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Agustina Bazterrica: “Hay muchas personas que, en este momento, están viviendo una distopía”

La autora argentina presenta su nuevo libro de cuentos, Diecinueve garras y un pájaro oscuro, un volumen que revela el germen de su universo creativo. En esta conversación, Bazterrica desgarra el "velo de la civilización" para reflexionar sobre el cuerpo femenino como territorio de disputa, la anestesia de las redes sociales y la "pesadilla" política que atraviesa su país bajo el gobierno de Milei.

Agustina Bazterrica: “Hay muchas personas que, en este momento, están viviendo una distopía” Foto: Juan Farias / La Tercera

Fue la lectura de Bestiario, el primer libro de cuentos de Julio Cortázar el que inspiró a la argentina Agustina Bazterrica (Buenos Aires, 1974) a escribir un relato que tituló Roberto. Se trata de su propia mirada de una de las narraciones breves del célebre autor de Continuidad de los parques. Por entonces, Bazterrica era una joven lectora que daba sus primeros pasos como escritora.

“Amo a Cortázar, es uno de mis maestros y lo homenajeo especialmente en mi novela Las indignas -recuerda con Culto-. Roberto es un cuento muy corto, que escribí a los diecinueve años, donde una niña dice que tiene un conejo entre las piernas. Sin dudas surgió después de la lectura de Carta a una señorita en París donde el protagonista vomita conejitos, pero hoy a la distancia puedo entender que también surgió de la impotencia que sentía cuando salía de la escuela con uniforme y en la calle hombres adultos me gritaban barbaridades. No tenía las herramientas que tengo hoy para defenderme porque fui a un colegio de monjas donde ni siquiera se nombraba la palabra feminista. Lo escribí por la rabia constante de no entender por qué un señor me estaba diciendo todas las asquerosidades que me quería hacer cuando yo tenía solo doce o trece años y por la rabia posterior de muchísimas situaciones de acoso callejero que viví”.

A pesar de que el cuento fue escrito hace unos años, para Bazterrica sigue muy vigente: “Hoy entiendo que vivimos en una cultura que celebra y exige la infantilización de las mujeres: ¿porque tanta crema, botox y procedimientos anti age? ¿Quiénes tienen la piel suave y sin arrugas?: las niñas. ¿Por qué la obsesión con la virginidad de las mujeres? ¿quiénes son vírgenes?: las niñas , ¿por qué nos depilamos, quiénes son las que no tienen vellos?: sí, las niñas. ¿Por qué la moda con la extrema delgadez, quiénes no tienen curvas?: exacto, ¡las niñas! “.

Agustina Bazterrica Foto: Juan Farías

Roberto forma parte del nuevo libro de Bazterrica, el volumen de cuentos Diecinueve garras y un pájaro oscuro, publicado por Alfaguara. Tras sus muy aplaudidas novelas Cadáver exquisito (2017) y Las indignas (2023), la autora publica un volumen de 19 relatos en los que retoma su centro narrativo: la distopía y el terror anclados en lo cotidiano. Todo con una prosa deudora de la poesía. En su trayectoria, Bazterrica ha recibido reconocimientos como el Premio Clarín de Novela por Cadáver exquisito (2017); o el Ladies of horror fiction award for best novel (2020). Hoy, es considerada como una de las autoras relevantes en el terror y el distópico latinoamericano contemporáneo, junto a otras como Mariana Enriquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda o Fernanda Trías.

“Estos relatos fueron escritos en distintas épocas de mi vida y surgieron como ejercicios de taller literario, como consecuencias de experiencias de vida, como admiración y homenaje a otros escritores. Son anteriores a Cadáver exquisito y me parece interesante entender cómo en este libro se puede encontrar el germen, el núcleo de mi viaje creativo. Cada cuento está escrito con un registro diferente porque a mí me interesa tanto lo que voy a contar como la manera en la que voy a narrar esa historia. Trabajo más allá de la trama”.

