Aquí vivió Marcelo Bielsa durante sus 42 meses en Chile
<P>Una modesta habitación de seis metros cuadrados fue su "casa" en Santiago desde agosto de 2007.</P>

"Esto pasó de ser Kosovo al Hyatt", repetían los trabajadores de Juan Pinto Durán a cada rato sobre los cambios que sufrió el recinto desde la llegada de Marcelo Bielsa, en 2007.
Y algunos lo grafican con una anécdota. El 12 de agosto de ese año llegaron a Santiago los ayudantes del "Loco", Luis Bonini, Eduardo Berizzo, Alfredo Berti y Pablo Quiroga, para empezar a preparar el terreno para el arribo del rosarino. Cinco días antes había nevado sobre Santiago luego de ocho años. El frío golpeaba fuerte el predio de avenida Las Torres y la calefacción se cortaba en la madrugada. Por eso, recuerdan que en aquella primera noche, los colaboradores del técnico durmieron con ropa de entrenamiento y gorro de lana. Así estaba el recinto que Bielsa había visto el mes anterior, cuando llegó a conversar con Harold Mayne-Nicholls, y que el presidente le mostró con la convicción de que el DT podía reacondicionarlo y modernizarlo.
El nuevo lugar
Los trabajos de remodelación comenzaron ese mismo año, el primero del ciclo del argentino en Chile.
El objetivo primordial era refaccionar las vetustas piezas de los jugadores, que tenían camas de una plaza, con colchones viejos, televisores antiguos y duchas, en las que, más de una vez, se cortaba el agua caliente.
Y así partieron las obras que dejaron los lugares de descanso acordes a futbolistas profesionales: camas de dos plazas, televisores LCD, baños impecables, agua caliente siempre, aire acondicionado y calefacción... sin cortes. Todo eso, en dos pisos del ala sur del complejo.
Después se fueron armando las diferentes oficinas para el cuerpo técnico. Las más grande para los colaboradores del DT, equipadas de computadores (antes hasta había una máquina de escribir Olivetti), máquinas de edición de material, muebles para el acopio de DVD de todas las ligas del mundo donde había chilenos.
Lo que más elogiaban los futbolistas cuando llegaban al complejo era la sala de spa y camarines, porque allí había una cámara para recuperar del jet lag a los que venían de Europa. Es una máquina que el ex presidente de la ANFP vio en la FIFA y que el DT hizo construir especialmente. Allí, los jugadores ingresan vestidos durante un par de minutos a una temperatura de ocho grados bajo cero y se produce un efecto vasoconstrictor, que sirve para ayudar a amortizar las diferencias horaria.
Para los que recorrieron el lugar, sin duda, lo que más llama la atención es la habitación donde vivió Bielsa durante los 42 meses que estuvo a cargo de la Selección: un austero lugar de seis metros cuadrados, con una cama de plaza y media, un crucifijo atrás (que se cayó para el terremoto), ventilador de techo, aire acondicionado, un LCD, un clóset chico y un baño. Un recinto que marcaba la personalidad del técnico.
Allí estuvo hasta el viernes 4, cuando anunció que se iba. Ahora ya no queda nadie en Pinto Durán y los pintores ya están refaccionando la modesta pieza del rosarino, aunque el técnico que llegue ya no lo usará como su "casa" permanente, sino como un lugar de paso. Porque sólo Bielsa podía vivir en ese lugar.
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