El “triunfo” de los parlamentarios díscolos de derecha: Un peligro con precedentes

Ninguna gestión, llamada o presión pudo impedir que diputados UDI y RN votaran otra vez a favor del proyecto de ley que perfora de lado a lado a La Moneda y a su coalición. La crisis del sector tiene varios focos de incendio por apagar. Uno es cómo los partidos pueden ponerle atajo a parlamentarios que probaron ser incontrolables y que hasta se negaron a contestar sus celulares. Acá, por qué las pocas recetas a mano no son eficaces.




La fractura abisal en la derecha gobernante que ha cavado la saga por el asunto del retiro de fondos de pensiones todavía tiene metros hacia abajo, partiendo por la cuestión de si las culpas -o “responsabilidades compartidas”, como ha dicho el ministro del Interior- se repartirán por igual o no entre el Presidente, su equipo político y la UDI, RN y Evópoli. Entre varios otros flancos, hay uno que revuelve a los dos primeros partidos: ¿Cómo evitar que algunos de sus diputados voten a su antojo en trances como éste? ¿Cómo alinearlos cuando sus razones son tan distintas, incluyendo ajustes de cuentas? ¿Cómo castigarlos para que no les salga gratis?

A menos que se invente una fórmula hasta ahora desconocida ni menos probada, la respuesta es dudosa variando a negativa. Es lo que dicen en los dos colectivos veteranos del sector y también la porfiada historia. El desmarque de los 13 diputados la semana pasada (4 UDI, 9 RN) desató hasta la votación de hoy todo tipo de dramáticos esfuerzos. Ni las llamadas personales del Jefe de Estado, de sus ministros, de jefes de partidos y otras figuras, las denuncias de que llegaron hasta las presiones, ni dos anuncios sucesivos del mismo Piñera para subir la apuesta consiguieron que todas y todos rechazaran, se abstuvieran, o por último no votaran.

¿El resultado? Díscolos que reafirmaron hoy su desmarque y otros que se pasaron a su bando acusando “matonaje” y que “es violento cuando se ataca a los diputados diciendo que son populistas”, como reclamó Jorge Durán (RN), que de abstenerse hace siete días pasó a votar a favor. Más de alguno sencillamente no contestó llamadas por teléfono ni mensajes y uno de ellos ni siquiera participa en el grupo de mensajería de la bancada UDI, lamentan allí.

Algunos rehusaron o se resistieron -en parte- por motivos que no tienen nada que ver con un bono de $500 mil a la clase media. Por ejemplo, entre los díscolos están los diputados UDI de la Región del Maule Celso Morales y Pedro Pablo Álvarez-Salamanca. Éste ya sinceró la semana pasada que “puede haber tenido algo que ver con la designación del intendente del Maule y con decisiones que ha tomado el gobierno en regiones”. Allá La Moneda nombró el 27 de junio a Juan Eduardo Prieto, militante de Evópoli al igual que su antecesor Pablo Milad, cuando ya tenía historia la animadversión del partido de Jacqueline van Rysselberghe contra la tienda de Blumel.

“El gobierno le hace más favores a Evópoli para mantener el poder de ese partido en la séptima región, siendo que no tienen ningún concejal, por ejemplo”, acusó entonces.

El descuelgue más masivo de diputados RN tiene a ojos de la coalición otra causa basal: la tolerancia (o extrema permisividad, según quien lo vea) que le abrió desde un comienzo la mesa de Mario Desbordes a una bancada donde conviven pinochetistas y liberales, en el único partido dividido entre partidarios del “apruebo” y del “rechazo”, y las consiguientes riñas de cara a la elección interna de fin de año.

Tamaña revuelta provocó severas advertencias en público y reyertas puertas adentro. “Todo aquel que permita que una iniciativa dañina para las pensiones y para nuestro desarrollo económico presentada por el Partido Comunista y el Frente Amplio, sea aprobada, se autoexcluye de la UDI”, decía la carta que la semana pasada le publicó El Mercurio al subjefe de comité de senadores UDI, Víctor Pérez Varela.

El jefe del mismo comité, Iván Moreira, tiene a su hermano Christian en la lista de los 13 que votaron a favor la semana pasada, y que ayer posteó en Twitter que se internaba “en un centro asistencial para realizarme exámenes y tener los cuidados apropiados”.

La ira de varios históricos y gremialistas químicamente puros, cuenta uno de ellos, llegó al punto de advertir internamente que algunos díscolos tienen parientes en el gobierno. El ex UDI y hoy independiente RN Pablo Prieto, recordaron, tiene a su hijo homónimo como jefe de gabinete del ministro Gonzalo Blumel.

La diputada UDI Virginia Troncoso, también del grupo de los 13, es de la VI Región (Distrito 16), plaza histórica de Andrés Chadwick. En la zona cuentan que hicieron ver que su hija, María José de Witt Troncoso, es la directora del Hospital San José de San Fernando. También que salió arrastrada por los votos de Ramón Barros -íntimo del ex número dos de La Moneda-, y que si hubiesen sabido que iba a hacer lo que hizo, habrían preferido arrastrar a candidatos de RN.

También han criticado duramente esta actitud algunos de los integrantes de UDI de Jaime y de Simón, un grupo de Whatsapp integrado por más de cien militantes entre históricos, ex parlamentarios y ex funcionarios. Allí la mencionada carta de Víctor Pérez desató algo parecido a una catarsis cuando la compartió, a las 22.58 horas de la noche previa a su publicación, Manuel Cereceda.