Muchos de los cuentos circulan entre lo inquietante, lo cotidiano y lo inesperado. ¿Cómo trabajas esa línea entre lo real y lo surreal sin que el lector lo perciba como fantasía pura?

Creo que una buena definición es que son cuentos del quiebre. Nosotros vivimos dentro del velo de lo que llamamos civilización, que se puede romper en cualquier momento por alguna catástrofe o por un desgarro de ese velo, por ejemplo, como cuando desnaturalizamos algún paradigma. Por algo el título es Diecinueve garras y un pájaro oscuro. Esas garras pueden romper el velo y en ese quiebre puede entrar luz o caos. Entonces me baso pura y exclusivamente en nuestra realidad para escribirlos. No hay nada de fantástico, en el sentido de paranormal o irreal, pero si es verdad que la realidad está llevada a un extremo tal que parece imposible. Por ejemplo, en el cuento Anita y la felicidad el protagonista piensa que su novia es un alien. Una lectura puede ser fantástica en el sentido de que realmente Anita sea un alien. Pero otra lectura es realista porque Pablo, quizás, es un psicótico que delira que la novia es un alien. Y una tercera lectura puede ser pensada desde el patriarcado. Quizás Pablo solo quiera acomodar a Anita a sus expectativas e intereses, sin tener ninguna curiosidad en conocerla realmente, en que sea una compañera, un par. Lo vemos con algunos varones, por ejemplo, con aquellos que tienen mujeres trofeo. ¿Las conocen realmente o son mujeres solo para exhibir, para marcar un estatus artificial?

Agustina Bazterrica Foto: Juan Farías

En estos cuentos pasamos por muerte, distopía, a veces eventos surreales, o hasta animales que parecen tener algo que decir (como el perro de Teicher vs Nietzsche). Son temáticas que también has tocado de alguna forma en Las indignas y sobre todo en Cadáver exquisito. ¿Por qué te gusta unir lo distópico con lo cotidiano?

Porque hay muchas personas que, en este momento, están viviendo una distopía. Nos parece algo lejano o imposible, pero no lo es. Publiqué Cadáver exquisito en 2017. Hay una escena que transcurre en un coto de caza, donde el animal que se caza es el humano. En 2025 nos enteramos de que durante el Sitio de Sarajevo hubo safaris humanos. Millonarios que iban los fines de semana a cazar civiles solo por diversión. Esto pasó, esto fue real. Entonces, lo distópico está en lo cotidiano. Solo hay que mirar otras realidades. En este momento hay una cantidad enorme de gente cooptada por sectas (mejor llamadas Grupos coercitivos). Eso lo trabajo en Las indignas. Si me focalizo en las cuestiones surrealistas, pienso en el cuento Teicher vs Nietzsche donde un gato es capaz de generar una catástrofe. Parece absurdo, y sin embargo en Argentina pasó algo completamente imposible y fue noticia en todos los diarios: En 1988 un caniche cayó de un piso 13, el cuerpo del caniche impactó directo en la cabeza de una señora que murió, un colectivero distraído por toda la conmoción atropelló a una mujer a la que mató y un señor que estaba mirando toda la escena murió de un paro cardíaco. A veces, la realidad supera cualquier ficción.

Argentina (y Latinoamérica) tiene una gran tradición cuentística. ¿De alguna manera te sientes en diálogo -o no- con ello?

Por supuesto. Hay diálogo, admiración y un constante aprendizaje. En la primera versión de este libro, titulada Antes del encuentro feroz, todos los cuentos tenían un epígrafe porque me interesaba que quedara claro el diálogo con autoras y autores latinos y mundiales: Clarice Lispector, Shirley Jackson, Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Lorrie Moore, Julio Cortázar, Juan José Saer, Flannery O’Connor, Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Rulfo, Charlotte Perkins Gilman, John Cheever y tantos otros y otras de los que sigo y seguiré aprendiendo.

