Vuelve el escultor del museo de cera: retratos de la generación dorada para dejar atrás las despiadadas críticas del Chino Ríos

Rómulo Aranburú aprovecha la cuarentena para diseñar la figura de Arturo Vidal. Luego se enfocará en Charles, Bravo y Medel. Relata el trabajo que implica y cómo lleva adelante los duros cuestionamientos que sufrió de boca del ex número uno del mundo.




Apenas Rómulo Aranburú (56) inicia el diálogo con La Tercera su imaginación empieza a hacer de las suyas. Es un artista, no quedan dudas. Sus primeras palabras apuntan a vivir la cuarentena con paz, invitando a imaginar qué hace cada pájaro al verlo en el aire. Hoy, el reconocido escultor centra sus esfuerzos en Arturo Vidal, su gran inspirador.

Desde su hogar, en Peñalolen, Aranburú busca dejar atrás las críticas que recibió por las figuras que diseñó para el Museo de Cera de Las Condes. El propio Marcelo Ríos, en julio de 2019, cuestionó al artista: “A quién mierda se le ocurre hacer esa hueas de estatua son todas iguales, típico de Chile apurado y mal hecho”, dijo el ex número uno.

El artista parte hablando de la figura del King que trabaja en su hogar: “Vidal siempre me ha llamado la atención, es un motivo de inspiración. Lo sigo desde que Vidal estaba en la Sub 20 de Chile. Siempre me llamó la atención. Me identifico con él: soy cercano a Dios. Arturo tiene varios tatuajes relacionados a eso. En la espalda tiene tremenda cruz. Aparte él juega para entretenerse y se feliz, no para ser millonario”, comienza diciendo el artista.

La estatua de Vidal mide 1,80 centímetros y pesa cerca de 50 kilos. Lleva dos meses construyéndola. “Desde que empezó la cuarentena me metí en la escultura de Vidal. Hay días que le dedico dos horas, y otros que me levanto y estoy hasta la madrugada. Depende de la inspiración que uno tenga….es como drogarse con Vidal”, dice, muy convencido.

El costo de la escultura, según advierte Aranburú, es bajo. Utiliza materiales que preferentemente ayuden a evitar la contaminación. “¿Cuánto he gastado? Cerca de $300 mil. Son implementos baratos, todo barato. Trato de ser lo más ecológico posible. Compré un maniquí que ya esté hecho, pero siempre son mal hechos. Lo uso de soporte y ahí empiezo a armar todo el asunto. Le hago un buen lijado a la estructura y voy diseñando las proporciones. Lo baño en cera. La cabeza es aparte, y es toda de cera. Después se pega”, comenta.

El escultor reconoce que su idea es llegar al Rey. Quiere conocerlo, al igual que al resto de la generación dorada. Irá paso a paso en su construcción. “No he intentado ubicar a Vidal, pero sé que lo vio y le gustó. Me encantaría conocerlo, que viera mi trabajo. Es mi sueño ir diseñando a todos estos grandes del fútbol. Ya estoy trabajando también en Alexis. ¿Por qué no más adelante hacer una escultura de Medel, Charles y Bravo? ¿Por qué no incluir a las figuras del Mundial del 62?”, dice, con un tono de voz que refleja su motivación. “Pero hay que tener plata para eso y la cosa está difícil. Estoy muy corto. Llevo ocho meses sin hacer ningún tipo de trabajo. Estoy cesante. Ojalá algún empresario o quizás futbolista me ayudara”, dice.

Aranburú no le hace el quite a ningún tema. Cambia su tono de voz al momento de recordar las críticas que recibió por sus obras en el Museo de Cera de Las Condes. “Fue fuerte para mí las críticas, pero estoy de acuerdo con el Chino Ríos. Hasta a mí me daría vergüenza ver esa escultura. Yo no sé qué pasó ahí la verdad porque no son las esculturas que yo pasé. Me pasó lo mismo con la de Kramer, que dicen que la mandaron a cirugía. Ese no es mi trabajo, eso lo retocaron. Es lamentable lo que pasó porque nunca me dieron explicaciones de qué pasó. Pero estoy tranquilo: mis manos nunca me las podrán cortar y acá estoy para seguir demostrando mi talento”, cierra.

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