Por Felipe RetamalHambre, pólvora y rebelión: cómo se gestó la toma de la Bastilla (y quiénes la llevaron adelante)
Ocurrida el 14 de julio de 1789, la toma de la Bastilla fue el suceso que tradicionalmente se asocia al inicio de la Revolución Francesa. En Culto repasamos algunas de sus claves; del desafío de la Asamblea Nacional al poder del Rey Luis XVI; la escalada de la tensión; a la irrupción de la multitud como protagonista y quienes la integraron.

Un desafío al poder real

La crisis financiera y social por la que atravesaba Francia en 1789 -las arcas fiscales resintieron la ayuda prestada a la independencia de EE.UU.- llevó a convocar a la reunión de los Estados Generales. Siguiendo el orden tradicional, convocaba a representantes de la nobleza, el clero y el pueblo llano o Tercer Estado, que abarcaba desde la plebe a la burguesía emergente. Pero ante el empeño de los dos primeros grupos de votar cada decisión por estamento, y no por cabeza (lo que les permitiría imponerse siempre), los del tercer estado se agruparon dándose el nombre de Asamblea Nacional. Su primer presidente fue el astrónomo Jean-Sylvan Bailly (quien será guillotinado en 1793).
Con las puertas cerradas para ingresar a la sesión en palacio de Versalles, por orden real, los diputados del Tercer Estado, se reunieron en la sala del juego de pelota el 20 de junio de 1739. Fue el momento en que juraron no disolverse hasta dotar a Francia de una constitución.
Al Rey Luis XVI la reunión no le hizo gracia. A pesar de que ordenó a Bailly la disolución de la Asamblea, este -que era de carácter mas bien conservador-, se negó. “La nación reunida no puede recibir órdenes”, respondió. Fue entonces que el monarca intentó el siguiente movimiento para recuperar el control de los acontecimientos.
El Rey Luis XVI pasa a la ofensiva

Aunque el Rey intentó un par de jugadas para bajar la tensión, también quiso dejar las cosas en claro. “Paris, a 18 kilómetros de Versalles y crisol del entusiasmo revolucionario, fue sitiado por 20.000 mercenarios y, en un acto de desafío simbólico, Luis destituyó a Jaques Necker, el único ministro que no procedía de la nobleza, el 11 julio”, destaca Peter McPhee en La Revolución Francesa 1789-1799 una nueva historia.
La destitución de Necker -un moderado de talante liberal que gozaba de simpatía popular- ocurrió además en un mal momento. “Una escalada en los precios de las barras de pan de cuatro libras de 8 a 14 céntimos sustentó este malestar, que se asumió mayoritariamente como consecuencia de una retención deliberada de las existencias por parte de los nobles terratenientes”, apunta McPhee.
La presencia de las tropas mercenarias extranjeras y la subida de los precios, con la subsiguiente carestía, escaló la molestia. La acción del Rey se leyó como un intento de aislar a los representantes del Tercer Estado, por ello, hubo quienes se lanzaron a buscar armas y alimentos. “La abadía de Saint-Lazare fue registrada en busca de armas -escribe McPhee-; las sospechas del pueblo de que la nobleza trataba de doblegarlo mediante el hambre quedaron confirmadas cuando se descubrieron reservas de trigo allí almacenadas”.
La multitud como protagonista

