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Rossana Dresdner, escritora: “Si olvidamos los traumas del pasado, no tendremos conciencia para evitar que vuelvan”

Ganadora del Premio Municipal de Literatura 2025, la escritora y periodista publica Tu memoria en mis ojos, una novela nacida del diagnóstico de alzhéimer de su madre que explora cómo la pérdida de recuerdos individuales redefine nuestra identidad colectiva.

Rossana Dresdner, escritora: “Si olvidamos los traumas del pasado, no tendremos conciencia para evitar que vuelvan”

En el día de su cumpleaños 45, Leonor recibe una noticia terrible: su madre ha sido diagnosticada con alzhéimer. Ella misma se lo cuenta mientras almuerzan juntas. Su progenitora se lo toma con aplomo, y Leonor comienza a pensar en todo lo que irá olvidando su madre de manera paulatina. “¿Me seguirá queriendo?”, le pregunta al médico. Una noticia similar, en la vida real, recibió la periodista y escritora Rossana Dresdner (64), y eso se convirtió en el motor de su tercera novela Tu memoria en mis ojos (LOM).

Se trata de una historia que cruza la angustia por la pérdida de los recuerdos con el tema de la memoria colectiva y cómo se arma el relato del pasado. Con pulcritud y exactitud, Dresdner narra los hechos de manera sólida. Esto le valió hace algunas semanas el Premio Municipal de Literatura de Santiago 2025, uno de los galardones más prestigiosos y tradicionales del país, el que también han obtenido nombres capitales como María Luisa Bombal, Nicanor Parra, Nicomedes Guzmán, Pablo Neruda, Carlos Droguett, José Donoso, Francisco Coloane, Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet, Roberto Bolaño, Nona Fernández, Álvaro Bisama, Ramón Díaz Eterovic, entre otros.

Tras el golpe de 1973, Dresdner vivió unos años en el exilio en Suecia junto a sus padres. A su regreso, estudió periodismo en la Universidad de Chile. Con la vuelta de la democracia, trabajó en el área de Comunicaciones de la Secretaría de Comunicación y Cultura, durante el gobierno de Patricio Aylwin. También laboró en el Congreso y fue jefa de prensa de Ricardo Lagos.

“Soy una escritora autobiográfica, en el sentido de que mis novelas siempre tratan de una historia o parte de una historia que conozco en primera persona, porque la he vivido o me la ha compartido alguien cercano. Pero son historias que encierran aspectos que identifican a muchas personas: la búsqueda de identidad, de pertenencia, el desarraigo, la necesidad de amor, seguridad, el temor a la soledad, etc. Entonces, son historias que van más allá de lo personal, que resuenan en otras personas y corazones y logran a veces que otros, que no conoces pero que han vivido algo similar, se sientan interpretados. O acompañados. Y ese sentimiento de cercanía o empatía entre un escritor y un lector es a lo que aspiro como escritora. Y también lo que busco como lectora. Es el caso de Tu memoria en mis ojos, que aborda cómo la enfermedad del Alzhéimer de una madre cambia no solo la relación entre ella y su hija, sino también cómo las va cambiando a ambas, por caminos diferentes. Es una historia que se inspira en el caso de mi madre”.

FOTO - Isidoro Valenzuela Muñoz Isidoro Valenzuela

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Siempre tomo notas. Cuando chica en un diario de vida y después notas. Creo que más que como escritora, como periodista. Siempre registro. También en imágenes. En este caso, empecé a tomar notas de mis dudas, cuestionamientos y sentimientos, al principio sobre la enfermedad y luego sobre emociones, inquietudes y pensamientos que la situación me provocaba. Luego comencé a anotar las visitas de mi madre al doctor, las conversaciones que teníamos, cosas que me llamaban la atención de ella. Creo que era un intento por retenerla, porque era una situación dolorosa, que remece. Pero, por otra parte, la enfermedad también hace que las personas olviden las normas aprendidas, lo que procede o no procede, los límites sociales, en este caso, en la relación madre-hija. Y se abre una dimensión de simplicidad que puede ser una oportunidad. Después de un par de años, comencé a transformar estas notas en una historia que tomó forma de novela. Que es un espacio donde uno puede, como lo dice el libro, “reescribir”, que es otra manera de decir, “sanar”.

La novela retrata una relación compleja entre madre e hija que se reconfigura con el Alzheimer. ¿Cómo fue el desafío de narrar este proceso íntimo sin caer en lugares comunes?

