La historia de los directores que darán vida a la serie de Netflix inspirada en el caso Haeger

Tanto Claudia Huaiquimilla como Gaspar Antillo tienen una película estrenada, han sido premiados en festivales y han colaborado con músicos locales. La autora de Mala junta prepara su segundo largometraje –sobre dos adolescentes del Sename– y el cineasta detrás de Nadie Sabe que Estoy Aquí es uno de los principales nombres del staff de directores de Fábula, la compañía que hará la primera ficción seriada de la plataforma en el país, 42 Días en la Oscuridad.



El derrotero del último año y medio de Claudia Huaiquimilla (33) y Gaspar Antillo (37) ha estado marcado por los remezones de la contingencia. A fines de 2019, la directora filmó su segundo largometraje al calor de la agitación del país tras el estallido social. Mis hermanos sueñan despiertos, como se titula la sucesora de su ópera prima (Mala junta, 2016), aborda una historia de urgencia y alto voltaje dramático: el momento crucial que encaran dos hermanos en un centro del Sename al participar en una rebelión interna.

Antillo esperaba estrenar durante 2020 en salas de Chile –y en Netflix en el resto del mundo– su primera película, Nadie sabe que estoy aquí. La pandemia sacó al filme producido por Fábula de esa vía y terminó debutando en la plataforma de streaming globalmente el 24 de junio. Incluso su estreno mundial en certámenes se vio sacudido por la crisis sanitaria, porque la cinta fue seleccionada en el Festival de Tribeca que se desarrolló en modo virtual en abril del año pasado, donde se alzó con el premio de la competencia Nuevas Narrativas.

Las trayectorias de ambos realizadores colisionan en 42 días en la oscuridad, la primera serie de Netflix en Chile y el primer acercamiento desde la ficción al caso Haeger, como adelantó Culto este domingo. Con su confirmación como directores de la historia producida por Fábula, también se marca otro hito: es la primera serie chilena que llegará a todo el mundo únicamente con cineastas nacionales a cargo del proyecto.

Huaiquimilla en Guadalajara Construye en marzo de 2016. Foto © Michel Amado.

En el caso de Huaiquimilla, egresada de Dirección Audiovisual en la Universidad Católica, su camino arrancó con el cortometraje San Juan, la noche más larga (2012), una inmersión en territorio mapuche a través de la mirada de un niño con una compleja figura paterna.

El corto le reportó múltiples galardones en festivales como Valdivia, Sanfic, Femcine y Clermont Ferrand, en Francia, pero sobre todo dio las primeras señales de que en su cine había una voz propia. De padre mapuche, la directora y guionista volvió a Wallmapu para filmar su primer largometraje, Mala junta, sobre dos adolescentes estigmatizados que terminan cultivando una amistad. Un título que pronto se transformaría en una de las óperas primeras más elogiadas y premiadas del cine chileno de los 2010, estatus que reconfirmó gracias a su llegada a Ondamedia y luego a Amazon Prime Video.

Su preferencia por el retrato de “los niños terribles”, como la propia realizadora ha bautizado, continuará en Mis hermanos sueñan despiertos. Grabada en centros del Sename y con Paulina García en el elenco, la cinta sigue la historia de Ángel (16) y Franco (14), dos hermanos que, mientras esperan que judicialmente se resuelva el destino de uno de ellos, encuentran una salida cuando al interior se organiza un motín (el título original del filme).

Al anunciar 42 días en la oscuridad, Carolina Leconte, directora de series originales de Netflix para Latinoamérica, se detuvo en el “punto de vista humano e íntimo de los directores”, un atributo presente en los principales elogios que han recibido los cineastas en sus ascendentes carreras.

Huaiquimilla, quien escribe los capítulos junto a Rodrigo Fluxá –el primero en acercarse a Fábula con la idea de hacer una serie inspirada en el caso Haeger–, señaló a Culto que “el trabajo de guión se ha centrado en dejar de lado el morbo y dar cuenta de la difícil búsqueda de la verdad cuando las instituciones que deberían ayudar y proteger se transforman en el mayor obstáculo”.

Aunque no está disponible en internet, el primer cortometraje de Antillo, Mala cara (2015), entrega algunas luces de ese tipo de vocación del director. En menos de diez minutos y a través de un plano secuencia, capturó los últimos instantes de una pareja acabando con su relación en un muelle.

Antillo en el set de Nadie sabe que estoy aquí.

Ha hecho decenas de comerciales en Fábula (es parte clave del staff de la productora), pero ese título es el antecedente de ficción más cercano del realizador antes de llegar a Nadie sabe que estoy aquí, su mirada sobre el presente de un joven talento engañado por sus cercanos cuando era un niño con una gran voz. Económico en líneas de dialogo y elegante en el despliegue de las emociones del relato, el director y guionista egresado de la Escuela de Cine de Chile exploró la figura de Memo (Jorge García), un hombre recluido en una isla del sur que de golpe se enfrenta al tormento de su pasado.

En la banda sonora de esa película se asoció con Carlos Cabezas, logrando una colaboración aplaudida y distinguida en las nominaciones a los Premios Pulsar reveladas esta semana, donde postula a Mejor música para audiovisuales y Canción del año, por Out of sight (Nobody knows I’m here), el tema principal del filme. Con el músico mantiene un vínculo particularmente estrecho, porque lo dirigió en la miniserie musical TransMisiva, grabada al inicio de la pandemia. Por cierto, si Antillo tiene como aliado al líder de Electrodomésticos, Huaiquimilla en el último tiempo ha realizado varios videoclips de la cantante Denise Rosenthal.

Proyectos paralelos que quedan en pausa ahora que la dupla de cineastas se alista para iniciar el rodaje de 42 días en la oscuridad, la serie sobre Cecilia (Claudia Di Girolamo) y Verónica (Aline Kuppenheim), y la carrera a contrarreloj que emprende la segunda cuando su hermana desaparece. Una historia a la que se acercan con un foco claro: “Es importante establecer que la violencia de género es un problema estructural que compete a toda la sociedad y es evitable”, afirmó la autora de Mala junta. “En cada línea de guión y decisión que hemos tomado, hemos procurado trabajar con esa perspectiva”.

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