El humor negro aparece en varias historias. ¿Qué rol tiene el humor en tus relatos, especialmente cuando tratas temas que pueden ser perturbadores?

Creo que el humor es una herramienta vital para poder sobrellevar situaciones desesperantes, o inenarrables. El humor alivia el dramatismo de la vida y, si bien no lo uso siempre, en estos cuentos a través del humor construyo la paradoja, el quiebre.

Agustina Bazterrica Foto: Juan Farías

El cuerpo femenino es un territorio de disputa constante en tu obra (por ej en este libro, Un agujero esconde una casa) ¿Cómo abordas la relación entre la autonomía del cuerpo y la violencia sistémica en este nuevo libro?

Me gusta mucho que hayas usado el término “territorio de disputa” porque es el término que usa la antropóloga argentina Rita Segato que es una de mis ídolas feministas. Si bien cuando escribí estos cuentos no había leído a Segato, ser mujer y latinoamericana te obliga a entender rápidamente que cualquier cosa te puede pasar en cualquier lugar sin demasiadas consecuencias. Que tu cuerpo no es del todo tuyo, que está atravesado por violencias, mandatos, paradigmas. Que el violador, el abusador lo que busca es marcar tu cuerpo, castigar un desacato, adueñarse de él porque, como dice Segato, la guerra contra las mujeres es tan extensa y poderosa porque muchos varones no nos ven como personas, como individuos con una historia y una identidad nos ven como un abstracto genérico: mujeres a las que pueden, violar, torturar, matar, descuartizar, golpear, abusar porque en sus ojos somos desechables, seres sin valor, ciudadanas de segunda.

Hay uno de los cuentos, Arquitectura, en el que describes un templo católico (recorrido por un insecto), ¿cuál es tu relación con la religión y lo divino?

Me encanta que hayas nombrado ese cuento porque ahí está el germen de mi novela Las indignas. En Arquitectura hablo de mi amor por la arquitectura gótica, pero también de mi constante cuestionamiento hacia las religiones. Sí soy una persona espiritual, en el sentido de que creo que hay una Fuente, Misterio, Diosa, Dios (cada persona le pondrá el nombre que quiera) del que surge todo. Todas las personas, animales y la naturaleza somos desprendimientos de ese Dios que para mí es amor. Cuando nos conectamos con otras personas, animales y con la naturaleza con empatía y amor nos estamos conectando con Dios. Por eso no creo en las religiones, porque la conexión con lo que nos creó puede ser directa, diaria y constante. En Arquitectura trabajo con ese Dios creado por los cristianos que está muy alejado del Dios de amor del que hablaba Jesús. La misma idea la trabajo en Las indignas, pero de manera más extensa y compleja.

En tus entrevistas adviertes sobre cómo nos acostumbramos al horror. ¿Crees que el consumo masivo de imágenes de violencia en redes sociales ha atrofiado nuestra capacidad de empatía, obligando a la literatura a ser cada vez más extrema para conmovernos?

Es una pregunta necesaria y compleja de responder. Sí creo que las redes nos anestesian. Son la pastilla soma de Un mundo feliz de Huxley. Mirás un video de una guerra con destrucción y muerte con la misma pasividad que el video donde quieren venderte zapatos o el video de gatitos naranjas haciendo locuras. Pero, al menos en mi caso, no escribo guiada por la premisa de conmover más al lector porque no pienso en los lectores a la hora de escribir. Los aprecio, claro, les agradezco que me lean, pero en el único lector en el que pienso es en el que está en mi cabeza que es el más exigente. A la hora de escribir si la historia me lleva a lugares extremos y funciona iré hasta las últimas consecuencias, pero no lo hago para competir con las redes. La prueba está en que muchos de los cuentos de este libro los escribí antes de la existencia de las redes.

Agustina Bazterrica Foto: Juan Farías / La Tercera

En tus libros la violencia no suele ser espectacular, sino cotidiana. ¿Qué te interesa de esa violencia “normalizada”?

