El ogro eterno

El reto a Cerda en plena cancha tras su taquito escenifica el viejo carácter de Basay. Una fórmula de éxito que aquí definen sus ex pupilos.


Quienes conocen a Ivo Basay (52) desde hace más tiempo dicen que siempre tuvo un fuerte carácter. Que puede llegar a enfrentarse con sus pares en la defensa de sus intereses y que no vacila a la hora de imponer su criterio sobre otro, sea superior, par o subalterno. Bien lo probó Fabián Cerda, quien, tras sobrarse con un taquito fuera del área hace unos días, fue retado por su jefe en mitad de la cancha sin esperar a llegar a camarines.

“Si Ivo peleaba siempre era en beneficio de los compañeros y del cuerpo técnico”, acota Pablo Contreras, quien recién ascendía al primer equipo de Colo Colo, tuvo un encontrón con Basay que marcó su relación: “Discutimos en un entrenamiento. Yo era un cabro chico y él tenía una personalidad poderosa, fuerte, pero no me achiqué. A Ivo le fascinó mi actitud. Y le dijo a Gustavo Benítez que ya estaba listo para subir al primer equipo, que tenía que ascenderme. Y me subió. Al final Ivo me dio una mano”. Por esos días, los más nóveles se vestían aparte de los veteranos y debían salir de las duchas con el champú en el pelo si estos llegaban.

En Macul se recuerda otra anécdota. En 1997, Colo Colo cayó por penales ante Cruzeiro en la semifinal de vuelta de la Libertadores. Un jugador brasileño se burló de los albos. Basay y Juan Carlos González organizaron la venganza en el túnel de vestuarios. “Botamos la reja, con Basay. Hubo algunas caricias para él. Lo subimos y lo dejamos en unas ligustrinas. Persona que pasaba por ahí, le daba su patadita”, recapituló González en el programa Código Camarín.

En octubre de 2018, Basay dejó de trabajar como comentarista televisivo y aceptó la banca de Palestino después de tres años de inactividad. Debía salvar a los tricolores del descenso y conseguir el título en la Copa Chile. Logró ambos objetivos.

“Basay transmite, convence desde la palabra. Con esto de jugar tan seguido, no tenemos tempo para trabajar, y su mensaje llega desde la charla. En los entretiempos ante Talleres, nos decía que estaba seguro de que íbamos a ganar, que confiaba. Nos convenció. Sabe llegar con la palabra”, dice Agustín Farías.

El volante identifica sus características: “Cuando se entrena, es serio, impone respeto. Su carácter es fuerte, pero también se puede hablar con él de otros temas que no sean relacionados con el fútbol. Como entrenador es detallista, pero también sencillo para llegarle al jugador”.

Se suma Henry Abuawad, presidente de la Comisión de Fútbol de Palestino: “Se habla mucho de su personalidad fuerte, pero nosotros no hemos tenido problemas. No le he visto nada como para decir que es complicado o duro de carácter. Con nosotros ha sido respetuoso, accesible. Jamás una falta de respeto. Raya muy bien la cancha, transmite muy bien las cosas a los jugadores, pone los límites. Cada uno sabe hasta dónde puede llegar. Eso se traduce en buenos resultados. No es un entrenador que te exija, que te esté llamando siempre, que te llene de problemas. Estamos contentos con él”.

Y añade: “Basay no inventa. Es súper pragmático. Ordena bien el equipo, a cada jugador en el puesto que domina. Es súper simple en ese sentido. Nos han tocado técnicos que ponen defensas de delanteros. Armó un camarín maravilloso. El ambiente es muy bueno. La comunicación es muy fluida. Todo eso se nota”.

La fórmula de éxito de un ogro eterno.

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