Creo que todo depende de lo que se busca. Soy una persona curiosa, en el sentido que me interesa comprender por qué las cosas ocurren como ocurren. Creo que no podría haber sido sino periodista. Busco más allá de las explicaciones a la mano o estereotipadas, aunque eso finalmente pueda generar más dudas que las iniciales. A menudo elegimos aferrarnos a explicaciones evidentes, de manera un poco cómoda, que quizás sirva para una calma momentánea pero no para abordar experiencias profundas, que te marcan. ¿Por qué te marca una experiencia? ¿Por qué me marca más allá de lo que le ocurre a otras personas? ¿Cómo te marca? Esas cosas me preguntaba. Con el alzhéimer, por ejemplo, a menudo decimos que es una enfermedad terrible porque, al olvidar, “la persona deja de ser quien fue”. Yo también lo creí. Pero cuando quise entender qué le estaba realmente pasando a mi madre, a nosotras, entendí que había estereotipos que no me servían, porque no respondían a lo que estábamos viviendo. Y cuando conversé con otras personas, descubrí que muchas tienen experiencias distintas a lo que acostumbramos a escuchar.

La novela aborda la experiencia de quienes vivieron el exilio. ¿Cómo crees que ese “no pertenecer” marca la identidad de los personajes incluso décadas después?

Ese es un tremendo tema. Mi primera novela, Pasajeros en tránsito, aborda el exilio, y sobre todo el desarraigo, desde una mirada más amplia. El exilio chileno tiene un origen político porque es un fenómeno que se dio de manera masiva a partir del Golpe militar de 1973, y que forzó el éxodo de más de 200.000 chilenos por el mundo, que huían de la persecución. De ellos, se calcula que solo un 20% regresó. ¿Por qué? Porque el exilio marca un quiebre biográfico, histórico, cultural y vital en quienes lo viven, que tiene consecuencias profundas. Sobre todo en las segundas y terceras generaciones de los chilenos que salieron exiliados. Y más allá de que algunos regresen y otros se queden en el país que los acogió, hay una grieta en la identidad personal que es muy difícil, sino imposible, de superar.

El Alzhéimer es una enfermedad devastadora y compleja. ¿Cómo investigaste para plasmarlo con sensibilidad y realismo en la novela?

En esta novela hay dos protagonistas, una madre con Alzhéimer y su hija. Y el objetivo era dar cuenta de qué les pasaba a ambas con la aparición y avance de la enfermedad. Estaba mi vivencia, que iba registrando, pero que sabía no era la única. Por eso quise conversar con otras personas cuyos seres queridos habían tenido la enfermedad. Me contacté con la Corporación del Alzhéimer que apoya y orienta a los pacientes y sus familias sobre el cuidado de sus seres queridos, lo que me permitió conocer otras experiencias. También me interioricé de la enfermedad, partiendo por las descripciones médicas generales –etapas, síntomas más comunes, etc.–, pasando por trabajos de psicología, artículos en revistas científicas, tratamientos y descubrimientos, relatos y conversaciones en blogs. Hay mucho, y claro, incluí una parte muy menor de lo que leí, pero saber más del Alzhéimer me dio confianza para referirme al tema con mayor libertad. Pero también quería dar cuenta del proceso mismo, del avance de la enfermedad, de primera fuente, por decirlo así. Y ahí fui, efectivamente, registrando a mi mamá, mucho más allá de la novela, obviamente. Guardo como un tesoro de los últimos 15 años registros de ella conversando, leyendo, pintando, mirando su jardín, etc. Algo que seguramente no tendría si nuestra relación no hubiera cambiado como lo hizo.

¿Cuál fue tu principal intención al retratar la pérdida gradual de memoria más allá de la mera descripción clínica?

Más que del alzhéimer, Tu memoria en mis ojos es un relato sobre la memoria, sobre aquello a lo que nos referimos cuando decimos “memoria”, sobre qué es, en el fondo, la identidad y cuánto de ésta se define por la memoria. En ese contexto, también habla de la necesidad de pertenencia, de la búsqueda de sentido, del miedo a la soledad. Emociones que son determinantes a la hora de construir nuestra memoria. Por eso digo que esta novela trata fundamentalmente del amor. Hoy está bastante claro que nuestra memoria no es muy fiable. Recordamos muy pocas cosas con claridad y la mayoría de nuestros recuerdos tienen vacíos que completamos, a veces solos, a veces con otros, como más nos convence o acomoda. Pero hemos olvidado la mayoría de los sucesos de nuestras vidas y ni siquiera somos conscientes de ese olvido. Podríamos pensar, entonces, que la memoria como sustento de la identidad, está sobrevalorada. Y creo que ese fue mi principal objetivo: desmentir que la identidad, de la persona reside solo en recordar las cosas que ha aprendido a lo largo de su vida. Pensar eso, a mi juicio, atenta contra la dignidad de la persona con Alzhéimer.

¿Sentiste que tenías la responsabilidad de cambiar la forma en que la literatura suele representar la relación con personas que padecen Alzheimer?

