El origen histórico de los misteriosos túneles subterráneos que cruzan Limache

El origen histórico de los misteriosos túneles subterráneos que cruzan Limache Foto: cortesía de Fernando Venegas Espinoza

A propósito de la reciente desaparición de una adulta mayor, se ha relevado la historia de unos túneles subterráneos que cruzan la ciudad de la región de Valparaíso. Un historiador que los ha investigado detalla a Culto las claves de su historia, desde su origen como canales de regadíos, en los tiempos coloniales, hasta que la presión por el crecimiento de las quintas alrededor de la estación ferroviaria fue clave en abovedarla, primero con cal, luego con cemento. Esta es la historia.


Fue la lamentable desaparición de una adulta mayor, María Elcira Contreras, durante la celebración del Día de la Madre, lo que sacó a colación un antiguo patrimonio presente en la apacible ciudad de Limache. Se trata de unos túneles subterráneos que cruzan parte de la ciudad. Un testimonio de los años en que la zona era una zona agrícola que comenzó a expandirse hacia mediados del siglo XIX, gracias al boom de la actividad comercial jalonado por el crecimiento de Valparaíso y la llegada del Ferrocarril a la zona.

Entre 2021 y 2022, el doctor en Historia, Fernando Venegas Espinoza, lideró una investigación de un equipo interdisciplinario que estudió los túneles y que fue publicada por la Universidad de Concepción. Allí pudo trazar parte de su historia que da cuenta del proceso de modernización que atravesó el país; desde su estructura tradicional, anclado en el Chile colonial, hasta los días en que adoptó el capitalismo moderno.

Foto: cortesía de Fernando Venegas Espinoza

Según Venegas, los túneles en cuestión en realidad eran canales de regadío. Es decir, bien puede decirse que son una suerte de acueductos, como los que se ven en otras ciudades del mundo. “Los túneles datan del siglo XVIII, se construyeron para llevar agua desde el estero de Limache hasta la Hacienda, la llamada Hacienda de Limache”, cuenta al teléfono con Culto. Junto a la antigua Villa Alegre de Limache, fundada en 1828, esta hacienda fue parte del núcleo que originó la actual ciudad que lleva el mismo nombre.

Un momento clave fue la llegada del Ferrocarril, a mediados del siglo XIX. “El tren a Santiago originalmente pasaba por Concón, después cambiaron el trazado y pasó por Limache -explica Fernando Venegas-. El trazado pasaba por la hacienda de Ramón de la Cerda, quien donó las tierras para que se construyera la estación ferroviaria. Pero además de eso, en 1856, De la Cerda en sociedad con un ingeniero español, Ricardo Caruana, trazaron un nueva población a las puertas de la estación ferroviaria, llamada ‘San Francisco’, sobre una hijuela de lo que había sido la hacienda de Limache”.

Ese nuevo pueblo, San Francisco, fue una suerte de proyecto inmobiliario de la época. Nada raro considerando el auge del puerto principal, gracias al auge del entrepot y la intensa actividad comercial. “Ese pueblo lo vendieron en Valparaíso, lo ofertaban con un plano y tú ibas comprando las quintas -explica Venegas-. Así llegaron muchos porteños, mucho empresario portuario, muy pocos santiaguinos, sobre todo en esa época, cuando Valparaíso era el epicentro de la burguesía chilena. Esa gente estaba medio aburrida del movimiento en Valparaíso, se va al interior y hacen estas quintas, muchas de ellas con construcciones fabulosas, verdaderos palacios con jardines. Además tenían una función productiva porque varias tenían viñedos. Muchas de esas colapsaron con el terremoto de 1906”.

Un túnel bajo tierra en Limache

Pero los nuevos propietarios de las quintas pronto se encontraron con un problema, que parece casi sacado de nuestros días. “La población esta de San Francisco va creciendo. A los propietarios les empieza a molestar este canal de regadío. Les molesta porque la gente echa basura, porque de alguna forma se transforma como una suerte de cloaca, entonces ahí deciden hablar con el hacendado, porque el pueblo quedó entre el canal y la hacienda”, añade el historiador.

