Dos miradas a una elección de impacto internacional

El triunfo de la Unidad Popular concitó la atención de la prensa extranjera en 1970. Mario Amorós y Alfredo Sepúlveda examinan las repercusiones internacionales de la victoria del socialismo en las urnas. Amorós es autor de Allende. La biografía; Sepúlveda, de La Unidad Popular. Los mil días de Salvador Allende y la vía chilena al socialismo.



El 4 de septiembre de 1970, tras obtener la primera mayoría en las elecciones presidenciales, Salvador Allende se encamina a ser el primer militante marxista en llegar a una jefatura de Estado por cauces democráticos. Este solo hecho despertó en la prensa mundial y en las opiniones públicas un inusitado interés en Chile.

Cincuenta años más tarde, Mario Amorós y Alfredo Sepúlveda examinan el impacto internacional de estos comicios. Historiador y periodista español, Amorós es autor de Allende. La biografía y acaba de publicar Entre la araña y la flecha. La trama civil contra la Unidad Popular. Sepúlveda, en tanto, es periodista y académico de la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP. Ha publicado, entre otros, Bernardo. Una biografía de Bernardo O’Higgins y Breve historia de Chile. Su última publicación es La Unidad Popular. Los mil días de Salvador Allende y la vía chilena al socialismo.

¿Qué expectativas, esperanzas y temores genera internacionalmente la elección presidencial de 1970?

Mario Amorós: El 4 de septiembre de 1970, como ya había pasado el año 64, había en Santiago decenas de periodistas extranjeros cubriendo la elección presidencial. Y el titular [de prensa] del 5 de septiembre -6 de septiembre, por la diferencia horaria con muchos países-, fue que, por primera vez, un candidato marxista había ganado unas elecciones pluripartidistas en un país occidental. Fue una noticia de impacto mundial. Es de sobra conocida la reacción de Washington, la reunión de Agustín Edwards en la Casa Blanca el 15 de septiembre, todo lo cual desencadena una agresión encubierta contra Chile que duraría hasta el Golpe de Estado.

La reacción de la izquierda mundial fue de la esperanza en la apertura de la “vía chilena” en Europa Occidental, al impacto en Uruguay, donde pocos meses después se crea el Frente Amplio.

Alfredo Sepúlveda: Coincido, y añadiría un poquito de nuestros vecinos. Argentina está en un proceso de dictadura militar encabezada por el General Lanusse, que intenta ablandarse para llegar a un peronismo sin Perón. En Perú hay un régimen teóricamente a favor de la UP, el de [Juan] Velasco Alvarado, un militar que derrocó a un Presidente electo democráticamente y que ha lanzado una revolución de corte nacionalista, haciendo cosas bastante similares a las que va a hacer después Allende: reforma agraria, estatización del petróleo de empresas de EEUU, en una especie de sinopsis de lo que va a venir con la nacionalización del cobre en Chile. En Bolivia también tenemos un régimen de izquierda militar, derrocado durante el período de Allende. Y está Cuba, un país aislado diplomáticamente y al que le aparece un aliado ideológico en Occidente.

Hay cosas que no se supieron entonces y que parecen interesantes en perspectiva. Hay, por ejemplo, una conversación de Luis Corvalán (PC) con un alto dirigente de la RDA a quien le dice, a comienzos de 1970: “El combate que se realiza en Chile tendrá una significación mundial, ya que el imperialismo se va a resistir con dientes y uñas para no entregar su influencia y posición en este país”. Y, como rescata Tanya Harmer en Chile y la Guerra Fría interamericana, Henry Kissinger le dijo a un asesor que el test de la elección chilena era tanto o más importante para la política exterior de Nixon que el propio Sudeste asiático...

