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Las confesiones del homicida de El Bosque: vigilaba a sus vecinos y construyó polígono

<P> Carlos Espinoza mató a dos de sus vecinos y dejó a otros dos heridos, tras años de conflictos con ellos.</P>

Carlos Espinoza Espinoza fue noticia el 11 diciembre, cuando en las afueras de su casa, en el Pasaje Las Violetas, de El Bosque, mató a dos de sus vecinos de la casa colindante: Carlos Monzo Sobarzo (59) y su hijo Carlos Monzo Iturrieta (39). En el ataque -donde remató en el suelo al mayor- también le propinó cinco heridas de bala a Iris Iturrieta (60), madre y esposa de las víctimas, y baleó a otro hombre que intentaba detenerlo. Cuando lo detuvieron, dijo no estar arrepentido y justificó el ataque por el supuesto bullying que sus vecinos le hicieron durante años.

Tras el crimen, se conocieron más detalles: Espinzoa tenía tres cámaras de vigilancia para observar a sus vecinos, agregó altos muros para separar las viviendas, portaba dos armas y un cinturón adaptado especialmente para transportar la gran cantidad de municiones que tenía. Y escondía más cosas. En el patio trasero de su casa construyó un subterráneo con material aislante de ruido y electricidad que, según él, usaba como polígono para practicar ante eventuales robos.

"Compré el arma .38 corta. No le atiné a nada cuando (una vez) me robaron la antena. Entonces compré la otra arma, más potente, y dije: 'Si tengo que evitar un robo, no le voy a atinar a nada de nuevo'. Entonces, construí ese hoyo para practicar, porque no tenía plata para ir a un polígono y pagar una sesión de tiro. Me las tuve que ingeniar. Sellaba todo para que no se escuchara nada y empezaba a disparar. Al principio, disparaba y no le atinaba a nada tampoco. Ahí practicaba y anotaba: apunté a tal parte y le atiné a tal otra, y así hasta que después pude lograr algo más o menos aceptable", cuenta Espinoza a La Tercera en el penal Santiago Uno, donde está detenido desde el 14 de diciembre, cuando fue formalizado por homicidio calificado, homicidio simple, lesiones graves y lesiones menos graves.

Dice que tardó un mes en construirlo, siete meses antes de los homicidios. "Me dijo que tenía un polígono de tiro para probar las armas y donde descargar su ira, como terapia, cada vez que se sentía sobrepasado por el bullying", cuenta Felipe Moraga, defensor público. La policía hará más indagaciones en el lugar.

Luego de su detención, en la población se difundió el rumor del subterráneo. Porque antes, pocos sabían de Espinoza: apenas salía de su casa, no los miraba en la calle y sólo sabían que nunca estuvo preso. Por eso, a todos los sorprendió el ataque.

"¿Por qué los maté? Fue por un mal momento. Estaba cansado (...). Ellos me echaban la choreá, pero yo no me quería cruzar con ellos para que no me provocaran. También tenía cámaras (...). Yo tenía cinco DVD con lo que hablaban y con lo que hacían (...). Así yo tenía pruebas para el tribunal (...). Las cámaras estaban todo el día prendidas. Si tenía que hacer algo, dejaba programada la computadora. El tiempo que no estaba vigilando, cualquier cosa que hicieran quedaba grabada. Todos los días revisaba si habían hecho algo", cuenta.

Espinoza dice que el problema con sus vecinos comenzó hace 20 años. Supuestamente, su madre le habría prestado una manguera a los Monzo y, cuando la fue a pedir de vuelta, "el marido le pegó un puño. Ahí empezó todo el problema".

Según él, se acumularon más hechos, desde insultos hasta otro incidente con la camioneta de los vecinos y su madre. Recuerda que el día del asesinato, cuando vio al hijo auxiliar a su padre, recordó esa supuesta golpiza hacia su madre: "Vi al hijo y le dije: 'Eso pasa por haberle pegado a mi mamá'. Y él me dice: '¿Quién le pegó a tu mamá?'. Pero yo lo había visto. Mi mamá tenía el ojo negro (...). Empezó a caminar y ahí le disparé".

Evaluaciones siquiátricas

Son cuatro las evaluaciones siquiátricas que se le aplicarán a Espinoza. "No podemos llegar al tribunal oral, aunque la defensa no pida nada, con una persona tan irracional sin acreditar que está en condiciones de ser juzgado", dice el fiscal de la zona sur, Miguel Villavicencio. Además, se pericia el material incautado en su casa, como los DVD.

En una de las entrevistas con los siquiatras, que forma parte de la investigación, Espinoza cuenta que su madre tenía problemas con el alcohol, que no tiene buena relación con su padre, que terminó la educación media cuando era mayor, pues la había abandonado en séptimo básico, el año en que se enamoró de una compañera: "Nunca he sentido esto por otra persona".

En el informe dice que no necesita la gente y que tiene un computador, con lo que se llenaba el tiempo: "Con el computador conocía todo, con el internet tenía todo. Era mi mundo. Conocía países, no necesitaba salir".

Cuando fue detenido, dijo no sentir culpa. Ahora piensa distinto: "Yo ahora estoy arrepentido, porque tenía otra salida, que era haber sacado a mi vieja de ahí", pero reconoce estar más tranquilo. "Es como si se hubiera hecho justicia (...). Lo único que agradezco es no haber matado a ningún inocente. Gracias a Dios. Los que murieron los maté porque me habían hecho un daño enorme, de arruinarme la vida sin ningún motivo".

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