El Deportivo

“Para el césped sintético está el hockey”: el verdadero temor de Boca Juniors ante la visita a la UC en el Claro Arena

La historiada disputa por la localía cruzada en el duelo de este martes tiene un trasfondo: la incomodidad xeneize por actuar en una superficie virtualmente desconocida.

Una celebración de Boca Juniors (Foto: @BocaJrsOficial, X).

Finalmente, la UC recibirá a Boca Juniors en el Claro Arena. La expresión se justifica en la incertidumbre que llegó a sembrarse sobre la sede del encuentro que marcará el estreno de ambas escuadras en la fase de grupos de la Copa Libertadores. La negativa de las autoridades gubernamentales a permitir el ingreso de hinchas xeneizes al recinto de Las Condes, una obligación según la normativa de la Conmebol, llevó a que en Luque llegara a plantearse la posibilidad de mover el encuentro.

Los argentinos presionaron en tal sentido. Primero, la dirigencia que encabeza Juan Román Riquelme (con todo el peso que implica su figura a nivel sudamericano) exigió que se respetara la disposición que obliga a recibir fanáticos forasteros. El incumplimiento derivaba en una multa de US$ 20 mil, aunque esa sanción no excluía el traslado del encuentro, un fantasma que fue creciendo con el transcurso de los días. Para los cruzados, salir de San Carlos de Apoquindo implicaba, por cierto, perder una de las ventajas comparativas frente al linajudo equipo xeneize.

Hay otro factor igual de determinante que el respaldo del público para que Boca intentara mover el encuentro: el flamante del estadio de la UC cuenta con una cancha artificial, un elemento que suele alterar a los futbolistas transandinos. Al otro lado de la cordillera, son escasos los clubes profesionales que han construido campos de juego de estas características. De hecho, Midland, que compite en la Primera Nacional, la segunda categoría del fútbol transandino, es el único que dispone de una cancha plenamente sintética.

En la categoría principal hay canchas híbridas, como las del Monumental de River Plate o la del UNO, de Estudiantes de la Plata. El resto son todas de césped natural. Casi un dogma vinculado al ‘potrero’, el origen de los futbolistas transandinos más talentosos de la historia. Según ese parámetro, un campo imperfecto obliga a mejorar la técnica.

Otro festejo xeneize (Foto: @BocaJrsOficial, X).

Riquelme a la cabeza

Hay un antecedente que sustenta la teoría de la resistencia boquense a jugar en césped artificial. En 2023, los azul y amarillo se resistieron todo lo que pudieron a enfrentar a Palmeiras, por la semifinal de la Copa Libertadores, en un campo similar al que encontrarán en la parte alta de la capital chilena. El campo de juego del Verdao, tal como el de la UC, cumplía con todas las certificaciones para recibir un duelo de esta alcurnia.

Esa vez, Riquelme no ocultó sus aprensiones por la superficie. “Ellos (Palmeiras) son muy difíciles en su cancha, porque vamos a una cancha de alfombra ,que no es el mismo juego que jugar en tierra. Eso también nosotros lo tenemos en cuenta”, explicó, con cierto tono despectivo.

Sergio Romero, entonces guardameta del conjunto xeneize, fue incluso más categórico que el timonel. “Me preocupa que es en sintético, que no es césped natural”, reconoció. “Es un poco raro que a esta altura de la vida estemos hablando de que un equipo de fútbol tiene cancha de sintético. La verdad que la Conmebol o la FIFA deberían decir ‘o híbrido o césped natural’, porque esto es fútbol. Para el césped sintético está el hockey“, sentenció el golero, quien figura en la historia del fútbol chileno por haber sido la víctima de la Roja en los títulos continentales de 2015 y 2016. La expresión y su estructura recuerdan otra, aunque en un contexto distinto. A propósito de Wimbledon, una leyenda transandina del tenis, Guillermo Vilas, afirmó que el pasto era para las vacas.

En esa jornada ante los brasileños, en el Allianz Parque, Boca salió ileso. Después de igualar 1-1, el equipo que dirigía Jorge Almirón, quien luego llegaría a la banca de Colo Colo, se impuso en la definición por penales y avanzó a la definición por el título continental. En la final, cayó ante Fluminense.

Consecuencias

Por esos días, la prensa argentina llegó al extremo de realizar estudios respecto de las alteraciones en las condiciones de juego. En el Claro Arena, hay que restar uno: el calor. El partido se jugará en un horario en que ese factor ya no tendrá incidencia en el ambiente ni en la temperatura de la cancha. “Al no estar acostumbrados a jugar en césped sintético, para los jugadores es más difícil predecir el pique de la pelota, ya sea su futuro destino o la altura que tomará tras impactar contra el suelo. Además, al ser superficies muy lisas, llanas y sólidas, a diferencia del pasto natural, el balón circula a una velocidad mucho mayor, lo que dificulta calcular la potencia para pases cortos o largos", escribió Página 12 respecto de la incidencia de la superficie.

“También es importante tener en cuenta que debido a la fricción excesiva que la superficie genera con el cuerpo, tirarse a barrer provoca que los futbolistas sean más propensos a graves raspones y diferentes tipos de heridas", añadía la publicación.

El temor también alcanzaba a las posibles lesiones. “Como los tapones no se hunden como en el pasto natural, es más posible que se atasquen en la superficie, por lo que un mal giro de una rodilla o tobillo puede desembocar en una lesión grave. Es por eso que la elección del tipo de botines es clave", teorizaba.

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