Tomás González hace escuela
<P>El mejor gimnasta nacional de todos los tiempos habla de la situación de su deporte en Chile y de su propio proyecto para ayudar a los niños a desarrollarlo</P>

Me tocó súper difícil, al igual que a muchos otros deportistas, partí con el apoyo de mi familia principalmente, luego tuve la suerte de entrenar con un ruso (Eugenio Belov), pero pasó lo que pasa en Chile constantemente: no hay apoyo. Finalmente, él se fue del país y estuve 5 años sin entrenador". Esto es parte de lo que relata Tomás González a La Tercera cuando recuerda sus inicios y lo complicado que es ser gimnasta en este país. Y agrega: "He tenido muchas experiencias difíciles, pero por suerte también he tenido la constancia de seguir; gracias a eso he podido llegar a la cima de mi carrera".
El deportista de 30 años cree que los tiempos han cambiado para mejor, pero que aún existen problemas que impiden que existan más tomases en Chile. "Hoy en día es más fácil acceder a un club de gimnasia, pero hay un vacío para pasar del nivel interclub al nivel élite. Para los que quieran destacarse a nivel internacional se necesita una planificación a nivel nacional, donde haya captación de talentos y una buena capacitación de entrenadores".
Y es que, según el multimedallista, el país se está quedando atrás. "Los técnicos en Chile no están a nivel internacional. Son técnicos de nivel más básico, y eso se nota. Si uno va a Colombia o Brasil se aprecia un desarrollo más completo en el alto rendimiento", sentencia.
Lo que denuncia Tomás González, que Chile se está quedando atrás en la gimnasia de alto nivel, se refrenda con los datos que aporta el Instituto Nacional de Deportes. Según sus cifras, en el área de alto rendimiento, sólo de 2011 a 2012, bajo el impacto Tomás, se pasó de tener ningún hombre y 40 mujeres beneficiarios de proyectos de gimnasia deportiva a 154 y 824, respectivamente. Pero el desplome actual es demoledor: en 2015 sólo se registraron 27 hombres y 47 mujeres.
Una curva de efervescencia en la gimnasia chilena que coincide con los mejores y peores momentos competitivos de Tomás González. De las hazañas a las lesiones. Y en la decadencia cuantitativa ha influido decisivamente también la grave crisis que sufre la Fedegichi.
"Yo creo que hubo un antes y un después en la gimnasia en Chile, gracias a lo que yo di a conocer a través de mis resultados, posicionándome a nivel olímpico y mundial", afirma González, consciente de la importancia que tuvieron sus acrobacias. Y también es sensible al declive actual. Y quizás para demostrar que no es indiferente a la situación que sufre en Chile su deporte, el mejor gimnasta nacional de todos los tiempos ha decidido involucrarse en cambiar de nuevo el rumbo.
Sobre todo, porque ve abierta una ventana para la esperanza: que los niños siguen mostrando interés por la gimnasia. "Las mamás se me acercan y me dicen que sus hijos les dicen que quieren practicar gimnasia, que en cuál escuela pueden meterlos a entrenar", comenta.
Por eso, González, en marzo, inaugurará su propia escuela en los recintos de una universidad que no quiere aún revelar por la falta de la firma final en el proyecto: "Está casi todo listo para abrir nuestra escuela de gimnasia, que es otro sueño que siempre he tenido. Creo que saldrá todo bien, pero espero que se concrete primero". Si bien, su centro de entrenamiento no estará enfocado al alto rendimiento, tampoco lo descarta. "Si se da (tener niños con alto rendimiento) nos enfocaremos en algún grupo que quiera, pero vamos a partir de a poco, obviamente".
Y hasta apunta sus ganas de trabajar personalmente como entrenador de la escuela, aunque no a corto plazo. "Hasta que no deje la alta competencia no podré dedicarme como entrenador. Quizás después de los Juegos iré un par de horas, pues tengo una experiencia que no tiene nadie acá y me gusta enseñar todo lo que he aprendido afuera. Enseñar gimnasia de calidad".
