Macarena Pérez, ciclista de BMX: “Vi una vaca jugando con una pelota y dije: ‘sí, tienen sentimientos’; me hice vegana”

Una de las mejores cartas olímpicas de Chile, en la modalidad ‘freestyle’. Ya clasificada a Tokio y con la plata en el Mundial 2019 como bandera, se entrena en California para prepararse para una temporada pausada por el coronavirus.




Macarena Pérez (23) nunca pensó en ir a unos Juegos Olímpicos. Mucho menos que llegaría como medalla de plata panamericana y mundial. En cuarto medio, solo pensaba en que en la universidad no iba a tener tiempo para dedicarse al BMX, así que decidió posponer los estudios y dedicarse solo a la bicicleta. La pausa por el coronavirus la encontró en Tehachapi, un pequeño pueblo de California donde está ubicado el centro de entrenamiento de los mejores riders del mundo.

Alcanzó a llegar a California.

Justo una semana antes de que se cerraran las fronteras, el 20 de febrero. Igual desde el primer momento me armé un plan, sabía que esto se venía para largo. Hablé con mi preparador físico y me mandó comprar implementos para entrenar en casa. Lo bueno es que Tehachapi es un pueblo rural, metido entre montañas, y no hay casi infectados. Woodward, el centro de entrenamiento, ha sido súper comprensivo y abre las puertas a los riders que vivimos aquí. No somos más de 10.

¿O sea, la cuarentena no le ha afectado?

No, al contrario, tengo más tiempo. Antes llegaba a Estados Unidos, tenía un mes intensivo de entrenamiento y luego me iba a un campeonato. Después, regresaba por dos semanas, entrenaba, y de vuelta a otro campeonato... Siempre fue así. Ahora está todo demasiado tranquilo. Como que me desespera un poquito, incluso.

¿Cómo usa el tiempo libre?

Aprendiendo a meditar, por ejemplo. Hace un par de semanas tuve un punto de desmotivación, por lo que ocurre en el mundo y el deporte. Como recién volveré a competir en octubre, me sentí un poco perdida y desmotivada. Así que empecé a meditar para que este tiempo fuera provechoso y no perdido. También me he dedicado harto a cocinar. Hace un tiempo dejé de comer carne y estoy con un plan nutricional vegano.

¿Hasta se hizo vegana?

Desde siempre me han dado demasiada pena los animales. Y el año pasado, tras los Panamericanos, vi un video de una vaca jugando con una pelota y dije: ‘sí, tienen sentimientos’. Después, vi un documental que mostraba a muchos deportistas veganos. Ahí me decidí, me hice vegana. Y ha sido la mejor decisión, porque ahora me siento más liviana, más ágil. Igual lo decidí junto a mi nutricionista, que es especialista vegana. Si no, me hubiese pasado lo que a muchos, que terminan dejando de comer nutrientes esenciales y les da anemia.

Se hospeda en la casa de otro referente: Coco Zurita.

Sí, me quedo siempre en su casa. Lo conozco desde chica y el año pasado comenzamos a ver las posibilidades, porque vive al lado de Woodward. El año pasado me recibió y este año no sabía si quería arrendar una pieza o no. Me dejó quedarme unas semanas para buscar otro arriendo. Al final igual me terminé quedando con él nuevamente. Es una motivación más estar con el chileno que más lejos ha llegado en este deporte. Siempre está atento y preocupado, es casi como otro coach.

¿Cómo le vino el aplazamiento de Tokio?

Como que siempre supe que se iba a aplazar Tokio, era obvio. No todos teníamos las mismas oportunidades de prepararnos de la mejor forma. Ni hablar de que el mundo se recuperara. Al final, fue como “bueno, ya, un añito más”. Ahora, aprovechar de mejorar no más.

Llega como plata en el Mundial de China. Muchos se ilusionan con su podio en Tokio.

Hasta yo me ilusiono. En el último tiempo no había tenido buenos resultados, más por un tema sicológico que físico. Estaba un poco limitada a hacer solo trucos que me aseguraran puntaje y no algo tan arriesgado, donde me pudiera caer. Pero en el Mundial pensé que era mi último campeonato del año. Así que si me caía o lesionaba, iba a tener tiempo para recuperarme. Fue un todo o nada y salió bien. Recuperé mi confianza. Mi entrenador me ayudó a trabajar sicológicamente esas inseguridades.

Antes fue plata en Lima. ¿Cómo influyó en su carrera?

Me aterrizó un poco, porque desde que decidieron que mi especialidad iba a ser olímpica me costó darme cuenta de lo importante que era. Los riders nunca habíamos crecido con un sueño olímpico. Al principio, me tomé los Panamericanos como una competencia más. Estaba feliz por estar junto a mis amigas del BMX. Fue durante la competencia y sobre todo en la premiación cuando le tomé el real peso. No lo podía creer; fue bonito y me motivó para seguir. Desde que anunciaron que mi especialidad iba a estar en los Juegos siempre dije: “puedo clasificar, estar entre esas nueve que van a Tokio”.

¿Qué cambió en usted con la inclusión del freestyle en el programa olímpico?

Quizás que ahora me centro más en las cosas importantes, me organizo, ordeno más mi vida, porque estoy motivada en seguir mejorando. Ahora siempre estoy pensando en tener un mejor estado físico y en que tengo que preocuparme más de mi salud física y mental. Eso he cambiado.

¿Le ha afectado el mal momento que vive su federación, la de ciclismo?

No mucho. Sé que hace durante harto tiempo han tenido problemas y que los desafiliaron, pero en verdad como que no me afectó tanto. Nunca tuve una conexión de trabajar junto a la federación, sino directamente con el IND. Pero igual es una pena.

¿Qué tan accidentada está su preparación para Tokio?

Ha sido de locos, pero bacán, porque me he esforzado el doble ya que tengo una meta a la que llegar. Al doble en mis entrenamientos, en mi dieta… Como que esta rutina de atleta me gusta. Se me abrieron posibilidades. Ha sido genial.

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