Bielsa y la ceremonia del adiós
<P>El argentino hizo público su alejamiento definitivo del fútbol chileno en una breve y particular conferencia de prensa. A continuación, la crónica de todo lo que sucedió en el rito final que el transandino preparó para su despedida.</P>

Un hombre calvo, delgado y de corbata se para frente al micrófono oficial de la última conferencia de Marcelo Bielsa como técnico de la selección chilena de fútbol. Mira las 21 cámaras de TV presentes y les dice, con voz clara:
-Uno, dos, tres, cuatro, soy Bielsa y me voy de Chile.
La prueba de audio resulta exitosa y los camarógrafos ríen. El medio centenar de periodistas pone las grabadoras y sus micrófonos en un parlante, y varios roadies lanzan cables como si quisieran amarrar el estacionamiento del complejo deportivo Juan Pinto Durán, en Macul. Son las 19.55 horas. El sol ilumina el centro de entrenamiento de la selección chilena, pero ya no quema. Y Marcelo Bielsa está en hora para decir públicamente adiós.
El lugar escogido tiene doble simbolismo. El DT argentino ha decidido hablar por primera vez en el lugar que, durante 41 meses, no sólo fue su fortaleza deportiva, sino también su hogar espartano. La elección no es azarosa. Lejos de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) y de sus nuevos dirigentes, el transandino prepara su despedida en completa libertad, en el lugar donde, quizás, más cómodo se sintió en Chile.
La conferencia es atípica. Como Juan Pinto Durán no está diseñado para la prensa, la única zona adecuada es el estacionamiento que está pegado al muro que da a la calle, de modo que el lugar donde ha decidido hablar Bielsa -sentado detrás de una mesa alta, frente a un auditorio dispuesto con 50 sillas- se asemeja a una sala de clases al aire libre.
Son las 20.03. Los funcionarios de Juan Pinto Durán levantan los pulgares para el rito.
Todo está listo.
De pronto, los fotógrafos hacen foco y disparan. Marcelo Bielsa aparece flanqueado por dos periodistas de la ANFP y detrás suyo, avanza el que se convirtió en su escudero fiel, el ex auxiliar del laboratorio de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, Gabriel Aravena.
Bielsa camina tranquilo, no sonríe ni mira a los ojos a nadie. Su concentración es total ante la inminencia de un hecho importante. Y este lo es.
La prensa lo encapsula y lo retrata con dificultad. Y arriba, en el segundo piso del complejo, Luis María Bonini, con sus manos sobre un barandal, observa con la discreción del consejero que ayuda a tomar una decisión con frialdad.
Antes de llegar a su lugar de despedida, Marcelo Bielsa se detiene un par de segundos; entendiendo de qué se trata el negocio, fija la vista en las canchas y acepta que los fotógrafos lo acribillen con ráfagas de fotos.
Bielsa se encaja sus anteojos con cadena. El último ritual público del técnico más influyente y mediático en la historia del fútbol nacional, está por comenzar.
Se sienta en la silla y se suspende solamente un par de centímetros sobre el resto. De hecho, la diferencia con la famosa conferencia de prensa que dio en noviembre, que determinó el destino del efímero presidente del fútbol chileno, Jorge Segovia, es clara. Aquella vez se presentó humano, pero físicamente inalcanzable: en una testera donde relucía el logo de su empleador, la ANFP de Harold Mayne-Nicholls. Se explayó como nunca y hasta bromeó en las dos horas y media que duró la conferencia. Fue empático al punto de la improvisación. Hoy, en cambio, básicamente leerá un comunicado y será breve.
No saluda, y dice:
-Quiero decir que decidí renunciar a mi puesto de entrenador de la selección chilena de fútbol.
