Mark Twain y su lado progresista: contra el racismo, la xenofobia y a favor del voto femenino

Acaba de ser publicado en Chile el volumen Oración de la guerra, vía Alquimia Ediciones, que compila ensayos y conferencias del autor estadounidense más conocido por sus novelas Las aventuras de Tom Sawyer y El príncipe y el mendigo. Entre sus textos, criticó la violencia contra los ciudadanos asiáticos, los linchamientos a los afroamericanos y predijo -casi exactamente- cuándo las mujeres podrían votar. Hoy se cumplen 111 años de su muerte.



Con el instinto desarrollado que le habían dado sus años trabajando en periódicos, a Mark Twain no le fue indiferente la noticia. Y, con su siempre ágil pluma decidió comentar el hecho para la revista Galaxy. Era 1870 habían pasado solo cinco años desde el fin de la Guerra civil de Secesión, pero el triunfo de la Unión no había eliminado el racismo de la sociedad estadounidense.

En su artículo, Twain comentó que un joven de San Francisco, “bien vestido”, apedreó a un chino, por lo cual fue detenido. En su estilo, comentó: “Es así [como el joven] ha descubierto que ningún chino tiene los derechos que todos deben respetar, que el sufrimiento de los chinos no causa pesar en la sociedad, que sus vidas y su libertad no valen ni un centavo si algún hombre blanco necesita un chivo expiatorio, que nadie quiere a los chinos, que nadie es su amigo, que nadie le ahorra sufrimiento cuando es conveniente infligirle sufrimiento; que todo el mundo -individuos, comunidades, e incluso el Estado soberano- se unen en el odio, el abuso y la persecución de esos extranjeros humildes”.

Incluso, el también escritor, critica que “una de las principales diversiones de la policía” en esos años, era hacer vista gorda. “Observar y disfrutar tranquilamente del espectáculo de los carniceros de la calle Brannan lanzando a sus perros contra un chino pacífico que debía correr para salvar su vida”. Así, el caso del muchacho fue algo así como una excepción.

El comentario de Twain, a pesar de la enorme brecha de 151 años, no pasa desapercibido en tiempos donde la violencia y las agresiones contra ciudadanos asiáticos en Estados Unidos se han disparado por la pandemia del coronavirus, lo que ha causado una ola de xenofobia contra las personas originarias de ese continente.

Linchamientos sin ley

Más conocido por su faceta como novelista, con los títulos Las aventuras de Tom Sawyer (1876), El príncipe y el mendigo (1881) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1885), Mark Twain, nacido en Misuri, en 1835, también desarrolló una importante labor como ensayista y periodista. Trabajó en periódicos de su ciudad natal, como el Hannibal Journal, y luego en el Territorial Enterprise, de Virginia, entre otros.

Todo ese material de no ficción acaba de aparecer en nuestro país recopilado en el volumen Oración de la guerra, vía Alquimia Ediciones, con traducción, prólogo y notas de Felipe Reyes, y la edición general de Guido Arroyo. Ya está disponible en las librerías nacionales.

En el libro, podemos encontrar acabadas opiniones de Twain contra el racismo hacia los afroamericanos, aún muy presente tras el fin de la guerra civil, y que aún sigue en boga en días donde la frase Black lives matter se sigue viralizando, y la reciente declaración como culpable que un jurado de Minneapolis hizo del agente Derek Chavin por el crimen contra George Floyd.

Por ejemplo, en el ensayo Los Estados Unidos del linchamiento, Twain se pronuncia contrario a la práctica que existía en los estados del sur de colgar a los afroamericanos sin un juicio previo y al margen de cualquier legalidad. Esto, a partir de la noticia de que en Missouri (un ex estado miembro de la Confederación) tres afroamericanos (dos de ellos, ancianos) fueron linchados, cinco hogares familiares fueron incendiados y otros 30 hombres, mujeres y niños fueron expulsados a un bosque, por la muerte de una mujer blanca asesinada....sin conocerse a los responsables.

“¿Por qué, en diversas partes del país, el linchamiento se ha convertido en uno de los reguladores favoritos en los casos de ‘crimen común’? ¿Será porque los hombres creen que un castigo exagerado y terrible es una lección más dramática y efectiva que un ahorcamiento sobrio y opaco, ejecutado discretamente en una prisión? Sin duda los hombres cuerdos no piensan así”, dice Twain.

“La práctica del linchamiento ha llegado a Colorado, a California, a Indiana...¡y ahora a Missouri! Es probable que llegue a ver cómo queman a un negro en Union Square, Nueva York, ante cincuenta mil personas y sin ningún oficial de la justicia a la vista, ni tampoco un gobernador, un alguacil, un coronel, un sacerdote o un representante de la ley o el orden”, añade.

“En 25 años tendrán el voto”

Twain además fue un adelantado en temas de derechos cívicos para las mujeres, ya que se mostró partidario de que obtuvieran el derecho a voto. De hecho, hacia el final de su vida, en 1901, dio una conferencia en la reunión anual de la Escuela Técnica Hebrea para Niñas donde desarrolló el punto.

“Por veinticinco años he sido un hombre a favor de los derechos de la mujer. Siempre he creído, mucho antes que mi madre muriera que, con su cabello gris e intelecto admirable, sabía de la importancia del voto”, dice Twain en la conferencia.

“Me gustaría ver el momento cuando las mujeres participen en la creación de las leyes. Me gustaría ver ese latigazo, la papeleta electoral en sus manos”, añade.

Incluso, se arriesgó con una predicción: “Si voy a vivir veinticinco años más -y no hay razón por qué no debiera- creo que voy a llegar a ver a las mujeres sosteniendo una papeleta”.

Curiosamente, Twain no estuvo tan lejos de su predicción. El sufragio femenino fue aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en 1919, y ratificado por todos los estados al año siguiente. 30 años antes que en Chile, donde recién en 1949 las mujeres quedaron habilitadas para votar en las elecciones presidenciales y parlamentarias (aunque ya podían hacerlo en las municipales, en 1934).

Como una ironía del destino, Mark Twain no alcanzó a ver sufragar a las mujeres, pues falleció el 21 de abril de 1920, en Connecticut, producto de un infarto.

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