Culto

Rodrigo Villegas apela a su fórmula y triunfa en Viña con una rutina basada en la vida cotidiana

El comediante firmó otra noche de éxito en la Quinta Vergara gracias a una rutina donde habló de su aspecto físico, de gimnasios, de las canciones con las que creció en los 80 y de las diferencias con los himnos urbanos actuales. Hasta revivió a Los Blondon Boys en el evento.

Tercera vez del comediante Rodrigo Villegas en el Festival de Viña del Mar, luego de sus exitosas experiencias de 2017 y 2023, pero esta vez había un condimento especial: le tocaba saltar a escena tras la rutilante performance del dúo británico Pet Shop Boys, la que ya se consolida entre las mejores de la década de la cita estival.

Aunque el “Monstruo” no despertó ni exigió con furia más show -como sucedió otras veces con Sting o Andrea Bocelli-, el comediante entró bajo un clima desafiante. Difícil ingresar a la cancha festivalera después de la exuberancia escénica y artística de los hombres de West end girls.

Pero Villegas tiene sus armas y argumentos: apareció a las 23.57 horas con la melodía clásica de la onda disco Born to be alive, de Patrick Hernandez, deslizando que se trataría de una performance direccionada hacia la nostalgia, a la infancia ochentera, al ticket sin escalas hacia el pasado.

De hecho, no habían pasado ni unos segundos cuando por las pantallas emergieron las imágenes y la música de los dibujos animados Thundercats, tratando de conectar con un público también de un target adulto, devoto por supuesto de los Pet Shop Boys.

Después hubo espacio para otra melodía clásica: Isabel de Luis Miguel, el guiño a los mismos años, a esos episodios de radio AM, televisor sin control remoto y días de juego en la calle.

En paralelo, Villegas miraba de reojo otro desafío. Otro adversario: el Festival de la Comedia de Chilevisión, que en esos minutos tenía al aire a Dino Gordillo, clásico del humor nacional, aunque en los últimos días envuelto en la polémica por eventualmente besar a una menor en un evento en Villa Alegre.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO Hans Scott

Villegas seguía exhibiendo su humor relativo a lo cotidiano y a su aspecto físico, aludiendo a que en algún momento fue campeón de gimnasia e incluso intentó hacer unos pases acrobáticos en el escenario. La Quinta Vergara reía y Villegas cumplía sin contratiempos en la primera parte de su presentación.

Por supuesto, hacía mención a los “gordos” que había en el anfiteatro y a la suerte de hermandad que sentien en lugares como un gimnasio. Una rutina rápida, sin tregua y que de forma paulatina empezaba a ser premiada con una ovación por el respetable.

“Los gorditos nos contamos las estrías, nos intercambiamos las pelusas de los ombligos”, relataba con chispa. Después siguió con un guion enfocado en los mismos gimnasios y en las penurias que viven aquellos -como él- que no son cincelados ni musculosos ni tienen “el potito duro”.

Depilado y con otro ritmo

También aludió a los hombres que se depilan todos los rincones del cuerpo para adquirir rasgos más voluminosos: a él, según relató, no le resultó. “Parecía Jabba de Star Wars. No lo hagan”, lanzó, mientras una imagen del personaje se proyectaba en las pantallas.

Tras ello, salto a la vida de pareja y cómo las relaciones íntimas van arrojando distintos ritmos según la cantidad de años que cuente el matrimonio. Lo mismo: carcajadas inmediatas del “Monstruo”.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO Hans Scott

Pero el espectáculo también tuvo un cambio de narración. De forma algo brusca, varió para contar sus anteriores experiencias en Viña y en otros festivales, compartiendo con números más jóvenes. “Me topé con Jordan 23. Yo pensé que era un Papa...”, rememoró.

A la par, puso un par de canciones urbanas y entró en la dinámica de comparar los temas de ayer con los de hoy. También se rió de Fabrizio Copano y su look, colega al que aludió un par de veces.

Siguió viajando a sus anteriores escalas en Viña, sobre todo cuando relató como con su familia salieron del hotel con rumbo a la Quinta Vergara escuchando canciones de reggaetón subidas de tono y de contenido explícito. En esos mismos días, rememoró las críticas que le hizo José Antonio Neme de Mega en festivales pasados, imitando su “cara de peo”, según dijo.

Ante todas las reseñas negativas que le arrojaron, comentó que ahora quería cambiar: estaba decidido a hacer “humor cultural”. En ese guiño, saludó - y también bromeó- con Matteo Bocelli, el cantante italiano situado en primera fila en su rol de jurado de las competencias.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO Hans Scott

Pero lo del “humor cultural” era otro chistecillo. Por supuesto, nadie se lo tomó muy en serio. Ni él mismo. Villegas siguió con su rutina de temas cotidianos, enfocándose esta vez en las siempre complejas compras de supermercado (para un hombre, claro está). “Una de las grandes decisiones siempre es: ¿llevo o no llevo un carro?“.

Las risas seguían. La fórmula del ex Morandé con Compañía sólo se confirmaba y rendía a plenitud. De hecho, se acordó de sus anteriores personajes televisivos: Mathiu Focker y los Blondon Boys, a quienes revivió en la Quinta junto a su ex partner Claudio Moreno. Eso sí, aclaró que esa clase de humor de 2017 ya no tendría cabida en la actualidad.

Es posible. Lo que sí está claro es que la receta de siempre de Villegas sigue teniendo un lugar en el Festival de Viña. No hay mucho espacio para arrugar la nariz o exigir otra cosa: el humorista se llevó las dos gaviotas y firmó una tercera noche triunfal en su bitácora. Arrasó y hasta se emocionó entre lágrimas.

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