MA: Lo que hicieron Nixon, Kissinger y la CIA, lo conocemos por los papeles desclasificados y por las memorias de Kissinger, donde queda muy claro que el peligro para la administración republicana de la época era que el ejemplo chileno se replicara en Europa Occidental, en países claves de la Guerra Fría, como Italia y Francia, donde había partidos comunistas gigantescos: si los comunistas ganaban el gobierno con aliados o con una posición relevante, el tablero de la Guerra Fría en Europa podría moverse demasiado para los intereses norteamericanos. Y por el lado del bloque soviético,

Joaquín Fermandois, en su libro de 2013 [La revolución inconclusa], examinó los papeles de la diplomacia de la RDA, y Olga Ulianova publicó en la revista Estudios Públicos documentos sobre los análisis soviéticos de la UP. Partamos de la base de que el PC chileno tenía una relación muy cercana, de una adhesión acrítica a la URSS y al bloque soviético. Yo lo he visto respecto de la figura de Neruda. Los papeles de la diplomacia soviética dan luces muy interesantes. Y hay algo que señaló el Profesor Luis Corvalán Márquez: cómo el PC, que compartió con Allende ese proyecto teórico, y después puso en la práctica la vía chilena al socialismo, no se atrevió a ir más allá en la elaboración ideológica de qué suponía esa vía chilena al socialismo, algo que Allende sí expresa claramente.

Luis Corvalán [Lepe], en una famosa entrevista con Eduardo Labarca, tiene que jugar entre la realidad chilena y un corsé ideológico-teórico, el del marxismo-leninismo clásico. Es muy interesante, en la relación con la URSS, cómo el gobierno de Allende pretende ampliar a los países socialistas las relaciones militares exclusivas con EEUU y con el bloque occidental, sin romper los tratados con EEUU que venían de los años 40. Pero falta por conocer y profundizar en ese tema.

AS: La relación de Chile con la URSS está subordinada a la que tiene la URSS en ese momento con EEUU y a la política de [Leonid] Brézhnev de congelar un poco la disputa. Hasta 1972, antes de que Allende haga su gira mundial más grande -donde, de hecho, va a Moscú-, Brézhnev está intentando apaciguar a EEUU para conseguir inyección económica, divisas. Lo que rompe con eso es el naipe que saca Nixon de aumentar las relaciones con China, y el famoso viaje de Nixon a China (febrero de 1972).

Hay una frase ya mítica de Allende, que los soviéticos le han dado un cuchillazo por la espalda, que lo quieren dejar morir, aunque no sabemos el fraseo exacto.

En su primer discurso tras asumir la Presidencia, Allende cita a Engels: “Puede concederse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde, de acuerdo con la Constitución, se puede hacer lo que se desee desde el momento que se tiene, tras de sí, la mayoría de la nación”. Y agrega que en Chile “se cumple por fin la anticipación de Engels”. Ahí reasoma el tema de la excepcionalidad: que en Chile está pasando algo inédito en la historia mundial. ¿Cómo se percibía esto internacionalmente?

MA: Allende plasma esa idea sobre todo en su primer mensaje al Congreso Pleno, el 21 de Mayo del 71, en que plantea la construcción del socialismo como una epopeya casi homérica y habla de “la segunda vía de transición al socialismo anticipada por los clásicos (pensando en Engels), pero jamás concretada”. De esa singularidad nace el interés que hubo en Europa Occidental. (…) Hubo una gran cantidad de debates en la izquierda europea que marcaron, además, a una generación de militantes y a una generación como grupo de la sociedad: la “experiencia chilena”. Bueno, es un debate que hasta hoy continúa, y que reaparece cuando, por ejemplo, Evo Morales gana las elecciones en Bolivia la primera vez, o con Lula en Brasil.

