Culto

La vida adolescente de Roberto Bolaño en Los Ángeles y la exposición que lo recuerda

Desde mediados de marzo, una muestra recuerda en Los Ángeles los años en que el fallecido autor vivió en el sur de Chile, los días embrionarios de su carrera, el minuto adolescente en que se inició en la escritura y en que admiraba a gigantes como Pablo Neruda. Aquí, un recorrido por esos capítulos iniciales que incluyen la casa donde residió, hoy en venta.

La vida adolescente de Roberto Bolaño en Los Ángeles y la exposición que lo recuerda Ricardo

En una pared del Centro Cultural de Los Ángeles cuelgan cinco dibujos pequeños, cada uno en un marco blanco del tamaño de una postal. Son retratos trazados con líneas rápidas en lápiz pasta azul. Debajo de algunos aparece una firma breve: “R. Bolaño”. Los hizo Roberto Bolaño en 1973, cuando volvió a Chile después de años en México. Hoy estos dibujos forman parte de la exposición “Bolaño, regreso al país natal”, que se inauguró el 16 de marzo en esta ciudad del sur de Chile.

El lugar no es casual. El Centro Cultural funciona en el edificio donde antes operó el Liceo de Hombres de Los Ángeles, establecimiento donde Bolaño cursó parte de su adolescencia. A mediados de los años sesenta vivía en la ciudad con su familia. En 1968 se trasladaron a Ciudad de México, cuando él tenía quince años.

Ese período -la vida del adolescente Bolaño en Los Ángeles- es el punto de partida de la exposición. La curadora es Natalia Matus, 34 años, periodista del Centro Cultural y magíster en Literatura. Nació en Concepción, vive en Los Ángeles y lee a Bolaño desde los catorce años.

“La vida de Roberto Bolaño en su preadolescencia no está muy investigada, no está muy explorada”, dice Matus. “Y me parece relevante todo lo que él absorbió de acá. Yo creo que sí se ve reflejado en su literatura, en algunos personajes y en algunas situaciones que él describe”.

El autor en el Liceo de Hombres de Los Ángeles (al lado izquierdo de la profesora, en la segunda fila desde abajo).

Parte de la información sobre esos años también se basa en la investigación previa del periodista Juvenal Rivera sobre la vida de Bolaño en la ciudad. A partir de ese material y de nuevas búsquedas en archivos locales, la muestra propone un recorrido por ese territorio biográfico. Una sección introduce la trayectoria del escritor con una línea de tiempo: los libros que publicó, las ciudades donde vivió, los premios que recibió. En otra sala aparecen fragmentos de un cortometraje basado en Regreso al país natal, junto con objetos que remiten a la vida cultural de los años sesenta.

Más adelante hay una instalación sonora. Se escuchan fragmentos de textos donde Bolaño menciona a Los Ángeles, muchos tomados de Sepulcros de vaqueros. Otras voces leen esos pasajes mientras el visitante recorre la sala.

En otra parte aparecen trabajos visuales inspirados en su obra: dibujos, collages y piezas realizadas por artistas locales.

Cuando Bolaño volvió a Chile

En 1973, Bolaño regresó brevemente a Chile. Fue un momento convulso. Había vuelto con la idea de trabajar en Quimantú, la editorial estatal impulsada durante el gobierno de Salvador Allende. Pero pocas semanas después del golpe militar fue detenido en un control policial cerca de Concepción y trasladado al cuartel de Investigaciones. Allí ocurrió un episodio que ha quedado registrado en testimonios posteriores: dos detectives reconocieron en el detenido a un antiguo compañero del Liceo de Hombres de Los Ángeles. Ese reconocimiento ayudó a que fuera liberado días después.

Los dibujos que ahora se exhiben pertenecen a ese mismo período.

La exposición incluye también fotos familiares, recortes de prensa de los años sesenta y documentos que permiten situar el contexto de la ciudad donde creció.

Uno de los objetos del recorrido es un ejemplar de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda. Es una edición de Losada similar a la que pertenecía a Victoria Ávalos, madre del escritor.

