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Annemarie Jacir, directora palestina: “Es fundamental que empecemos a hablar de nuestros traumas, de nuestro pasado”

Palestina 36, comentada película sobre la revuelta contra el Mandato británico que se produjo entre los años 1936 y 1939, debuta el próximo jueves 12 en cines chilenos. Su directora se explaya con Culto sobre su difícil trastienda y detalla por qué no considera que sea un filme de época. “Los eventos que vivieron mis abuelos son los mismos que vivieron mis padres y los mismos que ahora vivo yo con mi hijo”, señala.

Annemarie Jacir, directora palestina: “Es fundamental que empecemos a hablar de nuestros traumas, de nuestro pasado”

Annemarie Jacir (Belén, 1975) es responsable de un puñado de películas que han dado qué hablar en la escena internacional. Su corto Like twenty impossibles (2003) y su primer largometraje, Salt of this sea (2008), fueron parte de la programación del Festival de Cannes. Wajib (2017), sobre un hombre palestino durante los preparativos de la boda de su hija, se proyectó en el Festival de Toronto.

Pero probablemente ninguno de esos trabajos ha alcanzado la notoriedad de su más reciente filme, Palestina 36. Parte de los 15 títulos que integraron la “lista corta” por el Oscar a Mejor película internacional, se enfoca en el levantamiento que se generó contra el Mandato británico entre los años 1936 y 1939. Un período, a su juicio, determinante para entender la historia y presente del pueblo palestino, pero que ella misma vino a conocer en propiedad cuando ya era adulta.

“Mi padre nació en 1936, el primer año de la revuelta. Mi madre nació en 1939, el último año de la revuelta”, señala a Culto a través de videollamada, a días de su estreno en cines chilenos, programado para el próximo jueves 12.

Escrita y dirigida por Jacir, la cinta se aproxima a ese período de lucha contra el Imperio Británico desde múltiples puntos de vista: un joven llamado Yusuf que busca un futuro más allá de su aldea; Khalid, un trabajador que se radicaliza tras ser víctima de un violento episodio; una madre y una niña que sueña con ir a Jerusalén; una periodista de clase acomodada, y un sacerdote junto a su hijo.

“Como en realidad el personaje principal es la revuelta misma, sentí que no quería seguir la narrativa clásica. No tenía sentido que la historia tuviera un solo personaje y que lo siguieras de principio a fin. Quería romper un poco con esa forma tradicional de contar historias y que se acercara más a nuestra forma de contar historias”, plantea, junto con agregar: “Aunque no necesariamente se crucen, todos están conectados. Todas son personas muy normales afectadas (por los hechos). No son las figuras históricas que conocemos”.

En paralelo, con apariciones que a veces se reducen a una o dos escenas, están los personajes británicos, quienes son interpretados por actores como Jeremy Irons, Liam Cunningham, Robert Aramayo y Billy Howle.

“Liam Cunningham y Jeremy Irons sabían lo que había pasado. Los actores más jóvenes aprendieron mucho al leer el guión. Billy (Howle) se involucró porque le encantó el guión, y luego empezó a aprender sobre Palestina y viajó hasta allí, donde estuvo varios meses. Eso le impactó mucho. Pero siempre digo que nunca sentí ningún intento de controlar o suavizar la historia desde el lado británico. Sentí, de hecho, que todos los involucrados fueron muy claros: esto es factual, esto es histórico”, afirma.

-En otras entrevistas ha mencionado que, a pesar de estar ambientada 90 años atrás, no considera que Palestina 36 sea una película de época. ¿En qué momento del proceso llegó a esa conclusión?

Creo que desde el principio. Una de las cosas que me atrajo del proyecto fue el elemento histórico, este primer levantamiento masivo, pero lo que realmente me conectó personalmente fue mi sorpresa al sentirlo tan presente. Sentía que nada había cambiado en muchos sentidos; que, por la naturaleza cíclica de esto, estábamos reviviendo una y otra vez los mismos eventos como palestinos. Y que los eventos que vivieron mis abuelos son los mismos que vivieron mis padres y los mismos que ahora vivo yo con mi hijo. Creo que esa fue probablemente la primera chispa del proyecto. Así que nunca lo sentí como algo del pasado. Sólo como una historia en curso.

-Ud. realizó una extensa investigación para hacer esta cinta. ¿Hubo algo particularmente revelador durante esa etapa?