En el colectivo de Desbordes la pugna contra los díscolos ha sido más ruda y más pública después de que se quebrara la bancada. Hay ánimo, dicen en “Acción RN”, el comité escindido, de que se tomen medidas disciplinarias. El ambiente allí se espesa cada vez más luego de enfrentamientos como el de los diputados Andrés Celis (que hoy repitió su voto a favor) y Diego Schalper.

Los aún leales al gobierno en este lance reclaman desde la UDI y RN que los díscolos no están pagando ningún costo por su indisciplina. Y que, yendo solo un poco más atrás, La Moneda y Piñera tienen gruesas cuotas de responsabilidad cuando han cedido y hasta han salido en la misma foto con congresistas que han apoyado iniciativas que juzgan inconstitucionales. Y como además no quieren encarar divididos el proceso constituyente, la cuestión es cómo aplicarle un torniquete a esta sangría.

Hasta han mirado atentamente lo que le pasó a la Concertación cuyo derrumbe comenzó en parte, precisamente, cuando aparecieron los díscolos. María José Hoffmann, jefa de bancada UDI, advirtió hace dos domingos en La Moneda -antes de un acto encabezado por Piñera al que asistió la RN Paulina Núñez-, que la derecha no puede caer víctima del mismo “germen” de sus viejos adversarios.

Cuando Piñera sí recurrió al Tribunal Supremo RN

Dejando de lado las inocuas sanciones sociales, de momento solo hay dos vías teóricas de castigo: pasarlos a sus respectivos Tribunales Supremos y no llevarlos a la reelección.

La primera es bastante incierta por no decir impracticable. La ley prohíbe las órdenes de partido y no hay literatura en contrario. En la UDI hay dirigentes que mencionan tibiamente esa posibilidad, pero más probable se ve que el tema se toque en el Consejo Directivo Ampliado que podría hacerse este fin de semana. En RN, hasta hoy en la mañana su Tribunal Supremo no había recibido denuncias ni contra Celis ni contra Schalper.

Pero sí se ha intentado antes, como habrán de saberlo y recordarlo con detalles desde el Presidente Piñera para abajo. En 1995, el casi siempre ingobernable partido que ha sido RN sufrió un quiebre cuando el mítico Consejo General de Temuco aprobó apoyar un paquete de reformas constitucionales. Era un atentado imposible al entonces ideario derechista (con Pinochet de uniforme) porque partía por eliminar los senadores designados y terminar con la inamovilidad de los comandantes en jefe.

Presidía la tienda Andrés Allamand, y la facción reformista ganó por un margen que algunos recuerdan cercano a los 2/3. Pero en el Congreso un grupo de senadores conservadores no pusieron sus votos, y fracasó la intentona. En el partido recuerdan que su jefe consultó al Tribunal Supremo su parecer sobre cómo debían cumplirse los acuerdos adoptados en el Consejo General.

Hasta donde alcanza la memoria allá, el TS contestó -con votos de minoría- que si bien los senadores no habían incumplido ninguna norma, había una obligación moral.

El 2003 Piñera presidía RN y le pasó algo parecido. Había encomendado a su entonces rival, el senador Sergio Romero (hoy su embajador) negociar reformas constitucionales que partían por terminar con el binominal. Las tratativas fracasaron, Piñera lo acusó de sabotearlas y entonces sí lo pasó al TS, con el argumento de oponerse a lo acordado por la Comisión Política Ampliada (CPA). Es lo más lejos que ha llegado esto: el tribunal le aplicó a Romero una amonestación verbal, la sanción más baja.

El otro camino, no llevarlos a la reelección, parece más a mano. Pero ya algunos de los díscolos no pueden repostular. Y habrá que ver hasta dónde quieren llegar los partidos con esto el próximo año, cuando estén armando plantillas pensando, además de los distritos, en los dineros que el Fisco les paga por cada voto.

“Los gobiernos tienden a negociar más con la oposición que con su propia coalición”

Evitar el “germen” de los díscolos como le pasó a la Concertación parece no tener receta. En eso está de acuerdo uno de los expertos en los gobiernos de Eduardo Frei y Ricardo Lagos, el ex ministro del Interior y hoy senador PS José Miguel Insulza. “Recetas, no, no funcionan. Nos pasó que algunos tenían razones como que querían obtener cosas para su región. Eso se podía arreglar conversando con ellos de manera bilateral, pero en otros había una negativa clara”.

Es poco lo que se puede hacer y advierte que “el fenómeno de los díscolos es más bien un signo de deterioro de una coalición, sobre todo cuando se produce con mucha frecuencia. No creo que sea este el caso y no veo aún una grave transgresión; el problema es cuando ocurre de manera consistente”.

Insulza sí identifica patrones comunes: “Los gobiernos tienden a negociar más con la oposición que con su propia coalición, y a muchos les pasa que dan por descontado a sus propios, y ahí se genera una reacción negativa”. Eso sí, dice, “nosotros estábamos en mayoría”.

“Nosotros tuvimos díscolos en algunos casos. Hubo un caso, si quiere, más doctrinario cuando se generó el debate entre autoflagelantes y autocomplacientes. Y no olvide que hubo problemas con la salud, cuando al final del gobierno de Frei, en 1997, un parlamentario que no lo voy a nombrar encabezó una protesta llevando un ataúd enorme frente a La Moneda. Y muchos parlamentarios comienzan a pasar cuentas de manera sistemática”, subraya.

No lo dice, pero con lo del ataúd se refiere al entonces diputado Guido Girardi, que hoy sigue siendo senador.

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