“La mamá le leía Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Ella viajaba con ese libro por todos los lugares donde vivieron en Chile”, cuenta Matus. “Ese fue un acercamiento muy temprano que él tuvo con la poesía”.

En vitrinas también se exhiben materiales de época relacionados con el Premio Nobel que Neruda recibió en 1971, entre ellos un recorte de prensa y un fragmento de un diario donde el escritor Jaime Quezada recuerda haber celebrado ese acontecimiento en México junto a una familia chilena, entre ellos Roberto Bolaño.

El Centro Cultural habilitó además un punto de lectura permanente dedicado al autor. Allí se reúnen las ediciones de su obra publicadas por Anagrama junto con bibliografía crítica disponible para consulta.

“Dentro del Centro Cultural tenemos todos los libros de Roberto Bolaño y también crítica especializada sobre él. Las personas pueden venir a leerlos acá”, dice Matus.

La casa

La relación entre la ciudad y el escritor también se mantiene fuera del museo. La casa donde vivió su familia todavía existe. Está en la calle Juan Antonio Coloma, frente a la sede local de la Universidad de Concepción. Actualmente está a la venta.

Es una casa sencilla, de piezas rectangulares y pasillos estrechos. Algunas habitaciones todavía conservan pisos continuos de color café y cortinas pesadas en las ventanas. En una de las piezas quedan repisas de madera oscura empotradas en el muro. El interior muestra el desgaste de los años, pero la estructura parece la misma de la época en que la familia Bolaño vivía allí.

El año pasado un lector viajó desde Boston para verla.

“Dijo que vino solo a eso. La casa estaba arrendada. Había un matrimonio de edad. Él entró, tomó once con ellos y se sacó fotos. Después nos dejó un poema inspirado en Bolaño”.

El visitante era Reed Sheppard, poeta estadounidense de 30 años formado en la Universidad de Columbia, quien llegó a Los Ángeles para seguir la huella del escritor chileno y entregar un homenaje a la Corporación Cultural Municipal. En su paso por la ciudad también recorrió los lugares donde Bolaño vivió y estudió en los años sesenta.

No ha sido el único. En los últimos años han llegado escritores, documentalistas y lectores de distintos países que buscan conocer esa parte menos conocida de la vida de Bolaño. Incluso el poeta chileno Jordi Lloret, impulsor del galpón cultural de Matucana 19 en Santiago, visitó recientemente la casa para ver el lugar donde el futuro escritor pasó parte de su adolescencia.

“Fui a Los Ángeles a ver la casa modesta donde vivía. Salió un señor que no lo conoció, pero me dijo que la vecina de la esquina sí. Ella salió alegre, dijo que la municipalidad preparaba un homenaje, que lo conoció en el liceo y que era un gran lector y conversador”, recuerda Lloret.

-¿Qué significa para un lector o un escritor acercarse a esos espacios de su vida temprana?

“Para mí, como lector y escritor, es un placer visitar los lugares donde vivió Roberto Bolaño. Una suerte de rito, un tributo a uno de los mejores de mi generación. Tal como visité Barcelona, Girona y Blanes, donde ya hay placas conmemorativas y la biblioteca de Blanes con su nombre. Es como visitar Lautaro pensando en Tellier y pedir una cerveza en un bar al lado de la estación de trenes”.

Dos ciudades

El montaje permanecerá abierto hasta el 23 de abril, fecha que coincide con el Día del Libro. Ha recibido también la visita de María Salomé Bolaño, hermana del autor, quien regresó a Los Ángeles tras haber dejado esta ciudad en 1968.

Mientras en el sur de Chile se revisan los años de formación del escritor, a más de diez mil kilómetros otra ciudad revisa su etapa final. En Blanes, el pueblo catalán donde vivió desde mediados de los años ochenta hasta su muerte en 2003, se presenta la exposición “Roberto Bolaño: El visitante del futuro”, instalada en la Casa Saladrigas.

Natalia Matus mira esa coincidencia como un mapa de la vida de Bolaño.

“Ciudades que están tan lejanas una de otra se unen por la figura de este escritor. Acá están sus inicios, cómo se forja su personalidad; y allá los últimos años de su vida”.

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