Cofundador de Podemos: “La Concertación abandonó la socialdemocracia”

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De paso por Santiago, Juan Carlos Monedero, plantea que "la izquierda que no tiene autocrítica no es izquierda". Además sostiene que parte de la izquierda intelectual se rió de Jair Bolsonaro y ahora es el Presidente de Brasil.


Invitado al “Festival Radicaliza la Democracia”, una serie de seminarios y encuentros organizados por el Frente Amplio para analizar los desafíos de la izquierda, el cofundador e intelectual del partido Podemos de España, el politólogo Juan Carlos Monedero, conversó con La Tercera PM sobre la escena política en Chile y el avance de la extrema derecha, entre otros temas.

¿Cuál es su visión de la situación política actual de Chile?

La política chilena me recuerda mucho a la política española. Venimos de un trauma de la dictadura, de un intento de silencio y olvido y una pugna de resucitar constantemente y al final son los nietos los que de alguna manera reclaman sincerar la historia porque si no los lodos de las transiciones son los barros de la democracia y mi sensación es que hay un Chile emergente que quiere dejar de ser una excepcionalidad continental y que quiere incorporarse a una democracia avanzada que no quiere cargar con el fargo de un pasado que les lastra en forma de ausencia de servicios públicos, de deudas estudiantiles, de silencios de respeto de los Derechos Humanos, de enormes desigualdades, y al igual que en España, estoy esperanzado de la emergencia de una España que quiere salir de la maldición de ese país que muere y bosteza. Igualmente, veo en Chile la esperanza de una emergencia y una nueva generación que va incorporar a Chile a la reinvención de la democracia en el continente.

Lo cierto es que en la última elección presidencial, que gana Sebastián Piñera, la derecha por primera vez triunfa con la más alta votación de un candidato de derecha en la historia reciente. Y la izquierda, por otra parte, no supo dar respuesta a la demandas de una clase media emergente en el país. ¿A qué atribuye eso?

En las transformaciones siempre hay procesos de ajuste. En el Chile moderno creo que una parte importante se ha abstenido y la abstención cobra un significado que demanda a las fuerzas políticas de izquierda a actualizar su mirada. Es muy evidente que cuando la abstención es tan alta, es una señal de que hay gente que está reclamando un espacio político que no termina de verse representado y es el espacio que me encuentro en unos debates muy profundos que hay en Chile y que están precisamente interrogando en esa dirección. Hay una lectura clara de que hay una vieja izquierda que ha agotado su ciclo y que hay que reinventarla.

Íñigo Errejón, diputado de Podemos, visitó Chile hace poco tiempo y dijo que “la izquierda tiene que quererse un poco menos y querer más a sus pueblos”. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?

Siempre he pensado que la izquierda que no tiene autocrítica no es izquierda. Es absolutamente evidente que si no tienes una mirada que constantemente esté interrogando tu quehacer, te anquilosas, te burocratizas. Y un problema de la izquierda durante el siglo XX ha sido precisamente eso, su burocratización. Tampoco creo en unas visiones idealizadas del pueblo. El pueblo es una construcción, es un diálogo permanente, y no creo que debamos presentar al pueblo como sabio per se. El pueblo es soberano pero si no se le entregan herramientas de discusión o de deliberación, si el pueblo se forma en los debates o en la cultura política que genera la televisión, si hay un cierre a las miradas críticas, pues los pueblos pueden perfectamente equivocarse y por tanto no me gusta caer en esa mirada electoral donde tienes que estar constantemente agradando al pueblo porque al final convertimos en la democracia donde tenemos que agradar al cliente.

¿A qué se refiere?

Que el pueblo no es una idea mágica que vale en cualquier circunstancia sino que el pueblo es una construcción política sometida a conflicto y a debate. Entonces lo que hay que inyectar en el pueblo son debates y al final después de la deliberación las decisiones que se tomen estarán mucho más cerca de los intereses de las mayorías. A menudo confundimos democracia con decisión cuando para mi es importante la idea de la deliberación porque en ausencia de eso no hay posibilidad de tomar decisiones correctas. Tenemos que discutir más en los sectores populares.

Una de las grandes críticas que se le ha hecho al Frente Amplio, y que también recibió Podemos en España, fue esta especie de soberbia, o de superioridad, de algunos dirigentes que por el hecho de ser más jóvenes creían que sus ideas también eran más frescas. Y cuando se alcanzaron espacios de poder se terminaron cometiendo los mismos errores que ellos criticaban. ¿Crees que eso fue un error?

