Boy Pablo, la estrella chileno-noruega que lanzó su disco contagiado de Covid: “Fue especial”

Si hace tres años se convirtió en fenómeno viral gracias a YouTube, esta vez la crisis sanitaria lo tocó de vuelta para transformarlo a él mismo en un hombre viral. En ese contexto, Nicolás Muñoz editó el primer álbum de su grupo, el que ha cosechado aplausos por parte de la crítica, en un triunfo que agradece a sus padres. Los mismos que llegaron a Noruega en 1988 para ganarse la vida vendiendo botellas. Ve aquí un video completo con su entrevista.



Ley de Murphy aplicada a la música. Llevas más de un año preparando el disco debut de tu banda, luego de un éxito viral en YouTube, varios singles que te entregaron reputación global y shows en dos de los festivales mayúsculos de la temporada (Coachella y Lollapalooza), cuando irrumpe la peor pandemia del último siglo y algo más: “Tuve Covid-19. Me contagié del virus. Pero ahora estoy bien”.

Nicolás Pablo Muñoz Rivera (21) es desde 2015 el líder y cantante de Boy Pablo, sensación efervescente de la escena indie internacional que el 23 de octubre editó “Wachito rico”, álbum en general recibido con aplausos por parte de la crítica –la legendaria revista inglesa NME lo calificó como un “magnífico debut con mucha amplitud musical”- y que confirma el gusto del grupo por los sintetizadores vibrantes, las guitarras de inspiración playera y una naturaleza juvenil reproducida tanto en sus letras como en sus fotografías de promoción.

Es la última parada de una carrera breve pero que tuvo su primer flash de gloria en 2017, cuando el video de uno de sus sencillos, “Everytime” –grabado a orillas de un lago y con ropa de fin de semana-, fue usado por YouTube para probar un nuevo algoritmo de recomendaciones, lo que hizo que las visitas se multiplicaran hasta lo absurdo en un par de días. Hoy acumula 34 millones de visualizaciones.

Pero si hace tres años las redes digitales lo catapultaron hacia el mundo externo como suceso viral, hace un par de semanas otro virus funcionó de vuelta para enclaustrarlo entre cuatro paredes.

“He estado aislado desde el 14 de octubre, así que cuando salió mi álbum estaba solito. Fue especial eso. Mi hermano se contagió primero y él me debe haber contagiado a mi. Me encerré totalmente, aunque agradezco que no me haya pasado nada grave”, agrega al observar el cruce de casualidades de sus últimos días, en conversación con Culto desde el departamento donde ha resistido la enfermedad en su natal Bergen, Noruega, uno de los lugares más fríos del planeta.

Porque si se trata de circunstancias distintivas entrelazadas en su biografía, hay otras mucho más fundamentales que el Covid-19 arruinándole un lanzamiento.

Muñoz es hijo de padres chilenos, quienes llegaron en 1988 al país nórdico tras perder su trabajo como profesores en Santiago.

“No lograron encontrar trabajo en Chile después de la dictadura. Entonces no tenían nada, no tenían dinero. Tenían a mi hermano y mi hermana mayor. Eran prácticamente pobres. Y se abrió la oportunidad de irse y ellos eligieron Noruega porque mi papi tenía un amigo que venía para acá. Yo estoy muy agradecido de mis padres, lo único que ellos pensaron fue darnos una vida mejor para nosotros”.

Eso sí, según relata el músico (el menor de cuatro hermanos), en los primeros años en Europa sus progenitores debieron olvidarse de su antigua labor en las aulas.

“Acá no trabajaron de eso. En Noruega tenemos un sistema muy bueno de botellas: yo me compro botellas de bebidas y eso se puede entregar al supermercado y te dan dinero. Ellos andaban por todo el centro, por todas las calles, juntando botellas y así ganaban un poco de dinero. O sea, por una botella te daban una corona, como ochenta pesos más menos. Andaban todo el día juntando botellas y ganaban como cinco mil pesos; es poco dinero, porque Noruega es caro, pero era lo que tenían”, cuenta en un fluido español de evidente inflexión chilena.

Quizás por ese mismo pasado complejo, Muñoz siente que precisamente su fulminante éxito musical es una forma de ajustar deudas con su familia.

“He sido afortunado con todo esto de Boy Pablo. Estoy viviendo de la música, este es mi trabajo, por lo que puedo ayudar a mis papis que no ganan mucho dinero ahora. Mi papá se pensionó. Mi mami empezó a trabajar como hace cinco años como profe de español. Terminó su carrera aquí en Noruega y ahora yo los puedo ayudar a ellos con su economía”.

