Por Lucas MujicaEl adiós forzado del árbitro que forjó su vida entre el fútbol y el banco
Felipe González deja la actividad por una norma que en Chile fija los 45 años edad tope para dirigir. Exjugador y hoy funcionario bancario, repasa su carrera y defiende el momento del referato nacional.

Felipe González siente que estaba en el mejor momento de su carrera. Venía de dirigir la Recopa Sudamericana y la Supercopa de Chile. Sin embargo, el reglamento interno del arbitraje nacional le recordó un límite inamovible: la edad.
“Nosotros tenemos claras las reglas del juego desde el principio. El tope son 45 años”, dice. Cuando ingresó al referato, hace más de una década, esa frontera parecía razonable. “En ese tiempo, jugadores y árbitros llegaban a esa edad y el físico no daba más”. Pero el fútbol cambió. Los deportistas extienden sus carreras hasta los 40 o 41 años gracias a la preparación y el cuidado. “¿Por qué no aplicar el mismo criterio a los árbitros?”, se pregunta González.
En el resto de Sudamérica y en Europa no existe esa restricción. “Está obsoleta”, sostiene, apuntando a que ni la FIFA ni la Conmebol fijan un límite etario. En Chile, en cambio, la norma sigue vigente. Hubo conversaciones con la comisión arbitral y con el sindicato. “Se llevó a votación, pero empezaron a colocar normas que a los árbitros no les gustaron. Que fuera condicionado, no para todos”. La iniciativa se estancó. Para González, la decisión final siempre estuvo en manos del directorio de la ANFP. “Ellos pueden cambiar la norma. La pelota siempre ha estado en esa cancha”.
Su retiro, entonces, fue reglamentario. Eso explica el tono de su balance: mezcla de satisfacción y de inconcluso. “La madurez del árbitro llega después de los 40. Ahí uno entiende más el fútbol, lee la jugada, se anticipa. Eso te lo dan los años”. Siente que estaba viviendo ese punto de inflexión.
Fuera de la cancha, su recorrido laboral continúa. Trabaja en el Banco Estado y proyecta seguir capacitándose internamente. Estudió Gestión de Servicios en mención Pymes y, además, es preparador físico. También planea crear una empresa para capacitar árbitros amateurs en municipalidades y asociaciones. “Robustecer el procedimiento, aclarar dudas y derivar a jóvenes con talento al INAF”, explica. Quiere devolver parte de lo aprendido.
En esa línea, hace un llamado a los árbitros a multiplicar sus labores, si es que pueden. “Actualmente, toda la Primera División está profesionalizada. Hace un par de años teníamos sueldos súper bajos, ganábamos de acuerdo a los partidos dirigidos. Ahora eso cambió. Con lo que gana un árbitro alcanza para vivir. No para ahorrar. Yo les digo que si se da la posibilidad de complementar, es lo ideal. Si yo no hubiera hecho eso, ahora estaría cesante”, dice.
Cambio de rol
Su historia en el arbitraje comenzó casi por accidente. Antes de vestir de negro, González fue jugador. Pasó por Tercera División, jugó en Primera B, donde fue campeón, y también en Primera con Santiago Morning. Esa experiencia marcó su estilo. “Fue el plus de mi carrera”, afirma. “El diálogo interno con los jugadores se da mucho. Hay que tener la capacidad de llegar a ellos”, apunta.
“Hay jugadores que reclaman con vehemencia. Les dices ‘quédate tranquilo, el técnico va a hacer el cambio’. O les preguntas ‘¿qué te pasa hoy día? No has pedido la pelota’”. Esa interacción, dice, le permitió gestionar los momentos de tensión.
A la hora de elegir al futbolista que más lo complicó para dirigir, no duda: “Jorge Valdivia. Era complejo, porque es talentoso”.
La paradoja por su pasado no pasó inadvertida para sus excompañeros. “Se reían de mí. Me decían ‘tú pegabas más patadas que todos y ahora estás impartiendo justicia. Eres el diablo vendiendo cruces’”.
Dirigió a varios de ellos: Esteban Paredes, Humberto Suazo, Cristián Álvarez, Milovan Mirosevic. “Conversábamos de la vida. Seguíamos ligados a lo que tanto amábamos, que es el fútbol”, dice.
No todos los partidos fueron distendidos. Recuerda un Colo Colo ante Universidad Católica en el que adicionó once minutos. El encuentro terminó con remontada alba. Las críticas llegaron de inmediato. El entonces técnico cruzado, Nicolás Núñez, lo cuestionó públicamente. “Hizo un juicio valórico”, recuerda González. Días después, el DT lo llamó para disculparse. “Le dije que como técnico tiene que dar ejemplo”. Ambos fueron compañeros en las juveniles de la UC.
Para González, la figura del árbitro carga con una condena previa. “Siempre somos la carne de cañón”, resume. Para el hincha, la derrota suele tener un responsable: “Las chuchadas son parte de la idiosincrasia. En Europa no reclaman nada, acá se vive distinto. Si no estás preparado para esa presión, no puedes ser árbitro”.
Un diagnóstico positivo
Sobre el momento actual del arbitraje chileno, González es categórico: “Está en un muy buen pie”. Recuerda la polémica de 2022, cuando la llegada de Javier Castrilli a la comisión derivó en despidos masivos y una fractura interna: “Fue la mayor crisis de la historia. Estuvimos a punto de detener el campeonato”.
Las críticas, sostiene, son inevitables. “No podemos dejar contentos a los 22 jugadores. Siempre hay un equipo que va a reclamar”. Distingue entre el cuestionamiento técnico y el juicio de valor. “Si nos dicen ‘aquí se equivocaron por esto’, hacemos la autocrítica”.
Felipe González se retira convencido de que el debate sobre la edad tope sigue abierto. “La norma se puede corregir aunando voluntades”, insiste. De aquí en adelante, cambia el silbato por el trabajo bancario.
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