Henry Constantin, director del diario La Hora de Cuba: “Fui probablemente el primer detenido de las protestas”

Un manifestante es detenido durante una protesta contra el gobierno del Presidente cubano Miguel Díaz-Canel, el pasado 11 de julio, en La Habana. Foto: AFP

En conversación con La Tercera desde Camagüey, Constantin señala que "la fiscalía nos acusa de desorden público y colaborar con una potencia extranjera para dañar la independencia cubana, lo que acarrea penas de 10 a 20 años de cárcel". "Es muy probable que la capacidad de Díaz-Canel para lidiar con los problemas del país esté siendo muy cuestionada entre los altos funcionarios y militares", asegura.




Los primeros videos de las inéditas movilizaciones en San Antonio de los Baños, el 11 de julio pasado, estaban recién circulando en las redes sociales cuando el director del diario La Hora de Cuba, Henry Constantin, abrió su teléfono en Camagüey, a seis horas de La Habana. A las pocas horas, lo que parecía una focalizada manifestación se convirtió en una erupción nacional y el periodista independiente salió a las calles para ser testigo. No alcanzó siquiera a llegar al foco de convulsión antes de ser interceptado por fuerzas policiales.

Cerca de las 15 horas de aquel domingo y antes de que el Presidente de Cuba, Miguel-Díaz Canel, apareciera en cadena nacional convocando a los ciudadanos a “defender la revolución a cualquier costo” en las calles, Constantin fue detenido por dos agentes y un policía en la calle. “Grité mi nombre, mi profesión y ‘Patria y Vida’. Me quitaron el teléfono de la mano, me esposaron y me subieron a la patrulla. Probablemente fui el primer detenido de las protestas en Cuba”, señala en conversación con La Tercera.

El periodista independiente cubano Henry Constantin estuvo 10 días detenido tras las movilizaciones del 11 de julio.

Desde la detención de Constantin, vicepresidente regional para Cuba en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), hasta el viernes pasado, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos informó del arresto o la desaparición de, al menos, 757 personas por las protestas, de ellos 13 son menores de edad.

¿Cómo partió su día el domingo 11 de julio? ¿Pensó que podría transformarse en un estallido social en Cuba?

No, para nada. Lo primero que vimos fueron las marchas en San Antonio de los Baños, alejado de La Habana. Por una o dos horas, pensé que eso iba a ser todo, inclusive fui a ver a mi hija, conversé con otras personas y pensé “qué lástima”. Cuando entré a las redes sociales veo que todo el país está erupcionando. Pude hacer un recorrido con mi novia por algunas calles, mientras buscábamos acercarnos a las protestas en Camagüey. Alcanzamos a llegar a dos cuadras y estaba la seguridad del Estado. No pude ver el despliegue nocturno de las policías, pero en los últimos dos años, por el Covid-19 y después de las protestas en noviembre pasado, cuando hay situaciones especiales llegan los mismos jeeps artillados con boinas negras, que son la tropa de élite de represión.

¿Cómo ocurrió su detención?

Estuve detenido 10 días y cuatro horas. Cerca de las 15 horas (del 11 de julio), íbamos en un vehículo descubierto buscando el lugar de las protestas cuando el chofer se da cuenta de que se metió dentro del dispositivo policial y se pone nervioso. Ahí me agarraron dos agentes del Estado y un policía uniformado. Yo grité mi nombre, mi profesión y “Patria y Vida”. Ellos me quitaron mi teléfono de la mano izquierda, me esposan y me suben a una patrulla para trasladarme a la Segunda Unidad de la Policía. Mi novia -Neife Rigau- intenta grabar la escena, alcanzó a caminar 15 o 20 metros antes de que la detuvieran.

Fuerzas especiales pasan bajo una bandera cubana durante un patrullaje en el centro de La Habana. Foto: Reuters

¿Qué escenario encontró cuando llegó al lugar de detención?

Fui probablemente el primer detenido de las protestas en Cuba. Cuando llegué, aún Díaz-Canel no había dado la orden de reprimir en las calles. La mayoría de los activistas y periodistas disidentes de La Habana estaban con vigilancia en sus casas, por lo que no podían salir. En el lugar solo estaba la periodista Iris Mariño, que trabaja con nosotros y que la habían detenido 10 minutos antes en el mismo lugar. En el calabozo estábamos nosotros -periodistas- y varios reos comunes.