AS: Hay una circunstancia que define el socialismo en 1970, y que es, probablemente, diferente de las circunstancias que lo definen posteriormente. En 1970, si no me equivoco, sólo tenemos socialdemocracia en los países nórdicos, alternativas socialdemócratas occidentales o moderaciones del socialismo marxista. Y este camino que propone Allende, en la visión posterior, tendemos a identificarlo con una especie de socialdemocracia, pero eso es posterior. Ahora, como no había una respuesta socialdemócrata masiva en ese momento, como no existía tercera vía ni nada de eso, me da la impresión de que este entusiasmo por conocer la experiencia chilena que se vive en todo el mundo tiene mucho que ver con la identificación de este marxismo moderado.

Hay también el estatus cultural y pop de “lo revolucionario”. Cuando estuvo rodando en Chile en 1972, el actor Larry Hagman, famoso por la serie Mi bella genio, habló con entusiasmo de “The Chilean experience”, como quien habla de The Jimi Hendrix Experience...

MA: Me viene a la memoria también Charles Horman, el periodista norteamericano asesinado en el Estadio Nacional que inspira la película Missing, de Costa-Gavras. Y pensemos en el mundo de la época: la gente escribía cartas a sus familiares, a sus amigos. En el caso de los curas españoles, varios han escrito testimonios de su época en Chile, los dos que fueron asesinados por la dictadura [Antonio Llidó y Joan Alsina] enviaron más de un centenar de cartas con el relato de lo que pasaba en lugares como Quillota, San Antonio, San Bernardo, Quilpué. Bueno, ahí uno los ve, desde su perspectiva, comprometidos con la UP o con el MIR.

Son esos períodos en la historia que se pueden contar con los dedos de la mano: en el caso de España, la Segunda República y la Guerra Civil, tal vez la Transición, pero no más; en el de Chile, la UP y, de alguna forma, el plebiscito o la rebelión del año pasado. Son momentos singulares en procesos históricos muy largos, donde se dan todo tipo de subjetividades, y ahí los testimonios en primera persona de los sacerdotes españoles, o de la esposa de Charles Horman, que contaba cómo llegaron en autobús a Chile por Bolivia, son una fuente inagotable que explica que haya tantos jóvenes investigando sobre la UP en aquel tiempo en universidades de todas partes, de Australia a Alemania, Estados Unidos y España.

AS: Yo creo que hay un efecto que tal vez se ha estudiado poco: a partir de los 60, Chile empieza a romper su insularidad a través de la tecnología. En los 60 fue la primera transmisión vía satélite, la red telefónica se amplía, la red de TV se amplía, el espectro electromagnético se amplía, y Chile empieza ser parte Chile del sistema global de cultura popular, por decirlo de alguna manera.

En mi libro me interesó mucho el Festival de Viña de 1973, porque, además de la UP, están pasando cosas en el mundo de las que Chile también empieza a ser parte. Por ejemplo, del circuito de la canción romántica hispano-italiano-francesa. A Julio Iglesias lo tienes en el Festival de Viña del 73 ya como ídolo iberoamericano: había venido el 71 como desconocido y vuelve el 73 como una estrella global. Entonces, además de la capa de la UP propiamente tal, y de esta nueva cultura, de la Nueva Canción chilena, etc., tienes un fenómeno posmoderno, el fenómeno de Chile como parte del mundo. Yo creo que nunca antes en el siglo XX Chile apareció en la prensa internacional de esa manera.

Quilapayún tocando en Concentración de la CUT, 1 de mayo de 1972.

En Allende. La biografía se rescata la conferencia de prensa que Allende da después de elección: un periodista venezolano le hace ver que él quiere iniciar cambios muy significativos sin contar siquiera con la mayoría en el Congreso, a lo cual Allende le contesta que, cuando se generan dificultades, se va a recurrir al mecanismo del plebiscito. Da una respuesta institucional. ¿Cómo es vista la situación política que se genera en ese momento?

MA: Es uno de los grandes temas del período de la UP. A Allende se lo preguntaron mil veces y casi siempre dio esa respuesta. Tal vez el programa de la UP era para varios gobiernos, para ir ampliando la base política de la UP, con acuerdos con la Democracia Cristiana. Es verdad que Allende jamás hizo un ofrecimiento público a la DC de integrarla al gobierno, aun si habló con Tomic varias veces (junio del 71, diciembre del 71) y negoció con la DC en junio de 1972 en torno al conflicto institucional por las áreas de la economía.