El nuevo hacendado, era Tomas Eastman Quiroga. “Es hermano de Adolfo Eastman, casado con la hija de José Tomás Urmeneta (NdR: una de las mayores fortuna de la época, propietario del mineral de Tamaya, del ferrocarril de Tongoy y de la empresa de Gas de Santiago), y emparentado con Edwards Eastman, el antiguo dueño de El Mercurio”, detalla Fernando Venegas. Fue además alcalde de Valparaíso, además de diputado por Limache en el Congreso.

Tomás Eastman Quiroga

Regresando al siglo XIX, los dueños de quintas pudieron tratar con Eastman. “En la época había un derecho de servidumbre de paso, por lo que no podían clausurar el canal, además, este permitía evacuar las aguas lluvia. Ahí tratan con Eastman y llegan a un acuerdo de abovedar al canal. Pero no se hizo de manera completa, sino que se fue haciendo por tramo. El dueño de una quinta pedia abovedar, entonces el hacendado ponía el ladrillo y la cal al principio, después va a ser cemento, y el propietario de la quinta ponía la mano de obra. Eastman Quiroga además era ingeniero, por lo que él puso el diseño”.

Así se iniciaron la obras. “En el conservador de bienes raíces yo encontré los contratos -apunta Venegas-. El primer contrato es del año 1884, donde también hay un par de contratos de ese año, luego hay unos que son de 1918, y después hay uno de 1929. Pero gran parte de la construcción es media silenciosa, porque hay tramos que eran del hacendado propiamente tal, y por lo tanto, que no firmó un contrato con nadie. Hay otras partes que pasaban por la ciudad, en donde sí, efectivamente, firmaron estos contratos”.

Asimismo, los canales también tuvieron otra función. “Antes que llegara el alcantarillado a Limache también se utilizaron como cloacas. En los contratos, sale que se autoriza ese uso. Pero lo interesante es que el propietario tenía la obligación de limpiar por donde pasaba el canal, debido a la servidumbre de paso. Y si no lo limpiaba, el hacendado lo hacía y le cobraba. Por eso que estos canales cada ciertos tramos tienen como respiradero”.

Foto: cortesía de Fernando Venegas Espinoza

La investigación de Fernando Venegas también permitió estimar la extensión del canal. “En toda su extensión desde principio a fin, tiene como cinco o seis kilómetros, pero de todo eso, debe ser como un kilómetro que está abovedado”.

Hoy hay una entrada para acceder a los túneles. “Había una entrada por la casa Eastman, que era la casa de la hacienda que compró la Municipalidad de Limache. Revisando, se dieron cuenta que estaban estos accesos y que no correspondía al alcantarillado. Por esa casona se puede entrar, ahí es uno de los tramos de construcción más “nueva”, por ahí accedí y caminamos como un kilómetro más o menos en dirección al oriente. También tú puedes acceder por algunas casas. En las casas había respiradero, para limpiarlo, entonces sí se puede acceder por algunas casas, pero seguramente no toda la gente tiene conciencia de que el canal pasa por ahí; por ejemplo, el canal pasa en la calle Riquelme, con Palmira Romano”.

Según el historiador, el canal lleva años sin emplearse. “Cuando estábamos haciendo la investigación, yo estimé que estaban en desuso hace unos 20 años, pero yo creo que en verdad están en desuso desde los años 60 más o menos”.

Para Fernando Venegas, estas obras de alguna forma son vestigio de una época clave en el Chile moderno. “Son parte de este proceso de modernización de las ciudades que se empiezan a producir desde la segunda mitad del siglo XIX, donde empiezan a estar los conceptos como la higienización. Es muy importante lo que está ocurriendo ahí, mirando como de una perspectiva más genérica, no solo desde lo local”.

Sigue leyendo en Culto

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.