapia en los albores del género en Chile como parte de una estética new wave en que todo tenía cabida.


El sudor en las manos. Un leve temblor en las piernas. Los Vinchukas, una banda de adolescentes del Liceo 6 de San Miguel, están por salir a su primera actuación en el salón de actos del colegio, el 14 de agosto de 1982. Con sus guitarras baratas de mala calidad y un bajo hechizo, aguardan el momento que han esperado desde que se conocieron en primero medio, cuatro años antes. Y para causar el mayor impacto han preparado un set de temas propios, enérgicos y bailables, pero también un par de covers de su banda favorita del momento: The Clash.

Según detalla Claudio Narea en su Biografía de una amistad, el conjunto que integraba junto a Miguel Tapia, Jorge González y Álvaro Beltrán, que posteriormente -sin este último- se convirtió en Los Prisioneros, descubrió a la agrupación inglesa durante el verano de 1981.

"Fue un día de marzo. Había estado leyendo sobre ellos en algún suplemento y supe que la radio Concierto transmitiría un especial con su último disco: Sandinista!. Solo había visto algunas fotos de la banda. No sabía qué tipo de música tocaban, pero los imaginaba rockeros".

Por ello, el joven Narea le entregó un cassette a su amigo Rodrigo Beltrán -el mismo que es mencionado en la letra de "¿Quién mató a Marilyn?"- para que le grabara el especial. Cuando escuchó los temas como "The magnificent seven", "The Call Up", y "Hitsville UK", sencillamente alucinó. "Sonaban tan distinto a todo lo que había oído en la vida. Eran geniales: rap, música disco, vals, jazz, reggae, rock y todo con un toque de humor". Tiempo después se hizo de dos LPs de sus ídolos: London Calling, regalo de su padre, y el debut homónimo, gracias a una estricta temporada de ahorro.

"La música de The Clash siempre me pareció adelantada. Marciana. Creo que todavía no le encuentro la vuelta -recuerda Jorge González en conversación con Culto- Yo creo que Sandinista! es el (disco) que más me gusta. Me enseñó a hacer música, porque era muy divertido y muy alegre, eso me gustó. Con muchos ritmos distintos. No solamente música blanca, sino que música de Sudamérica, y eso lo encontré muy atractivo, porque hablaba de nosotros también como algo que valía. Y la verdad es que vale".

Desde ese día, Los Vinchukas comenzaron a integrar temas de los Clash a su repertorio. De allí a que en su debut en el salón del Liceo tocaran como bis sendas versiones de "Clash City Rockers" y "Should I Stay or Should I go", castellanizadas como "Ciudad rockera" y "Me debo ir o quedarme".

En esas tardes de aprendizaje y exploración musical autodidacta, además de crear sus primeros temas, practicaban algunos temas de los británicos. "Cuando nos sentíamos cansados, nos entreteníamos practicando las canciones que más nos gustaban: 'London's burning' y 'White man in Hammersmith Palais' (...). También 'Hanging around' de The Stranglers y 'Blockhead' o 'Whip it' de Devo".

Pero no solo en los covers se aprecia la huella del cuarteto londinense. También en algunas de las primeras canciones, como "King Kong el Mono", uno de los hits liceanos de los Vinchukas, inspirado en "Janie Jones", del álbum debut de los Clash, según el relato del guitarrista.

Lo cierto es que el gusto por la banda de Joe Strummer, fue clave para el desarrollo posterior del grupo. Incluso, es probable que el trío sanmiguelino deba su nombre a una canción de los Clash, llamada, precisamente, "The Prisioner", pues según Narea, era el tema favorito de Miguel Tapia, quien fue el que propuso el nombre con el que forjarían una carrera con discos clave en la historia musical chilena como La voz de los 80' o Pateando piedras.

No nos acompleja revolver los estilos

Pero el gusto de los sanmiguelinos por los Clash, parece que fue todavía más relevante. Para el musicólogo e investigador Jorge Canales, autor del libro Punk chileno 1986-1996: 10 años de autogestión (2019, Editorial Camino), de reciente publicación, Los Vinchukas "son la primera agrupación que dentro de su repertorio tiene canciones de The Clash. En su primera presentación ellos tocan 'Clash City Rockers', la cantaban en español y la cantaba Miguel Tapia".

Pero si hay algo que caracteriza al trabajo de los hombres de Rock the Casbah es la crítica social, tal como se escucha en temas como "Clampdown" o "White riot" ¿cuánto incidió ese foco en las futuras composiciones más sociales de Los Prisioneros?, para Canales, hay algunos puntos en común. "En el punk, y en Los Prisioneros, hay un discurso más social que político. The Clash además se hace cargo de temas regionales. Por ejemplo, en London Calling está 'Spanish Bombs', que habla sobre la Guerra Civil española y posterior a ello viene Sandinista! en que se habla de Allende, de Víctor Jara".

"Los Prisioneros también en su primer disco se hacen cargo de temáticas regionales con 'Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos', en plena guerra fría aún -agrega Canales-. Hay que recordar que en el disco La Cultura de la Basura está 'Jugar a la guerra' que habla contra el militarismo. Además, The Clash se abrió a más estilos, el ska, el reggae, lo que Los Prisioneros también hacen en cierta forma en La voz de los 80', con canciones más ska, etc".

Precisamente, en la promoción del tercer disco del trío, estos vistieron uniformes militares. Para Canales, allí también hay un vínculo. "En La cultura de la basura hay una estética que se coordina en cierta medida con el álbum Combat Rock. Si tú revisas ese disco, ahí los Clash usan bototos, pantalones militares, estas camisas sin cuello, esas boinas estilo militar, etc".