No responsabilidad, pero sí sentí el compromiso de develar ciertos clichés. La memoria no es sólo la reaparición del pasado individual, de mis recuerdos, sino también es una inmersión en el pasado de otros, es una historia donde uno es actor y espectador. La memoria es parte de uno y, al mismo tiempo, de otros. En esa memoria o historia compartida, puede que uno de los actores tenga alzhéimer, pero eso no lo excluye de la memoria compartida. Porque la memoria compartida es vida compartida. Y la historia que compartimos cuando ella había perdido sus recuerdos, también es parte de nuestra historia. Y de mi memoria. Y sentí que el acto de escribir esta novela también era un acto de memoria, de reivindicación de nuestra memoria compartida. Y, de alguna manera, de una historia compartida por muchas personas.

Para ti, ¿Sigue siendo la memoria un tema relevante en nuestros días?, ¿Crees que es un tema importante para tu generación?

Después de haberme sumergido en el concepto de memoria y de cómo esta se construye a lo largo de nuestras vidas, soy una convencida de dos cosas: en primer lugar, que necesitamos la memoria para construir un relato personal, una historia que nos sustente como individuos en términos de creencias, emociones, anhelos, proyectos, etc. Y, en segundo lugar, que la construcción de este relato está en constante evolución, porque nuestros recuerdos –y por ende nuestro relato– se van modificando, por la permanente interacción con otros y con el entorno. Pero eso no cambia la importancia del relato. Cuando vivimos en una época donde lo momentáneo, lo inmediato, los logros rápidos, y las emociones intensas y pasajeras son lo que manda, la memoria pareciera perder importancia. Y me pasa que veo relatos personales superficiales y pasajeros, sin convicción. Estoy convencida de que eso al final no resulta, ni para sostener relaciones personales, o profesionales, ni para darle sentido a lo que uno está haciendo en esta vida.

La memoria es un elemento fundamental en la novela. ¿Qué papel juega la memoria colectiva —o incluso la memoria histórica— en la forma en que construimos nuestras historias personales?

Más allá de las discrepancias que puede haber con otros respecto del relato individual o colectivo, creo que son la base sobre la cual transitamos. Cuando tratas de entender a qué nos referimos cuando decimos “memoria”, te das cuenta de que al final, toda memoria, personal o colectiva, es una suerte de guion construido. En el libro menciono al filósofo y lingüista búlgaro, Tzvetan Todorov, que dice que la memoria le da sentido a nuestras vidas y que para eso, debemos seleccionar el material o los recuerdos, elaborar un guion basado en ese material, y usar ese guion como sustento de nuestra acción. Eso es algo que hacen las personas y también los países. La historia que hemos aprendido de nuestro país y del mundo es, finalmente, una selección –siempre en evolución– de hechos históricos, con mayor o menor veracidad. Pero es una versión, que deja fuera eventos que se consideraron de menor importancia o no deseables de ser incluidos. La historia mundial tiene numerosos ejemplos de distorsiones u omisiones. ¿Cuál es el peligro de eso? Lo mismo que para las personas: si no recordamos y enfrentamos los hechos traumáticos del pasado, no tendremos conciencia ni herramientas para evitar que vuelvan a ocurrir y nos vuelvan a dañar.

¿Sientes que la perspectiva femenina sobre el exilio ha sido suficientemente narrada?

Es obvio que el exilio afecta de manera distinta a las mujeres, dependiendo de cuál sea la situación de equidad de género en su país de origen respecto de aquel al cual llega. Cuando la diferencia es grande, como lo era respecto de Chile y muchos países a los cuales llegamos los exiliados y sus familias, esa disparidad se transforma en un problema para adaptarte al país que te acoge y, luego, para reinsertarse en el país al que vuelves. Pero creo que falta profundizar en esa mirada.

En otro ámbito, en algún momento pasaste por el taller literario de Diego Zúñiga. ¿Cómo fue esa experiencia para ti?

Muy buena. He asistido a muchos talleres literarios y de guiones, ficción y no ficción, nacionales y con escritores de otros países, porque me emocionan las distintas visiones que pueden existir sobre la disciplina de escribir. Con Diego me sorprendió la libertad y confianza que nos transmitía, no intentando enseñarnos “cómo se hace”, sino más bien ayudándonos a buscar nuestra propia voz. Y era muy generoso: nos recomendaba y prestaba libros de su biblioteca, según las inclinaciones literarias que veía en cada uno de nosotros. Nadie tiene tiempo para leerlo todo y que alguien te oriente en la selección se agradece. Entre otros, me presentó al tremendo Germán Carrasco, que se nos acaba de ir.

El libro ha sido reconocido con el Premio Municipal de Literatura de Santiago 2025. ¿Qué ha significado para ti?

Fue una sorpresa y una felicidad enorme. Ni siquiera sabía que mi editorial me había postulado. Primero sentí mariposas en el estómago, felicidad. He tenido reconocimientos y satisfacciones en mi vida profesional, pero esto fue otra cosa, un honor de otro tipo. Es uno de los premios literarios más prestigiosos del país. Aún no lo sé explicar bien pero sí sé que, después de eso, mi principal proyecto es escribir. Y felizmente estoy en una etapa en la vida en la que puedo hacerlo. Y me siento muy agradecida.

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