No ha habido tiempo para cometer esos errores. Las formaciones son relativamente jóvenes para haberse burocratizado. Lo importante es tener una alerta temprana para no caer en esos errores pero es muy pronto en comparación con otros políticos, estoy pensando en José Antonio Kast por ejemplo, que se presenta como un renovador de la política y lleva toda su vida trabajando y viviendo de la política. A Podemos y el Frente Amplio, que son formaciones relativamente jóvenes, no se les puede achacar los problemas de las viejas formaciones.

Algunos analistas han dicho que es muy difícil que coaliciones como el Frente Amplio puedan hacer frente al surgimiento de líderes populistas de derecha porque también son calificados como “extrema izquierda”. Apuntan que la respuesta está por la vía de la socialdemocracia…

Hay un intento de establecer que solamente hay espacio político para fuerzas moderadas de la centroizquierda y la centroderecha, y quienes se coloquen en otros ámbitos están en los extremos. El Frente Amplio, al igual que Podemos en España, recupera lo más transformador de la socialdemocracia. Hoy la socialdemocracia no está en los partidos socialistas porque se han entregado al neoliberalismo.

El Frente Amplio ha criticado a fuerzas socialdemócratas precisamente por eso. En especial a los gobiernos de la Concertación…

Desde mi perspectiva los partidos que están reclamando las transformaciones que la socialdemocracia puso en marcha por ejemplo en los años 50’ en Europa -e incluso gobiernos desarrollistas en algunos países de América Latina- lo veo más cerca de lo que está planteado el Frente Amplio en Chile o Podemos en España. Porque los partidos socialdemócratas son los principales responsables de las privatizaciones, de las reformas laborales, de ese tipo de políticas que son las que han generado la crisis del modelo neoliberal.

Una de las principales críticas que se le han hecho al Frente Amplio han sido ese “desprecio” a los gobiernos de la Concertación…

Los gobiernos de la Concertación, o el gobierno de Felipe González en España, fueron privatizadores y si no fuera por la gestión de esos gobiernos, no surgirían fuerzas como el Frente Amplio o Podemos. Ellos abandonaron la socialdemocracia y su compromiso con las mayorías.

En una encuesta que sacó El Mundo, de Sigma Dos, Podemos sale cuarto con un 15.8, pero el PSOE aparece primero. Sin embargo, el PP está segundo y lo que dice el análisis es que, si uno sumara en este momento la votación del PP, más Ciudadanos, más el fenómeno Vox, estarían en condiciones de tener un gobierno. Yo quería saber un poco en qué, atendiendo esta encuesta, en qué pie está hoy Podemos y después que me comentaras un poco tu análisis del fenómeno este de Vox en España.  

En primer lugar, creo que ya va siendo hora de que las diversidades intervengan en la calidad de las encuestas, porque se están convirtiendo en herramientas de propaganda política en un escenario ya fragmentado como el español, donde el bipartidismo se ha terminado. Pretender que con mil encuestas pueden sacar conclusiones es académicamente un insulto. Y, por tanto, creo que esa encuesta no es sino una herramienta más de propaganda política. 

En ese sentido, ¿usted piensa que Podemos tiene más apoyo incluso? 

Claro, las encuestas serias, que se hacen con muestras mucho más grandes, es que, si no no te sale, es imposible. Con 17 comunidades autónomas, con 4 partidos… es imposible al final estar sacando proyecciones con tres votos, cuatro votos. No es serio. Por eso te decía que, o interviene la universidad o los colegios de política y sociología, o las encuestas van a perder todo tipo de credibilidad. De hecho, fallan constantemente. Las encuestas al final dicen lo que quieren que digan los que las hagan. Las últimas dos encuestas serias en España dan a Podemos el 18% de los votos y, por tanto, hay un suelo de Podemos muy fuerte. También se explica porque el bipartidismo se quebró y las nuevas generaciones, su primer voto es para Podemos y ese voto es un voto estable. Eso no quita que haya una reflexión que hacer respecto del resultado de un partido de extrema derecha como Vox en Andalucía. Desde mi perspectiva, el hecho más evidente del resultado no es tanto el resultado de Vox, sino el 41% de abstención. Y lo que tiene que preguntarse la izquierda es por qué no ha sido capaz de movilizar a ese 41%. Y ahí aparece lo que para mí es el elemento más relevante, que vale para España y vale para Chile, y es que el ciclo de impugnación política sigue abierto.

¿Cómo es ese combate del que habla en su Twitter?