Sí. Lo sorprendente fue lo violento que fue ese período para los palestinos. La película es ficción, pero todos los incidentes se basan en la realidad histórica. Ese incidente en el pueblo, en el autobús, las explosiones de casas, la detención administrativa, los arrestos, todo eso es real. Pero creo que lo que realmente me sorprendió fue lo brutal que fue para los palestinos, especialmente en el campo. Fue una revuelta liderada por agricultores, por campesinos. La gente de la ciudad también participó y en algún momento se volvió realmente masiva. Pero me pareció interesante que lo que ocurriera en la ciudad fuera una especie de diplomacia ligada al Mandato británico, con el Alto Comisionado (Arthur Wauchope) y su secretario.

-A través de imágenes de archivo incluidas en la película, vemos a inmigrantes judíos escapando del antisemitismo en Europa. ¿Por qué determinó incluirlos de ese modo?

El filme no tiene personajes judíos como protagonistas. Trata sobre un grupo de aldeanos y su relación con los británicos, sobre nuestra relación como palestinos con los británicos. Quería decir que los británicos fueron cómplices. Quería dejar clara la responsabilidad de ellos y no intentar ir más allá. Quería que nos centráramos en la esencia, en el pecado original, por así decirlo. Pero para mí era importante que también se tuviera en cuenta la relación entre los asentamientos y las colonias cercanas, y el crecimiento del movimiento sionista. Esto es antes del Holocausto, pero hubo persecución, pogromos y antisemitismo contra los judíos que huían de Europa en busca de seguridad.

“Creo que es importante destacar que Palestina siempre ha sido un lugar de refugio para mucha gente a lo largo de los años. Tenemos, por supuesto, gente que huyó del genocidio armenio. Tenemos circasianos que llegaron a Palestina. Hay un pueblo cercano a mi casa que fue fundado por bosnios en el siglo XIX. Así que es parte de lo que somos como país mediterráneo, que somos mixtos y venimos de muchos lugares. En esta película culpo a los británicos por nuestra situación actual, pero también culpo a Europa por esta horrible masacre de judíos en Europa. Esto fue una creación europea. Se les pidió a los palestinos que lo resolvieran y pagaran el precio. Pero también debemos tener claro de dónde vino. Así que las imágenes de archivo... Ver a hombres, mujeres y niños bajando de los barcos porque estaban siendo perseguidos, creo que también es una parte importante de la historia”.

Foto: Ammar Abed Rabbo

El rodaje y el debut

El diseño original del equipo liderado por Annemarie Jacir era filmar en Palestina. De hecho, alcanzaron a trabajar en todo lo necesario para concretar ese plan. Hasta que ocurrieron los ataques de Hamas contra Israel en octubre de 2023, y se produjo la inmediata respuesta del Gobierno liderado por Benjamin Netanyahu. La sucesión de hechos violentos en la zona –que derivaron en un genocidio contra el pueblo palestino, según el estudio de organizaciones como Amnistía Internacional– volvió completamente inviable esa idea.

La directora reconoce que en algún momento temió por la cancelación definitiva del proyecto. “Fue un desastre financiero. Lo perdimos todo. Tengo mucha suerte de que nuestros socios siguieran involucrados y a bordo, y comprendieran por lo que estábamos pasando, porque se podrían haber retirado fácilmente”, indica. La solución que encontraron consistió en trasladarse a Jordania y luego, hacia el final del proceso, volvieron a Palestina para registrar algunas escenas.

“Tuvimos que parar y empezar tantas veces que creo que los productores no estaban seguros de que pudiéramos terminarla. En mi caso, yo estaba segura de que podríamos terminarla, quizá no de la manera que pretendíamos, pero sí que lo haríamos... Teníamos que hacerlo. Para mí no había otra opción. Y sé que mi equipo también está tan loco que sentían que lo lograríamos, como lo hemos hecho. Es la forma normal de vivir cuando vives en Palestina: siempre te detienen y siempre encuentras tu camino y tienes que hacerlo y no te rindes. Simplemente no tienes el privilegio de rendirte”.

-¿Le sorprendió recibir apoyo de empresas británicas para financiar la película?

