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Su encuentro con Pinochet y su "traición" a Santander

<P>Juan Antonio Samaranch tuvo amigos en Chile. Uno lo ayudó a ser presidente del COI; otro lo invitó a Santiago, en 1981, y con el último vivió un episodio lamentable, tras el escándalo de Salt Lake City.</P>

El año en que la Torre Santa María se quemó, en que el Festival de Viña del Mar vivió su mejor edición, el del inicio de la gran recesión económica en Chile, el de la clasificación del país al Mundial de España... Corría 1981 y proveniente de Barcelona llegaba a Santiago Juan Antonio Samaranch, una singular visita, conocida sólo en las altas esferas, que se alojó en la suite presidencial del hotel Sheraton y que se entrevistó con el ex Presidente Augusto Pinochet. Un tipo anónimo por estos pagos, pero con un poder que ya se quisieran muchos.

El ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) no tendrá una estrecha relación con los chilenos, pero al menos se le vincula directamente con tres de ellos. De la fría recepción de Pinochet, quien en vano confirmó el apoyo del gobierno a los Panamericanos de 1987 (tras el terremoto del '85 se presentó la renuncia de la sede), pasó a la consolidación de amistades. Primero con el dirigente del boxeo Alejandro Rivera, luego con el ex timonel del Comité Olímpico de Chile (COCh) Gustavo Benko, el principal promotor de la visita del catalán, la única de este tipo a la fecha.

"A Alejandro le debo en gran parte que esté ocupando la presidencia del COI", reconocía Samaranch el 20 de noviembre de 1981, a un año de haber asumido el sillón olímpico.

Benko entrega detalles de su visita, la que se extendió por casi una semana: "Se nos ocurrió crear la primera Academia Olímpica Nacional de Sudamérica y le pedí que viniera a vernos. Hubo varias charlas para difundir la doctrina y también se reunió con Pinochet, quien le dijo que los Juegos serían muy austeros... En esos tiempos nos enviábamos cartas y se conocían nuestras esposas".

Pasó una década y otro titular del COCh creó con él un fuerte nexo. Se trataba de Sergio Santander (fallecido en 2006), quien por esos tiempos era miembro del COI y se codeaba con reyes, emires y gobernantes. No por nada, en su honor nombró al Museo Olímpico con su apellido, pese a que el español no quería.

Pero esta amistad tuvo un fin abrupto, cuando en 1999 estalló el escándalo de Salt Lake City. Ahí se manchó el nombre del chileno, acusado de haber recibido sobornos por 20 mil dólares... Era el fin de la época dorada de Santander, quien se gastó el resto de su vida en demostrar su inocencia y en esperar la exculpación pública del COI y de su amigo Samaranch, quien nunca más le recibió un llamado telefónico.

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