La crítica situación de la gimnasia chilena en la actualidad contrasta con lo que se vivió hace tan sólo unos años, cuando Tomás González saltó a la fama. Decenas de entrenadores y profesores en Chile aumentaron sus horas de trabajo gracias a la cantidad de niños y niñas que se sumaron a la dura tarea de convertirse en gimnastas y moldear su cuerpo a través de este deporte. Y es ahí, en la base, donde la mecha sigue prendida.
De norte a sur, el incremento en el número de niños que empezaron a realizar actividad física, a través de saltos, giros, volteretas, anillas y paralelas, fue abismal. Aunque la Federación de Gimnasia de Chile, Fedegichi, no maneja datos estadísticos que lo avalen, según aseguró a este diario su presidente, Eduardo Bahamondes. Ni de clubes ni de practicantes. "Pero es un hecho la influencia de Tomás", afirma el timonel, "y no sólo por sus logros deportivos. Todos lo perciben como un tipo ordenado, profesional y responsable".
Sin poder sujetarlo con datos palpables, dirigentes y entrenadores se suman de palabra a la sentencia de que el aumento es evidente a lo largo de todo el país. Antonio Espejo, el entrenador de Tomás González, es rotundo: "Los clubes en Chile eran pocos, pero hoy en día se crearon en ciudades grandes y pequeñas; demostrando así la influencia que Tomás dejó tras Londres. No hay pueblo o ciudad de Chile que no tenga un club gracias a Tomás".
Lorena Figueroa tiene 34 años y fundó la rama de gimnasia artística del Club de Antofagasta hace años, antes de que irrumpiera la figura de González. "El proyecto se inició en 2005 con cinco gimnastas. En 2006 ya eran 30. Y en 2010, 60. Y hoy entrenan alrededor de 90 niños y niñas desde un año y medio de edad hasta 22". Figueroa, psicóloga de profesión, confiesa que "ninguno" de los que trabajan en su club son profesores de educación física: "Simplemente estamos enamorados de la gimnasia".
En Santiago, en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Claudia Perelman fundó hace dos años su propio club, ya sí tras el impacto Tomás González. Además, es académica de la misma universidad, donde imparte clases de gimnasia artística a las estudiantes de tercer año de Pedagogía en Educación Física. Hoy, con 47 , tiene 80 niños que van desde los dos años hasta los 50. Perelman asegura que hay un cambio evidente desde la irrupción de Tomás, "desde la cobertura y difusión que hoy se le da a la gimnasia hasta la cantidad de personas que desean practicarla".
Joseph Mancilla, recién egresado de Pedagogía en Educación Física, con apenas 25 años, es el encargado de la academia de gimnasia artística de la Universidad Austral de Chile. Recibe a 25 niños y niñas entre 4 y 16 años. Mancilla está de acuerdo con sus colegas: "Muchos papás llegan acá porque vieron a Tomás González en la televisión y quieren que sus hijos sean como él".
Los tres entrenadores concuerdan en una cosa: existió un antes y un después de Tomás González en la gimnasia chilena. La cantidad de niños y jóvenes que realizan gimnasia artística, principalmente luego de sus actividades cotidianas, estudio o trabajo, ha ido en aumento. Hoy en día no es necesario promocionar ni captar jóvenes potenciales gimnastas, pues basta con las redes sociales para que los gimnasios se llenen y los profesores se turnen para poder entrenar a las decenas de interesados.
Un dato que avala el crecimiento de la gimnasia a nivel aficionado. La Liga Escolar de Gimnasia Artística (LEGA), que reúne ocho veces en el semestre a equipos femeninos, ha aumentado la cantidad de colegios que participan. En 2001 asistían sólo 6 colegios, el 2011 ya la cifra alcanzaba más del doble (14), para así este año tener 24 establecimientos de diferentes comunas inscritos, con un promedio de 60 gimnastas cada uno.
Francis Anguita, profesora de educación física en el colegio Sagrados Corazones de Alameda, y tesorera de LEGA, reafirma la necesidad de abrir más ramas de gimnasia. "En mi colegio, por ejemplo, sólo entrenaba con niñas hasta 2012. Luego se abrió para los varones, pues acá estaba la idea de que la gimnasia era para mujeres", confiesa. Hoy tiene 10 hombres y 80 mujeres.
Quizás con la escuela que va a a abrir Tomás González, con su implicación directa y personal en la enseñanza, la gimnasia chilena pueda volver a saltar.
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