Culto

El poeta y novelista Mário de Andrade: el inventor de Brasil

El libro "Mário de Andrade y el modernismo brasileño: una antología" no solo presenta a un autor fundamental: ofrece al lector chileno la posibilidad de acceder, de manera amplia y cuidada, a uno de los laboratorios intelectuales más importantes de América Latina.

El poeta y novelista Mário de Andrade: el inventor de Brasil

Brasil es, sobre todo, el producto en construcción continua de múltiples invenciones. Casi todo es artificial y lo que hay de concreto en eso es el mínimo común multiplicador de todas las narraciones nacionales. La colonización de ese coloso ya implica diferencias radicales. Cuando llegaron los portugueses, cada región tenía etnias indígenas propias, diversas. Y a cada localidad fueron enviados negros esclavizados de distintas partes de África, del mismo modo que los colonizadores vinieron de distintas partes de Portugal. Como si fuera insuficiente, años después llegaron italianos, alemanes, japoneses etc que se establecieron en puntos específicos del territorio.

Esa diversidad es Brasil – y definirla, narrarla, es complejo. Si comparamos, es como si Argentina, Chile, Perú, Venezuela etc, naciones tan distintas, fueran el mismo país. La división que hubo en la América Hispánica no ocurrió en la Portuguesa por particularidades históricas brasileñas, aunque muchas revueltas, como la Conspiración de Minas Gerais, plantearon eso. Con la invasión napoleónica a Portugal, que rechazó el bloqueo continental en contra de Inglaterra, la familia real portuguesa huyó a Brasil y se establecieron acá. Desde ese momento, los gobiernos trabajaron para mantener unido al país. La propia independencia, hecha por Don Pedro I, que después asumió el trono portugués, fue un intento de impedir que el proceso separatista pasara.

Después, el gobierno del populista Getúlio Vargas buscó el samba patriotero como amalgama de Brasil, y los militares, el fútbol. Todo eso, claro, resultó en algo que es parte de nuestra identidad. Sin embargo, todavía hay diferencias difíciles de comprender. La COP30, que pasó en Belém, corazón de la Amazonia, atrajo atención para aquella región en noviembre de 2025. Muchos del sur del país descubrieron, junto a las delegaciones internacionales, un país que todavía no conocían.

El arte, por representar, constituye las identidades nacionales. La literatura nacional existe desde el siglo XVI, con Gregório de Mattos y Antônio Vieira. Pero las narrativas nacionales se fortalecieron con el romanticismo brasileño, cuando escritores nacionales narraban hechos, por ejemplo, de indígenas. Es el caso de El guaraní, de José de Alencar. Aun así, esas historias mimetizan la estética europea – el indígena tiene características de caballero medieval. Este trabajo de Alencar fue convertido en ópera por Carlos Gomes que, del mismo modo, emuló el aria italiana. Nada de ritmos brasileños.

La producción artística e intelectual siguió así hasta que el escritor Mário de Andrade lidero la “Semana de Arte Moderna”, en 1922. Junto con compañeros como la pintora Tarsila do Amaral y el compositor Heitor Villa-Lobos, él planteó una estética nacional brasileña, que llevase en consideración las distintas tradiciones culturales del país y, al mismo tiempo, una creatividad libre de los patrones europeos. Ese movimiento fue fundamental para el desarrollo de la estética nacional que vino después, como el Cinema Novo, de Glauber Rocha, o el Tropicalismo, de Caetano Veloso. Mário de Andrade puede – debe – ser clasificado como el principal inventor de Brasil, o como estimulador de otras invenciones, porque Brasil es una invención.

Chile gana ahora el libro Mário de Andrade y el modernismo brasileño: una antología, que sale por la Ediciones Universidad Católica de Chile. Las traducciones son de Letícia Goellner, Bélen Rodríguez, Sebastián Villagra y Vicente Menares. Están reunidos cuentos, crónicas – que son más columnas que textos periodísticos – y ensayos. Esa es una excelente oportunidad para que el lector chileno conozca Brasil y el esfuerzo intelectual aplicado en la definición de ese país que todavía no sabe lo que es.

Traducir Andrade no es sencillo, aunque su texto no sea tan complejo como el de Guimarães Rosa, por ejemplo. Su trabajo buscó, casi antropológicamente, evidenciar la lengua brasileña, no la portuguesa. Así, la manera en que la masa, el pueblo, se expresa tiene un rol fundamental en su literatura. La trayectoria del autor de Macunaíma está muy bien descrita en los ensayos introductorios de la antología, firmados por Marcelo Tápia, Patrício Lizama y Jorge Manzi. “Quisiera destacar la osadía de esta empresa de traducción colectiva dirigida por Letícia, pues traducir a Mário de Andrade es un desafío mayor. Como veremos en estas páginas, su lenguaje se mueve fluidamente, a veces súbitamente, entre la dicción escrita y oral, incorporando todo tipo de giros coloquiales, lo que exige un conocimiento profundo del portugués escrito y hablado en Brasil”, escribe Manzi.

Y, asimismo, la traducción está genial. Como explican los traductores, utilizaron recursos esteticos paralelos entre la oralidad del portugués de Brasil y el español. Acá, por ejemplo, decimos, con frecuencia, “vamos y no el gramaticalmente adecuado “vamos”. De ese modo, en la conversión, se ha utilizado el “!bamo!”, por ejemplo.

Mário de Andrade y el modernismo brasileño: una antología no solo presenta un autor fundamental: ofrece al lector chileno la posibilidad de acceder, de manera amplia y cuidada, a uno de los laboratorios intelectuales más importantes de América Latina. Cada cuento, cada poema, cada crónica o ensayo reunido aquí revela el tamaño del proyecto estético de Andrade: pensar un país que se desdobla en muchos, un territorio cuya identidad no preexiste, sino que se construye en la mezcla, en el conflicto, en la invención permanente. Y quizás por eso su lectura siga siendo urgente. En un Brasil que todavía se desconoce a sí mismo, volver a Mário es recordar que toda identidad es una obra abierta, un trabajo en proceso. Esta antología, desde Chile, reabre ese diálogo y amplía sus fronteras, invitándonos a leer un país que todavía se escribe. Después de esa lectura, de la cual, posiblemente el lector saldrá encantado, recomiendo que busque el libro Macunaíma, el más conocido e importante trabajo de Mário de Andrade.

*Kalil de Oliveira es periodista y crítico cultural. Estudió en la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil) y la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Fue reportero de Folha de S.Paulo, además de haber colaborado con publicaciones como la revista piauí y Estado de Minas.

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