No hay sorpresas, pero sí gestos: despojado de su investidura de técnico de la Selección, no usa ni el buzo ni la polera que por obligación contractual debía vestir en sus actuaciones públicas relacionadas con su trabajo. Sin embargo y como si se tratara de evitar malos entendidos, Gabriel Aravena se ubica a un costado suyo, como edecán, con la vestimenta completa del equipo de asesores del DT: polera roja y short azules, con la marca oficial, con los seis espónsores oficiales de Chile estampados en la indumentaria.
Como los parlantes usados para la conferencia están a alto volumen, los 20 hinchas que están en las afueras del complejo Juan Pinto Durán también escuchan las palabras del que ellos sienten como un gurú.
Cuando se producen silencios, ellos gritan y se rebelan a las palabras del adiós.
-Gracias, don Marcelo, por todo lo que nos dio -chilla un hombre gordo, vestido de huaso. Al tiempo en que Bielsa enumera todos los problemas que tuvo con el nuevo presidente de la ANFP, Sergio Jadue.
-No se vaya de aquí -vuelve a gritar-. Por favor, no nos deje solo.
El poder de un entrenador
La conferencia de prensa parte siendo una narración de hechos, salpicados en un lapso de tiempo que no excede a las últimas dos semanas. Casi todos los episodios tienen relación con la forma en que conoció a Jadue y luego se desencantó de él. Bielsa subraya una y otra vez que sólo relata hechos. De pronto, sin embargo, anuncia que dará a conocer las razones de su partida. Lo que antes eran hechos, ahora son juicios de valor: renuncia por cómo ha actuado Jadue desde que asumió hace dos semanas.
Su dureza se hace extensiva a funcionarios menores de la ANFP y, al final, a los dueños de los equipos grandes. Tan duro como lo fue en noviembre pasado con Segovia. Cuando es así de confrontacional en sus dichos, mueve las piernas con cierta incomodidad, mira a ninguna parte y vuelve a hablar: "Yo no dañé ni antes a Segovia ni a Sergio Jadue". Un periodista radial lo escucha atento, se ríe y dice a los demás:
-Cómo tan cara de palo.
De pronto, una trompeta empieza a escucharse desde afuera. Un hincha trata de interpretar la marcha fúnebre, pero a medio acorde pierde la armonía y termina siendo un ruido.
Bielsa no quiere perder el hilo de sus palabras. Al terminar de dar las razones de su renuncia, decide entregar dos reflexiones personales: la primera es agradecer a sus cercanos y la segunda es un mensaje a Chile.
-Considero mis tres años y medio en Chile como un regalo de la vida -dice.
Lo que sigue, sorprende a todos.
-Yo aprendí a amar la vida acá, también estando aquí -confiesa Bielsa, y su voz se quiebra durante esta alocución-. Estoy orgulloso de haber vivido en este suelo, sé positivamente que soy yo quien pierde al irse.
El hombre da las gracias y se pone de pie. Los hinchas gritan afuera, "Bielsa, Bielsa querido, jamás te olvidarán", y los autos tocan sus bocinas, en señal de apoyo. Un muchacho que había estado en la conferencia, se abalanza sobre Marcelo Bielsa y lo abraza. Le regala una polera roja e intenta decirle algo, entre el cardumen de periodistas que vuelven a rodear al técnico argentino.
Bielsa lo mira por segundos, y luego baja la vista.
-Gracias -le susurra.
Y camina de vuelta al complejo, su hogar.
Son las 20.35 y empieza a oscurecer.
Los reporteros de televisión preparan los despachos en directo para la edición central de sus respectivos noticieros y afuera, el huaso gordo queda en trance: lanza mensajes a Bielsa y pide cantar el himno nacional para que el mundo entero agradezca al entrenador por todo lo realizado durante su estadía en Chile. En una de las paredes del complejo Juan Pinto Durán se lee: "BIELSA HIDOLO", en letras blancas.
-Uno, dos, tres -dice un reportero a punto de salir al aire. Se enciende la luz del foco y el huaso gordo se vuelve a activar-. Buenas noches, estamos con la noticia de que Marcelo Bielsa acaba de hacer pública su renuncia.
La ceremonia del adiós ha terminado.
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