Por Cristóbal BleySu madre tiene la enfermedad y ahora él lidera la fundación que ella creó: la inspiradora historia del kinesiólogo que combate el párkinson
Miguel Pino es académico en la U. Católica de la Santísima Concepción y dirige UPA Biobío, fundación pionera en tratar los síntomas de esta enfermedad con ejercicios probados científicamente. Acaba de mostrar en el Congreso Mundial de Parkinson los resultados de su terapia estrella: el neuroboxing.

Tras egresar como kinesiólogo, Miguel Pino García, buscó su destino en diferentes hospitales y clínicas en Biobío, su región natal. Pasó por Concepción, Quirihue y Talcahuano, solo para confirmar que su vocación estaba en casa. “Mi mamá tiene la enfermedad de Parkinson hace 30 años”, cuenta por videollamada desde el sur. “Ella fue mi escuela de trastornos de movimiento. Después yo le di forma con un magíster en neurociencias y varios diplomados, pero la realidad de esta condición yo la vi día a día. Así comenzó mi compromiso con el párkinson”.
Su madre, de hecho, fue quien creó la fundación Unión Parkinson Biobío (UPA) en 2016, cuya misión es llevar información y rehabilitación de calidad, basada en evidencia científica, a las personas y familias que sufren la enfermedad. Desde entonces, Miguel es su presidente.
La inspiradora historia del kinesiólogo que combate el párkinson
El párkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común en el mundo, una prevalencia que aumenta a medida que la población envejece: el 80% de los casos ocurre en mayores de 60 años y la edad promedio de diagnóstico es 76.

“Nuestro objetivo es acercar tratamientos eficientes a la gente y despejar mitos, porque hay muchas mentiras y tratamos de proteger a los pacientes y sus familias de ellas”, dice Miguel Pino García, académico de la carrera de kinesiología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC). “La que más se repite es que el cannabis es cura para el párkinson, pero también hay un montón de otras cosas, como la auriculoterapia, las camas de cuarzo; tratamientos muy ofrecidos en redes sociales y que no son baratos, entonces ahí se vuelven peligrosos”.
Por el contrario, cada vez hay más estudios que demuestran que el ejercicio físico es fundamental para contrarrestar los síntomas del párkinson, en especial el de la falta de equilibrio. Pero no cualquier ejercicio: Pino identificó que la actividad física desafiante, aquella que además de producir cansancio exige atención, coordinación y fuerza, es la más efectiva para mejorar el balance. Y pocas como el boxeo.
“Investigando, nos dimos cuenta de que prácticamente todo el cerebro está metido en el sistema de control del equilibrio. Por lo tanto, para que un ejercicio lo mejore debe tener un componente desafiante, que exija a los sistemas nerviosos. Pero el ejercicio tradicional para párkinson se hace sentado, sin intensidad. Nos preguntamos: ¿qué modalidad de ejercicio, entre todas las que hay, tiene estas exigencias? Así apareció el neuroboxing, que en UPA Biobío les enseñamos a nuestros 25 pacientes y sus cuidadores”.

No para que ellos se peguen entre ellos, sino porque el entrenamiento junta los tres elementos que estaban buscando: aeróbica, fuerza y complejidad. Lo midieron con pruebas clínicas y en poco tiempo observaron más firmeza en la movilidad, más seguridad y una percepción de mejor equilibrio de parte de las personas. “El boxeo está muy de moda para tratar el párkinson fuera de Chile y acá nosotros fuimos los primeros en desarrollarlo y los únicos que lo siguen desarrollando hasta el día de hoy”.
“Reducimos síntomas del párkinson en ocho semanas”
¿En cuánto tiempo un paciente puede ver que su equilibrio mejora mediante el neuroboxing?
Nosotros no ofrecemos tratamientos sin evidencia. En 2017 ofrecimos un programa donde le asegurábamos a los pacientes que en tres meses de entrenamiento ya tendría mejoras en el balance. Pero quisimos ir más allá: lo condensamos, lo volvimos a medir y, con dos meses de entrenamiento, pudimos no solo mejorar el balance sino que controlar los síntomas del paciente. Toda la evidencia científica decía que para esos resultados se requieren más de tres meses de terapia, incluso seis, pero nosotros lo logramos en ocho semanas. Gracias a eso nos aceptaron en el último congreso mundial de párkinson.

¿Cuesta que los pacientes entiendan que el ejercicio es clave para tratar los síntomas?
No hay que olvidar que la de párkinson es una enfermedad que no tiene cura y que progresa ineludiblemente con el tiempo. Pero dentro de lo que se puede hacer para mejorar los síntomas y la calidad de vida hay dos cosas ampliamente conocidas en el mundo. Uno son los medicamentos, que los receta un neurólogo especialista y la gente los toma sin cuestionarlos mucho. Pero el otro tratamiento es el ejercicio físico y la movilidad. Hace 10 años los neurólogos no lo indicaban, pero hoy en día sí: les dan medicamentos y un programa de ejercicios. Pero aún así cuesta que el paciente se comprometa con la actividad física. Pero esa es uno de nuestras misiones y es algo concreto en lo que los kines podemos ayudar.
A pesar de que unas 35 mil personas sufren de párkinson en Chile, no hay muchas organizaciones que hagan lo que hace UPA Biobío.
Cada vez más personas sufren de esto, y la tendencia dice que se pueden duplicar los pacientes en 2050. Por eso, nos gustaría que nuestro modelo pudiera estar en más partes. En la pandemia tuvimos varios pacientes de Santiago, que entrenábamos vía Zoom. Y después nos preguntaban, ¿dónde puedo seguir haciendo esto? Pero no teníamos una respuesta. Estamos tratando de expandirnos y llegar a más lados. Entrenamos a pacientes con párkinson en la fundación y las cosas que hago en la U. Católica de la Santísima Concepción están relacionadas a lo mismo: cómo tratar la pérdida de balance y de qué forma enseñarlo a los alumnos. Mi interés académico es desarrollar esto en una universidad que está potenciando la investigación. Vincular el trabajo comunitario que hacemos en la fundación con la capacidad académica para impulsar esto todavía más. Hay tanto que investigar. Como ahora lo cubre Fonasa, se están haciendo muchas más operaciones para el párkinson. Entonces se abren preguntas. ¿Cómo se beneficia del ejercicio un paciente después de ser operado? ¿O cómo, a través del ejercicio, un paciente puede ser un mejor candidato para operarse?
En estos diez años que tiene la fundación, ¿cuánto ha cambiado la cultura en Chile respecto al párkinson?
Ellos nos cuentan que antes la gente pensaba que estaban borrachos o bajo el efecto de sustancias, solo por caminar lento o tener temblores en el cuerpo. Yo he sabido de personas con párkinson que son sacadas de lugares públicos porque, les dicen, no las pueden recibir en ese estado. “Por favor deja de temblar antes de sentarte en mi café”. Pero eso ha ido cambiando. Abunda el desconocimiento aunque hay más disposición a preguntar qué les está pasando, ofrecer un asiento o un vaso con agua. Entre los grupos de pacientes nos reímos porque el vaso con agua no ayuda mucho, pero está la actitud, que es lo que importa.
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