La efervescencia popular subía en Paris. De hecho, las masas se volverán protagonistas. La historiografía ha trazado una clave en las formas de sociabilidad asociadas al mundo campesino, la presencia en el día a día en los mercados y el mundo del trabajo. En otras palabras, ya existía una cierta práctica de movilización popular. “Una parte importante de los actores eran asalariados y ganapanes, en su mayor parte jóvenes (29 o 30 años); a menudo también un grupo importante de mujeres, «consumidoras» directamente afectadas", explica Michel Vovelle en su Introducción a la historia de la Revolución francesa.
Serán estos quienes protagonicen eventos como el de la Toma de la Bastilla, ocurrida el 14 de julio de 1789, además de otros sucesos en el resto del país. “En un triple contexto político, económico y social, se comprende mejor la explosión simultánea, a modo de eco deformado de la toma de la Bastilla, que tuvo lugar en las provincias francesas a partir de muchos focos y en los cuatro rincones del país, de Estrées, al norte de París, a Montmirail, en el Maine; Ruffec, en Poitou, o Louhans, en Bresse”, plantea Vovelle.
Básicamente, lo que buscaban los insurrectos en la Bastilla eran armas y aquella formidable fortaleza disponía de existencias de pólvora y municiones. Además se encontraba en los barrios populares del este de París, por lo que es dable pensar que el temor a un ataque de la guarnición flotó en el ambiente. Y por cierto, pesó un factor simbólico. “Era también un importante símbolo de la autoridad de la monarquía”, precisa McPhee
El asalto a la Bastilla

Fue entonces que una multitud -McPhee habla de unos 8000 parisinos- asaltó la Bastilla. “El gobernador, el marqués de Launay, no quiso rendirse -comenta el mismo autor-. Y, viendo que la multitud se abría paso a la fuerza hacia el patio, ordenó a sus 100 soldados que disparasen a la turba, con un saldo de 98 muertos y 73 heridos”.
Solo la presencia de dos destacamentos que se pasaron a los sublevados, con artillería incluida, motivó la rendición de Launay, quien fue masacrado por la multitud junto a 6 soldados. Su cabeza fue exhibida en una pica, inaugurando una macabra tradición.
“En sus primeras manifestaciones, la Revolución francesa es testigo de una violencia a la vez espontánea y puntual: asesinato de Launay, gobernador de la Bastilla, o del preboste de los comerciantes, Flesselles, el 14 de julio; pero también de la muerte, unos días después, del intendente de París, Bertier de Sauvigny, y de su suegro Foullon, acusado de acaparamiento... Como contrapartida, un Gran Miedo excepcionalmente poco cruento (13 vícti- mas...!)”, apunta Michel Vovelle.
¿Quienes eran los insurrectos? como acontecimiento fundacional de la Revolución Francesa se hicieron variadas listas de los “vencedores de la Bastilla”, lo que trazó ciertas pistas de quienes salieron a la calle. “El grupo de los «vencedores de la Bastilla» es un grupo mayor-con una media de 34 años- de padres de familia con una acusada mayoría del 77 por 100 de productores independientes, artesanos y pequeños comerciantes, a menudo del barrio, pero no de asalariados", propone Vovelle.
Por su lado, McPhee habla de una masa que incluye una veintena de pequeños fabricantes, comerciantes, cerveceros y soldados. Pero la gran mayoría eran gente del bajo pueblo; tenderos y artesanos de variados oficios (carpinteros, ebanistas, cerrajeros, zapateros, peluqueros, sastres, jardineros, canteros, etc).
Como sea, la toma de la Bastilla fue el momento crucial que coronó el desmoronamiento del poder real. “En términos políticos, salvó a la Asamblea Nacional y legitimó un brusco cambio de poder”, apunta McPhee. Paris quedó bajo el control del Tercer estado, con Bailly elegido como el primer alcalde de Paris. Además, se organizó la Guardia Nacional, con el marqués de Lafayette -el héroe de la guerra de independencia de EE.UU.- como comandante.
Un nuevo orden se había instalado y como tal, el aniversario de la Bastilla se celebró al año siguiente, en la Fiesta de la Federación, incluso con presencia de Luis XVI. “Semiimprovisada, no obstante lo cual tuvo un éxito ‘considerable, la fiesta parisiense constituyó la demostración más acabada y espectacular de lo que se puede llamar el carácter colectivo de la revolución burguesa”, cierra Vovelle. Una efeméride había nacido.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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