Diario Impreso

La historia de la película maldita de Orson Welles

<P> <I>Al otro lado del viento</I> es el nombre de la cinta donde John Huston es el alter ego del director de <I>Ciudadano Kane</I>.</P>

Noche. En la ciudad de Los Angeles, un auto se desplaza bajo la lluvia torrencial. En los asientos traseros, una chica de largos cabellos, sentada junto a un tipo parecido a Jim Morrison, comienza a aligerarse de ropas y ayuda a su acompañante a ponerse más cómodo. Luego, sin que medien palabras, se despliega una rápida sucesión de planos que inquietan y provocan, mientras la mujer ya se ha unido a su acompañante. Cuarenta años más tarde, la escena sigue siendo hot.

En dos minutos y fracción, este pasaje es uno de los dos que circulan por internet como vestigios de Al otro lado del viento, de Orson Welles, rodada entre 1970 y 1976. Testimonio de la más maldita de las películas del legendario actor, guionista y director de Ciudadano Kane, fallecido en 1985.

Cada cierto tiempo, The other side of the wind reflota en los medios con esperanza de que finalmente pueda verse. A fines de 2006, por ejemplo, el director Peter Bogdanovich, amigo y protegido del cineasta, además de actor en el filme inacabado, señaló a la revista Bright Lights que la reconstrucción de la película iba "muy bien" y que habría un anuncio en "dos o tres meses". Y el anunció llegó: la cadena Showcase llegó a un nuevo acuerdo con la sucesión Welles y financiaría el montaje y la posproducción. Pero vinieron los desencuentros con el laboratorio francés que alberga el metraje disponible y todo se empantanó.

El caso es que ya van 35 años desde el fin del rodaje -y un cuarto de siglo desde la muerte de Welles- y no hay humo blanco. Este año, dos reputadas publicaciones londinenses dieron la presunta buena nueva que tanto cinéfilo aguardaba: The Observer y The Guardian hablaron de una inminente salida del filme a la superficie.

Pero el desmentido llegó y no fue amable. Wellesnet.com, lo más parecido que existe a una web oficial del artista, acusó un "engaño" de parte de "reporteros idiotas" y de medios incapaces de chequear sus fuentes. Apoyado en el testimonio de Oja Kodar, la pareja de Welles en cuyo favor éste redactó su testamento, el sitio reafirmó que no hay noticias y que la señora Kodar tiene el mayor interés en ver la película terminada, pero una vez que estén dadas las seguridades presupuestarias de rigor.

A lo Kane

Larga y enrevesada es la historia de lo que Bogdanovich llama la única película inconclusa de Welles que podría terminarse sin su participación. Partió en España en 1966, terminado ya el rodaje de Campanadas a medianoche, cinta por él dirigida, estelarizada y coescrita, como era costumbre. Según cuenta Clinton Heylin en su libro Despite the system, Welles reunió a potenciales inversionistas y les habló de la historia de un cineasta, "un seudo Hemingway", "un director rudo que ha matado a tres o cuatro extras por película..., pero que es encantador" y que se obsesionó con un torero.

Pero ese fue el comienzo. Echando mano a su propio peculio, Welles puso en marcha un proyecto donde Bogdanovich tendría uno de los roles centrales. Y es este director, por entonces a punto de rodar su cinta maestra (La última película), quien ha descrito el filme como "muy ambicioso. Es acerca del envejecimiento y la juventud, del éxito y el fracaso, del amor y el sexo, de la traición y la amistad. Y también de Hollywood y las películas. Podrías llamarlo un mockumentary [falso documental]. Estás viendo el último día en la vida de un viejo director, Jake Hannaford, interpretado por John Huston, que vuelve a Hollywood desde Europa y está tratando de hacer una película muy artística, que también se llama Al otro lado del viento. Pero el protagonista se mandó a cambiar enrabiado, en circunstancias misteriosas, dejando a Hannaford con una película incompleta. Y bueno, es la noche de su cumpleaños número 70 y está dando una gran fiesta".

Entre los invitados a la fiesta figura Brooks Otterlake, protegido de Hannaford, que se está haciendo más popular que su maestro. Lo encarna Bogdanovich, quien sigue con el relato: "Durante la fiesta [Hannaford] muestra material rodado de la película. Primero en su casa y luego, tras un apagón, en un drive-in abandonado. Finalmente, cuando empieza a amanecer, se sienta a manejar, muy borracho, y muere accidentado en el auto".

La idea era que la película comenzara con el accidente para luego examinar la vida y la obra de su malogrado protagónista. Por entonces, según reportan Peter Bogdanovich y el biógrafo Joseph McBride, Orson Welles sentía cierta amargura: a él, que llevaba décadas como independiente en la industria, le costaba un mundo hacer una película… y le parecía que, a fines de los 60, había mucho tipo sin talento con cámara en mano y financiamiento de los estudios, mientras él tenía que publicitar vinos y hot dogs. ¿Para qué? Para financiar un proyecto que, entre otras cosas, incluye una película dentro de otra.

En manos de Irán

El rodaje comenzó en Hollywood, en agosto de 1970, con una versión del guión que dista significativamente de lo escrito cuatro años antes bajo el título Las bestias sagradas. Ahora, el alter ego de Orson no está "enganchado" de un torero en España, sino de un joven al que conoce en México y que, tras fingir un intento de suicidio, es reclutado por el protagonista para su próxima película.

Según informa wellesnet, en 1971 el director de La dama de Shanghai y El proceso filma "donde y cuando tiene dinero suficiente". Entretanto, recibe con 55 años un Oscar honorífico por "el talento artístico y la versatilidad superlativas en la creación de películas". Con la misma estatuilla, reza la leyenda, intentó pagarle al director de fotografía a falta de circulante.

Tras parar más de un año para hacer F de fraude, que terminaría siendo su último largometraje, Welles escoge recién en 1974 al protagonista. El rol recae en Huston, colega y amigo por décadas. Juntos comparten seis semanas de trabajo en una casa arrendada por Welles en un lujoso condominio desértico, en las afueras de Phoenix, Arizona.

Para 1976, finalmente, el rodaje está completo. Pero ahí es cuando Welles se entrampa en una amarga disputa legal. Había conseguido US$ 1 millón para financiar la cinta, la mitad del costo total. La otra mitad vino de Les Films de l'Astrophore, compañía iraní con sede en París y cuyo jefe máximo resultó ser cuñado del Sha de Irán. Llegado a ese punto, un inversionista español malversó cerca de un cuarto de millón y desapareció. La compañía iraní accedió a reemplazar los fondos faltantes con la condición de subir su porcentaje de las ganancias. En los hechos, Les Films de l'Astrophore pasó a tener un 80% de la película negando a Welles. En febrero de 1979 triunfa en Irán la Revolución Islámica y todos los activos extranjeros quedaron en manos de Teherán, incluyendo Al otro lado del viento y su posproducción inacabada.

Tras la muerte de Welles en 1985, Oja Kodar heredó los derechos sobre sus películas e intentó encontrar financistas que "compraran" la película iraní. Tardó 17 años en lograr apoyo en la cadena Showtime, que, a su vez, tuvo problemas legales con una de las hijas. Resuelto en 2007 todo lo que, presuntamente, quedaba por resolver, al año siguiente Showcase puso pausa al proyecto por "razones no especificadas", según afirma wellesnet. Y así sigue la historia sin fin de una película maldita.

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