Intento entender cómo el ser humano puede llegar a extremos de violencia totales y justificarlos, naturalizarlos e imponerlos. Matan 17 mujeres por día en Latinoamérica por violencia de género. Es un genocidio lento y persistente y, sin embargo, está instalado y siendo el año 2026 hay que seguir explicando que queremos que nos dejen de violar y matar. Hay personas que eligen ignorarlo, otras lo justifican, otras culpan a las víctimas, y otras que se benefician sin consecuencias. A este genocidio crónico se suman muchas formas de violencia. No solo en nuestro continente las mujeres vivimos una violencia estructural y sistemática. En Europa, Alemania e Italia, se encontraron grupos con muchísimos miembros, (70.000, 30.000) que compartían en uno consejos para violar mujeres, en otro fotos íntimas de las parejas. ¿No es horroroso? En este momento, miles y millones de hombres usan la inteligencia artificial para desnudar mujeres. ¿No es espantoso? En Afganistán las mujeres no pueden estudiar ¿No es desesperante? A todo esto se suma la carga física, emocional y mental de miles de millones de mujeres que trabajan, se hacen cargo de los hijos económicamente, hacen todas las tareas del hogar y solo reciben desprecio cuando no cumplen con esas tareas de manera sumisa y en silencio. ¿No es hartante? En el mundo entero las mujeres siguen siendo valoradas más por su belleza física que por su inteligencia o aptitudes. Se nos exige ser eternamente jóvenes, delgadas, tener una belleza hegemónica. ¿No es imposible, agotador e injusto? Por todo esto y mucho más, escribo.

¿Hay algún relato en este libro que te haya resultado difícil de terminar?

Lo que me resulta difícil es encontrar la manera en la que lo voy a narrar. A los veinte años se me ocurrió que quería contar una situación (no voy a decir cuál para no spoilear) y quería contarla de manera kitsch. Pasaron los años y en la facultad leímos el manifiesto del grupo de artistas argentinos Nueva Figuración donde decían que estaban en contra del rosa bombón. De ahí tomé el título: Rosa bombón. Pasaron los años y alguien me regaló un libro de autoayuda. Leí cinco páginas y lo detesté, pero me sirvió para entender cuál tenía que ser el narrador de mi cuento. Un narrador imperativo que le da órdenes, pasos a seguir y listas a la protagonista y esto es porque la protagonista ni siquiera tiene la voluntad para hacer lo que tiene que hacer sin ser guiada. Una vez que tuve esas piezas lo escribí muy rápido, pero me llevó más de seis años descubrir cómo hacerlo.

Se te etiqueta frecuentemente dentro del “nuevo gótico” o el “terror contemporáneo”. ¿Te sientes cómoda en esos moldes?

Creo que es importante aclarar que no pienso en géneros literarios a la hora de escribir. Para mí todo es literatura. Leo ensayos, poesía, ficción, todo puede enriquecer lo que estoy escribiendo. Cuando escribí Cadáver exquisito no estaba pensando “estoy escribiendo una distopía”. Lo que estaba pensando es “¿esto funciona o no funciona?”. Ahora bien, aclarado esto, sí me tengo que hacer cargo que tiendo a la oscuridad. Entonces creo que elijo llevar situaciones latentes al extremo porque me interesa pensar en cómo el ser humano se destruye a sí mismo y al entorno, cómo nos sentimos protegidos por el velo de la civilización hasta que se quiebra, cómo nos pueden sacar los derechos conseguidos en un abrir y cerrar de ojos. Flaubert dijo que él escribía con su mano quemada sobre la naturaleza del fuego. Eso intento hacer. Estoy atravesada por el capitalismo, el patriarcado y todas sus formas de macro y micro violencias e intento trabajar sobre eso, pensarlo, analizarlo, hacerme preguntas sin respuestas cerradas.

