Por Francisco AravenaEl talento silencioso de Rai García
Es un mundo donde talentos silenciosos como el suyo han encontrado sintonía propia. Sin necesidad de autotune.

Es una frase común al asomarse a la nueva escena musical: “ahora todo lo que necesitas es un computador” o “cualquiera puede ser estrella”. Son expresiones que suelen dirigirse particularmente a la música urbana, un género que debió superar los estigmas de marginalidad y violencia de sus inicios para convertirse en un fenómeno de masas y en una verdadera industria. Y si bien hay una cuota de verdad en la democratización que ofrecen las herramientas digitales, tales generalizaciones ignoran el trabajo, la disciplina y la inteligencia de quienes logran destacar.
El caso de Rai García resulta iluminador no solo sobre el estado del “ecosistema urbano”, sino sobre las oportunidades en un mundo alterado por la dinámica digital. García no canta -ni con autotune-; no ha llenado nunca el Movistar Arena ni luce autos deportivos y cadenas doradas. Rai edita videos en su computador, y esa labor lo tiene hoy en un momento expectante de su precoz carrera audiovisual.
Su historia comenzó en pandemia: un adolescente de 14 años sentado frente a su pantalla entre clases online. Rai empezó a editar, por diversión, los videos de un youtuber internacional al que seguía (“Coreano loco”). Tras llamar su atención en redes, el influencer decidió ayudarlo a aprender más sobre cómo editar videos, y Rai comenzó así a transformar un hobby en pasión. Decidido a profesionalizarse, García contactó a cuanto director de videoclips pudo. Solo uno respondió, Nicolacito, que le dio su primer trabajo: el backstage de “Ponte de Espalda”, hit de Pailita y Cris MJ. Rai tenía apenas 16 años.
Pronto se vio editando para otros directores y artistas, a veces desde su laptop entre clases presenciales en el colegio. De la escena local saltó a la internacional, integrándose a equipos en Miami y Puerto Rico para trabajar con figuras como Mora, Ozuna, Feid y Jhayco. Al salir de cuarto medio a fines de 2024, ya sabía qué quería hacer: seguir aprendiendo y trabajando.
Rai se enorgullece de no haber abandonado el colegio pese a las presiones de su carrera naciente: “Llevar esa doble vida me hizo llegar a la vida adulta de un modo más profesional, con disciplina y compromiso”, afirma. Al evaluar la educación superior, decidió que no era su lugar actual: “Estoy aprendiendo por mis medios, en nichos específicos. El juego ya cambió; todo está al alcance y la diferencia la marca qué tan en serio se lo toma uno”.
Con menos de 20 años, Rai aspira este año a dar el salto a la dirección. En el proceso, ha sido testigo de la evolución del género: “Los clips dejaron atrás las mansiones y autos para dar pie a una estética con aspiraciones más artísticas. El negocio hoy es muy profesional, con equipos creativos sólidos y una búsqueda real por conectar con la gente”.
Es un mundo donde talentos silenciosos como el suyo han encontrado sintonía propia. Sin necesidad de autotune.
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