Porque todos son iguales, tanto Kast aquí como los sectores del pinochetismo más radical y, en España, la gente de Vox. Son gente que ha venido siempre de la política, son gente que agita los espesos del sistema, no para solventar los problemas del sistema, sino para consolidar el sistema. Nadie de esta gente va a señalar como el responsable del malestar de los chilenos a la economía financializada, no va a señalar al modelo neoliberal, no va a señalar a las desigualdades como responsables de la impunidad de algunos sectores. Por tanto, lo único que hacen es agitar el resentimiento y los problemas para intentar llevarles hacia posiciones que en el fondo son una manera indirecta de salvaguardar el sistema. En ningún lugar del mundo las posiciones de extrema derecha han cuestionado a los responsables de las desigualdades ni del malestar de las mayorías. Lo que tiene que hacer la izquierda no es reírse de ellos como payasos, porque hace 4 años los medios de comunicación de la izquierda intelectual se reían de Bolsonaro, y Bolsonaro es el Presidente de Brasil. O sea, reírse es una absoluta frivolidad e ignorarlos también es absurdo, porque están, con su discurso contra las mujeres, contra los sindicatos, contra el estado social, contra la pluralidad sexual… Por lo tanto, tenemos que hacer lo que decía Gramsci: a los adversarios políticos hay que combatirlos políticamente donde sean más débiles e intelectualmente donde sean más fuertes. Eso los obliga a combatir intelectualmente ese sentido común que justifica este tipo de posiciones y políticamente haciendo ver que no hay ningún tipo de alternativa que mejore la vida de las mayorías.  

¿Le preocupa lo que pueda pasar con Brasil y si hay algún tipo de imitación? 

América Latina con los gobiernos del cambio sacó a 80 millones de personas de la pobreza y volvió a estar en la agenda mundial. Los BRIC formaban parte de una referencia obligatoria de la agenda global. Hoy, tanto Brasil como México han desaparecido de esta agenda. Hay que entender qué es lo mejor que hicieron esos gobiernos del cambio y uno de los elementos centrales fue la mirada regional latinoamericana, es decir, la UNASUR, la Celac, que de alguna manera eran espacios de encuentro de los países del sur con una colaboración sur-sur. Creo que la vinculación de Bolsonaro con EE.UU., perder ese espacio de reequilibrio que implica la existencia de China y esa función a los intereses de EE.UU. creo que es un profundo error, que se materializa de manera clara si miramos en qué ha consistido la política de Macri, que se acerca a la política del Bolsonaro. Ha aumentado más de 2 millones los pobres en Argentina, han subido los servicios mínimos, ha aumentado la violencia… es decir, la derecha no tiene soluciones para la mayoría, la derecha solo tiene relatos para la mayoría, que son mentira. El mensaje es que, si crees a los mentirosos, no vas a dejar ningún tipo de descendencia.  

¿Hay un distanciamiento de Podemos con Venezuela? 

Hay que entender que Venezuela siempre se ha utilizado como un arma contra cualquier gobierno de cambio. Se utilizó contra Bernie Sanders, Manuel López Obrador y Podemos. Es normal, porque Chávez dijo 3 cosas que eran los 3 mandamientos de prohibición de los norteamericanos, que era proponer una integración regional, proponer un cuestionamiento del dólar como moneda de intercambio de las transacciones petrolíferas y, en tercer lugar, plantear un reequilibrio de las alianzas. Esas 3 cosas que puso en marcha Venezuela las convirtieron en el enemigo, por eso se ha construido durante todos estos años esa imagen de Venezuela por encima de países como México, Arabia Saudita o Colombia, que no son señalados como responsables porque tienen una relación personal con EE.UU.. Es evidente que hay un problema en la región, y ese problema afecta también a Venezuela. Es evidente que la situación económica en Venezuela no es buena, hay una inflación intolerable, desabastecimiento, a los cuales ayuda muchísimo un bloqueo que, como cualquier tipo de bloqueo, perjudica a los pueblos. La situación en la región es preocupante y yo creo que las democracias que se respetan a sí mismas deberían pensar qué está ocurriendo con el compromiso democrático en la región. Estoy pensando en la caravana de los hondureños, en los más de 300 asesinatos desde que se firmó la paz con las Farc en Colombia, la lucha contra los derechos humanos que acaba de inaugurar Bolsonaro. Debemos salir del uso de América Latina como una herramienta que ataque. Tenemos todos la responsabilidad de ver cómo la comunidad internacional ayude a que América Latina recupere su compromiso con la democracia y el bienestar que habían logrado en los últimos años.  

 

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