Santiago 18 de Abril 2024 Entrevista a Agustina Bazterrica escritora argentina. Foto: Juan Farias / La Tercera. Foto: Juan Farias

¿Cómo es para ti el proceso de escribir un cuento comparado con el de las novelas?, ¿cuáles son para ti las diferencias y semejanzas?

En esencia es lo mismo. Puedo tener la idea, pero si no tengo las piezas para entender cómo contar esa historia pueden pasar años sin que la escriba. Le dedico la misma energía mental, de investigación, de corrección, la búsqueda de la palabra precisa al cuento, el ensayo o la novela. Uso la misma técnica de la economía de recursos (decir mucho con poco) en todo lo que escribo. Lo único que cambia es que la novela me lleva más tiempo porque las historias que narro son más complejas.

Cómo ha sido para ti escribir después del reconocimiento que has recibido sobre todo después de Cadáver exquisito?

En un sentido no cambió nada. Tengo en claro que no voy a escribir Cadáver exquisito II, porque el primero tuvo éxito. Cada libro para mí es una búsqueda y, si bien las obsesiones persisten, ciertas búsquedas terminaron. Las indignas se publicó en el 2023 y es un libro totalmente diferente a Cadáver exquisito, aunque comparte una línea de inquietudes. Y hace algunas semanas atrás terminé otra novela, también, muy diferente a mis dos anteriores. Lo que creo que predomina es que en todas mis obras doy todo de mí, doy lo mejor, trabajo con el texto hasta el fondo y eso es algo que no va a cambiar nunca: mi objetivo siempre es narrar la historia de la mejor manera que pueda, apuntando siempre a la excelencia, con las herramientas que tengo en ese momento. El otro día un amigo me decía “Como nunca voy a ser Borges, escribo lo que salga” y yo le contesté: “Nadie va a ser Borges, jamás, Borges hay uno solo, pero yo siempre voy a apuntar a tener el compromiso, la seriedad y la excelencia que tenía Borges con la literatura”.

En otro aspecto, ¿cómo has visto tú a la Argentina bajo el gobierno de Milei?, ¿cómo lo ha vivido el ámbito de la cultura?

Es una pesadilla. Vivimos una época oscura en la que cuanto más crueldad y desapego, más celebrado sos. El sur de mi país se estaba quemando mientras Milei bailaba en un teatro en Mar del Plata. Es desesperante que mi maravilloso país esté gobernado por una persona que no respeta la investidura presidencial, que es capaz de semejante cinismo y papelón. Es la época de los depredadores y lo primero que hacen es desfinanciar la cultura, atacar a artistas que piensen distinto, prohibir libros, cortar el presupuesto de universidades. Cuanto menos educada esté la población, más fácil de manipular. Se ve muy claro en la desinformación crónica, en las noticias falsas, en la sospecha constante y la descalificación de datos científicos comprobados sistemáticamente, en personas que se vanaglorian de su ignorancia y la llevan como una medalla. Cuanto más anestesiada esté la población, más libertad van a tener los depredadores para depredar. Todos leímos los archivos Epstein o sabemos cuál es su contenido: abusos, pedofilia, canibalismo, asesinatos. El horror absoluto está en esos archivos, sin embargo, no hay nadie preso. Y hay personas que, incluso, están justificando la pedofilia. LA JUSTIFICAN. Además, casi ningún medio importante de mi país está hablando de esto. ¿Por qué? Es hora de despertar. El mundo está manejado por psicópatas y por la complicidad de la gente que no hace nada al respecto. Mi esperanza es que, en general, mi país es resiliente, que todavía tenemos educación y salud pública y gratuita y que hay muchísimas personas que aman la cultura y luchan por ella todos los días porque es en la cultura donde resistimos. Un ejemplo: Buenos Aires es la ciudad con más librerías del mundo, y Argentina tiene muchísimas editoriales independientes que publican y traducen una cantidad de libros impresionantes a pesar de las constantes crisis económicas. Para mí es un orgullo y un privilegio ser escritora en Argentina.

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