La mezcla de estilos propiciada por los ingleses debido a su apertura a la música que escuchaban de los inmigrantes en las calles y por sus inquietudes personales, es acaso la mayor contribución no solo sobre Los Prisioneros, sino que sobre el movimiento punk chileno. Según Canales ello tiene que ver por la manera en que este estilo llegó al país a comienzos de los 80', con años de desfase respecto a su furiosa explosión en Reino Unido, con la aparición de conjuntos como The Damned, Buzzcocks, Sex Pistols, The Undertones, entre otros.

"Al entrevistar a muchos músicos de los 80', me comentan que la movida era el new wave -detalla Canales-. Y ahí cabía todo: el punk, el postpunk, el rock, el ska. Era una mezcolanza de cosas. Los espacios en que se juntaba la escena eran muy pocos. Estaba por ejemplo, El Trolley, Matucana 19, el Centro Cultural Mapocho, la Casa Constitución, etc. Se trataba de un grupo pequeño. Estos jóvenes no tenían una militancia sonora, lo que sí pasa en los 90' en que uno era trasher, o metalero, o hip hopero, donde se juntaban unos con otros. A mediados de los 80' la juventud escuchaba de todo. Comienzan a llegar hijos de exiliados políticos que traen cassettes, vinilos. Entonces, claro, el punk llega en un contexto en que no se rotaba mucha música en las radios".

El año decisivo

Pero si hay un año clave para el ascenso del punk en Chile, es 1986. Una temporada marcada por el paso del cometa Halley, el descubrimiento de un arsenal de armas en una vieja mina en Carrizal Bajo, el campeonato ganado por el Colo Colo de Arturo Salah y el fallido atentado que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez intentó contra el general Augusto Pinochet.

En ese contexto, Canales sitúa un acontecimiento poco conocido entonces, pero que marca un hito. Una suerte de año cero. "Ahí se produce el primer festival punk en chile, que es organizado por los Pinochet Boys. Esto fue en El Aguilucho en la comuna de Ñuñoa. Fue la primera vez que se congregó un grupo de jóvenes identificados bajo los elementos del punk. Se reconocen en este festival en que participan 4-5 bandas. Los Pinochet Boys ya venían del 84', aunque con participación esporádica. También estaban Los Dadá, los índice de desempleo, etc".

Precisamente, los autores de "Botellas contra el pavimento" son uno de los conjuntos clave de lo que Canales identifica como una primera oleada de punk criollo. "En esta etapa están Pinochet Boys, Dadá, Zapatillas rotas, en que se da una experimentación bien interesante, o sea, estamos hablando de que la primera presentación de Pinochet Boys fue musicalizar una obra de teatro, 'Medea, melodrama pop' de Vicente Ruiz. Por otro los Dadá eran super experimentales, harto ruido, tienen como esa estética".

Este conjunto, tuvo algún vínculo con Los Prisioneros, a partir de la amistad entre sus líderes. "Hubo afinidad entre Jorge González y Miguel Conejeros. Se prestaban instrumentos. La máquina del sampler para hacer el perrito de 'El baile de los que sobran', González la va a buscar cerca del metro Quinta Normal, al domicilio de los Pinochet Boys. Posteriormente en los 90' Conejeros crea la banda Fiat 600, de música electrónica, más menos cuando Jorge también estaba muy interesado en eso. También hizo un disco con la voz de Jorge. Es decir hay afinidad de gustos musicales. De mirar más hacia el futuro que al pasado".

"Puedo decir que uno de los sonidos que nos atraía hacia 1986 era el punk", recuerda Claudio Narea. En su autobiografía recuerda que por esos días escucharon cassettes con música de bandas como Siniestro Total y La Polla Records. Como siempre estuvieron atentos a lo que ocurría a su alrededor, Los Prisioneros se permitieron grabar cinco temas punks bajo el alias de Los Apestosos, gracias a que el ingeniero de sonido Caco Lyon los escuchó tocar esas canciones y les regaló horas de estudio para su registro. En el compilado Ni por la Razón, Ni por la Fuerza se puede escuchar algunos como "Policías y ladrones", "King Kong el Mono" -con su introducción a lo "Anarchy in the UK"- e "Invitado de honor". A estos se suman otros anteriores como "Generación de mierda" y "Dejen respirar".

A pesar de que hacia finales de los 80', las rencillas internas y los intereses de González van a alejar a Los Prisioneros del punk para llevarlos hasta el radical cambio de sonido y de estética para Corazones, fue en la década siguiente cuando el punk en Chile se asienta en la audiencia e incluso a nivel de industria.

"La segunda ola se da con Kaos, Anarkía, Ocho Bolas, que son los primeros que entran a un estudio de grabación -detalla Canales-. Se preocupan del diseño de una carátula para que circulen las grabaciones en un circuito. En el 89' todos ellos firman en Estudios Rec. Es un momento diferente. Ya hablamos de un punk de tres minutos con guitarra, bajo y batería. En los 90' quedan algunas agrupaciones. Nacen Los peores de Chile, que vienen de Fiskales ad-hoc, quienes ya graban su primer disco. Aparece Claudio Gutiérrez en Alerce, firman con Los Miserables para su primer disco, distribuyen a Los Fiskales y firman con Los BBs Paranoicos. Se meten las multinacionales también. Entonces ya aparece como un movimiento más consolidado".

Editado por Camino, la segunda edición de Punk chileno 1986-1996: 10 años de autogestión ya está disponible. Incluye un CD con 13 canciones de bandas de la época: Fiskales Ad hok, Vadca, La Floripondio, Vino y muerte, Entrekalles, Raja Pela, Los Peores de Chile, Vida y muerte, Macha Muerta, Los Revoltosos, Insuficiencia Radial, Políticos muertos y Anarkia.

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