El show de su vida

Un camino que empezó cuando en su adolescencia ingresó a un High School especializado en música, donde no sólo aprendió a tocar piano, juntarse con amigos a improvisar o fascinarse con la idea de “disco conceptual” que le presentó una profesora al hablarle del “Sgt. Pepper’s” de The Beatles; sus maestros y compañeros, al saber de sus raíces chilenas, le pedían que interpretara alguna cancioncita de su segunda patria en los actos escolares.

“Tenía una asignatura que era música étnica y ahí me decían ‘oye Nico, ¿puedes tocar una canción chilena en la próxima clase?’. Toqué una, pero no era muy chilena. O sea, es chilena, pero no es típica musicalmente: toqué ‘Si vas para Chile’”.

El músico hace un par de años con la camiseta que la Selección chilena vistió en el Mundial de Francia 98.

Pero a “Nico” no le interesaba ese vals tradicional perpetuado como engolada melodía patria por Los Huasos Quincheros y Los Cuatro Cuartos. Ni siquiera lo conocía demasiado.

Lo suyo más bien se inclinaba por esa ola de músicos de los 2010 amantes tanto de las melodías taciturnas de la psicodelia como del enfoque desaliñado del sonido lo-fi, con estandartes como Tame Impala, Vampire Weekend o Mac DeMarco, la más frecuente comparación que se le hace.

Con una guía de ruta ya propia, a los 16 años formó Boy Pablo junto a otros cuatro compañeros del colegio –aunque los temas son todos de su autoría y producción- y la incipiente trayectoria se disparó como un émbolo: las grabaciones en la pieza de su casa, los videos, un par de presentaciones en Noruega, dos EPs (“Roy Pablo” de 2017 y “Soy Pablo” de 2018), el clip de los millones en la web y el salto al resto del mundo.

Y también el minuto de tocar en la tierra de su familia. Su propio “Si vas para Chile”.

Aunque ya había estado en el país de vacaciones, el 16 de noviembre del año pasado tuvo su primer show en Santiago, en el centro de eventos Blondie y en una ciudad aún de la furia por el estallido social del mes anterior.

“Es el contraste más grande que he visto entre Noruega y Chile. En Noruega nunca se hubiera dado eso de la protesta, pero fue surrealista porque nunca pensé que Chile iba a llegar a ese punto de tanto enojo del pueblo. Pero lo encontré muy bueno, ahora se ve el cambio. Las calles eran un caos cuando fuimos y no había ninguna persona, entonces cuando estábamos afuera en Blondie pensé: ¿quién vendrá al concierto hoy?”.

Finalmente el show se repletó, con mucha de la familia chilena del músico observando desde la audiencia, por lo que cuando todo terminó ni él ni el resto de su conjunto lo dudaron: “Hasta mis compañeros, que no tienen ninguna conexión con Chile, me han dicho que ese fue el mejor concierto que hemos hecho”.

Wachito

La conexión chilena ha seguido presente a través del título de su nuevo trabajo, “Wachito rico”, el que ha debido explicar una y otra vez a la prensa anglo, aunque algunas revistas lo traducen elegantemente como “chico guapo”. Él sabe que la interpretación es correcta, pero adolece del deseo y picardía con que ese elogio se suelta en la vida real.

“Lo escuché en Chile cuando era chico. Y ahora un fan en Instagram me escribió ‘oh, qué wachito rico’ en una foto que publiqué y fue súper chistoso. Ahí me recordé de la palabra. Yo quería tener un personaje para este álbum y para los videos, así que sonó muy bien”.

De hecho, las nueve canciones de la producción se enlazan como una historia de amor juvenil protagonizada precisamente por el personaje de Wachito rico.

Y con letras donde también brotan chilenismos, la voz de su padre, pasajes melancólicos interpretados en español, ritmos contagiosos con hambre de verano y hasta melodías muy reconocibles por estos lados, como la parte central del hit noventero “Muchacha triste”, de Los Fantasmas del Caribe, latiendo a través de su tema Mustache (ese que decía Era tan linda/ más linda que una estrella/ Sus ojos bellos/ mi corazón aún cautivan).

Según él, jamás había oído ese éxito tropical al componer su canción. Puede que la explicación esté en otro lado: sus padres siempre escucharon música latina. A lo mejor, en algún momento de su niñez, “Muchacha triste” sonó en su hogar y quedó adormecida en sus recuerdos hasta hoy, cuando resuena como eco de su intrínseco lazo con el sur del mundo.

*Puedes ver el video con esta entrevista completa en el capítulo de este lunes, a las 17.30 horas, del programa Sesiones íntimas de Culto que se emite por la web y el Facebook de Culto y La Tercera.

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