Al principio tenía sentido que recurriéramos al Reino Unido porque en Palestina no tenemos apoyo para el cine. Siempre realizamos coproducciones, y esta es la primera con el Reino Unido. El Instituto de Cine Británico (BFI, por sus siglas en inglés) se unió al proyecto, al igual que BBC Films. Los ejecutivos que apoyaron el proyecto fueron muy claros. Dijeron que era un filme duro para los británicos, pero que se había llegado a un punto en el que era hora de reconocer y hablar de su pasado colonial. Así que recibí mucho apoyo.

-Entiendo que algunos miembros de la comunidad palestina en Chile apoyaron la película. ¿Podría profundizar en cómo colaboraron en su realización?

Sí, claro. Por supuesto que hay una comunidad palestina muy importante en Chile. Mis padres también vivieron allí durante algunos años, por lo que tengo una conexión con Chile. Y estoy muy feliz de que la película se proyecte allí. El filme fue una coproducción con Francia, el Reino Unido y también Dinamarca, pero el porcentaje (que aportaron) no fue tan grande. También contamos con el apoyo de algunas instituciones, como el Instituto de Cine de Doha y otras instituciones árabes. Pero, en realidad, la mayor parte del apoyo provino de inversores privados, algunos de ellos de Chile, que querían ver esta historia en la pantalla y sabían que era importante. Ellos saben muy bien que como palestinos no hay otra manera de que podamos hacer estas cintas sin el apoyo de nuestra propia comunidad. El factor más importante que permitió que se hiciera fue que todos estos inversores privados entraron y la apoyaron. Se puede ver en los créditos finales, que hay muchos nombres. Ese fue el salvavidas del filme.

-¿Cómo espera que Palestina 36 impacte y contribuya al debate actual? ¿Qué conversaciones cree que ya ha generado?

Me sorprende lo poco que la gente sabe sobre este período. (Aunque) creo que depende de la comunidad. Puedo decirte que, dentro de la comunidad palestina, el filme está abriendo algo. Mucha gente me ha dicho que lo han visto junto a sus padres o abuelos. También me dicen que sus padres que sobrevivieron a 1948 o sus abuelos que sobrevivieron a la Nakba, o que sobrevivieron y estuvieron presentes durante el Mandato británico, nunca hablan de ello. Nunca hablan de ello porque muchas comunidades que atraviesan un trauma no lo hacen. Me han dicho han vieron la película y que de repente se ha iniciado un debate. Una mujer me contó hace como una semana que su padre, que según ella nunca les habló nada de su pasado, la vio y ahora está sentado en casa, con toda la familia reunida, y no para de hablar. Por supuesto, creo que es fundamental que empecemos a compartir y hablar de nuestros traumas, de nuestro pasado, de nuestras vidas. Y, por otro lado, creo que no podemos seguir adelante. Seguimos atrapados en este ciclo, que nos sigue afectando y destrozando. Necesitamos abordarlo. Y abordarlo significa hablar de cómo empezó y de sus raíces, para poder seguir adelante. Así que creo que el filme sin duda puede participar y formar parte de ese debate.

A fines de diciembre, Palestina 36 tuvo una proyección especial en el Parlamento británico. Al evento asistió la directora, en compañía del actor Billy Howle, quien en la cinta encarna al secretario privado del Alto Comisionado Arthur Wauchope (Jeremy Irons). El Comité Palestino Británico destacó que ese tipo de instancias se organizan “para garantizar que los legados coloniales históricos y actuales del papel de Gran Bretaña en Palestina no queden relegados a un segundo plano”.

“Hubo una discusión muy acalorada al respecto. Creo que es maravilloso poder hablar de ello”, apunta Jacir. Eso sí, reconoce la extrañeza que le produjo ver en el lugar un retrato de Arthur Balfour, ministro de Relaciones Exteriores británico que en 1917 firmó la declaración que apoyó el establecimiento de una patria judía en Palestina.

“Todos estábamos en esta sala en la que se tomaron tantas decisiones sobre nuestras vidas. Y ni un solo palestino estuvo presente cuando se tomaron esas decisiones. Y hoy sigue siendo así. Hay tantas discusiones y no hay palestinos presentes para hablar de nuestro propio destino”.

Al momento de esta entrevista, su largometraje cumple más de tres meses en la cartelera británica, un logro inusual para cualquier producción de autor no hablada en inglés. El hito le permite realizar una última reflexión: “Sí, el filme es duro para los británicos, pero creo que hay gente dispuesta a hablar de ello y afrontar esta historia. Dice mucho que el público la haya apoyado tanto”.

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