Siempre se le ha criticado a la UP haber querido llevar adelante su programa de gobierno con el 36% de los votos en las elecciones presidenciales, el 50% en las municipales y el 43.4% en las parlamentarias del año 73, pero esta crítica sólo se plantea cuando se plantea un gobierno de izquierdas: nadie acusó a Jorge Alessandri de querer llevar adelante su programa con poco más del 30% de los votos el año 58, ni a Frei de gobernar los últimos meses de su mandato con el 29.6%. Yo creo que Allende y un sector mayoritario de la UP intentaron estabilizar el proceso de transición al socialismo con acuerdos con la DC, pero no fue posible.

AS: Creo que, en términos de fondo, lo que termina condenando a la Unidad Popular frente a los otros dos tercios de la política chilena es el apellido “marxista”. Si miras el programa de la DC el 64, que es un programa revolucionario en su mérito también, es súper progresista, pero no tiene este apellido. Tal vez esa sea la respuesta a por qué a la UP no se le permite nada y a los otros dos gobiernos sí se les permite hacer cambios con minorías. El problema de los gobiernos de minorías venía desde hacía mucho tiempo: lo vivió Alessandri, y antes de Alessandri lo vivió Ibáñez, pero Ibáñez no tiene un proyecto transformador.

Antes de la elección de 1970, como presidente del Senado, Allende está en un lugar muy institucional, desde donde no pretende barrer con la tradición. Poco después de asumir en La Moneda, en conversación con Régis Debray, debe por otro lado salir al pizarrón y responder si es realmente revolucionario. ¿Cómo ven ese juego a dos bandas, particularmente en este período inicial?

MA: Es el período en que Allende plantea abiertamente, creo que con la colaboración de personas como Joan Garcés, los fundamentos teóricos de la vía chilena al socialismo. Y cuando le decían, “pero es que las Fuerzas Armadas...”, él decía que las FFAA chilenas eran una excepción en América Latina: FFAA profesionales, patrióticas, sometidas por la Constitución al Presidente de la República. Él siempre fue capaz de explicar ambas cosas. Cuando los jóvenes más revolucionarios le reprochaban su apego a la “institucionalidad burguesa”, él les mostraba su foto con Ho Chi Minh, la dedicatoria del “Che” Guevara, la galería de relaciones con algunos de los mitos de la izquierda revolucionaria mundial. Fue parte de ese proceso y creo que eso Allende lo defendió con honor.

AS: Creo que hay una evolución en el Allende Presidente: a medida que pasan los años, es mucho más moderado que al principio. Tengo la impresión de que, sobre todo sus últimos años como senador son retóricamente mucho más revolucionarios que nunca. Como cuando participa del rescate de los miembros de la guerrilla del Che Guevara que llegan a Iquique, prestando el cargo de presidente del Senado, en contra de lo que quería Frei Montalva. La muerte del “Che” Guevara lo afecta mucho, al menos retóricamente, hacia el lado revolucionario.

Ahora, me parece que la entrevista que le hace Debray es una fotografía de lo que pasa el año 71: está dispuesto a salir al pizarrón y a jugar este juego retórico, de la manera en que hoy un político está medio acorralado por Twitter. Es un político-político en ese momento, es la definición clásica del político. Pero a medida que la situación se va haciendo más grave, me parece que las tesis revolucionarias en Allende empiezan a cobrar la simple importancia retórica que tenían antes, y se vuelca infructuosamente a salvar el país.

Siempre se dio a sí mismo como el mejor ejemplo de que la institucionalidad chilena era excepcional porque había permitido que hubiera un gobierno del pueblo, como él decía, y yo creo que hasta el último minuto estuvo convencido de eso.

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