¿Cómo fueron estos 10 días detenido?

Me parecieron meses. Estaba incomunicado totalmente, nunca me dejaron llamar por teléfono a nadie y gracias a unas amistades encontraron el lugar donde estaba detenido. Había poca información sobre lo que estaba ocurriendo en los primeros días en Cuba, porque estaba cortado el internet y no había manera de verificar la información. Los detenidos que iban llegando nos contaban lo que pasaba afuera. Estuve cinco días en la Segunda Unidad de la Policía y después a los tres periodistas de La Hora de Cuba nos trasladaron a la Unidad Provincial de Operaciones, un lugar especializado en tortura psicológica. Ahí la información del exterior era nula, salvo por lo que me decían los agentes en los constantes interrogatorios. Me interrogaron unas seis o siete veces, entre interrogatorios y sesiones de amenazas. De vez en cuando nos colaban alguna información, por ejemplo que en un lugar habían saqueado tiendas, que apedrearon a policías.

¿Qué información buscaban en los interrogatorios?

Eran preguntas básicas, querían saber cómo nos enteramos de las protestas, si te pagaron por ir a las marchas, cuánto cobras por tu trabajo periodístico. También hay preguntas que van dirigidas a destruir a la persona, en informarse sobre ella, llegaron al extremo de preguntarme cómo conocí a mi novia.

Desde el miércoles usted está en liberación parcial, bajo detención domiciliaria...

Ese día en la tarde nos liberaron, pero un día antes empezaron los rumores entre los detenidos en el calabozo de que nos iban a liberar con cambio de medidas. Esto significa que en vez de la prisión provisional solicitada y aprobada por la fiscalía cambiamos a reclusión domiciliaria, acusados de desorden público. Un teniente coronel me dijo que por mi trabajo había delitos del Código Penal cubano por trabajar para una potencia extranjera para dañar la independencia de Cuba, lo que acarrea penas de 10 a 20 años.

Personas caminan por una calle decorada con banderas cubanas y del Movimiento 26 de julio, en La Habana. Foto: AFP

Las organizaciones de DD.HH. calculan cientos de detenidos, los que están enfrentando juicios rápidos...

La ley cubana tiene varios procedimientos que la mayoría de las personas no sabemos cómo funcionan, pero entre los periodistas se habla de juicios sumarios. El término exacto es “juicios por atentados directos”, en los que ni siquiera les avisan para preparar una defensa o buscar abogado. Los juicios también se están haciendo por regiones. Son más drásticos en La Habana, que es el epicentro y donde más se teme siempre cómo actúa la gente. El sistema judicial, los fiscales y los tribunales cubanos están en manos de la seguridad del Estado. En mi caso, mis contactos solicitaron para mí un habeas corpus en tribunales y lo rechazaron diciendo que habíamos participado en eventos, arrojado piedras y golpeado a autoridades, cosas que jamás ocurrieron, porque ni siquiera alcanzamos a llegar a las protestas y tenemos videos de ello.

¿Cómo cree usted que impactó el 11-J al gobierno cubano?

Ha sido un terremoto en el corazón de todos los cubanos, tanto para los oprimidos como para los que están en el régimen. Es muy probable que la capacidad de Díaz-Canel para lidiar con los problemas del país esté siendo muy cuestionada entre los altos funcionarios y militares. Todos sabemos que él no es quien toma las decisiones macro, porque hay un equipo familiar de Raúl Castro, que es el que decide y disfruta de los beneficios de gobernar Cuba. Deben haber surgido grandes cuestionamientos en lo interno para ver cómo evitar que esto se repita a futuro.

¿Las movilizaciones marcaron un precedente?

El gobierno está enfocado en evitar que exista una próxima (movilización). Hasta ahora están aplicando mecanismos represivos, difundiendo miedo para que cada persona que haya tenido un ápice de protagonismo tenga un problema legal, sea detenida o amenazada con juicio. Hace tres días fue detenido un muchacho desconocido que transmitió en directo la protesta inicial de San Antonio de los Baños que dio a pie a todo lo demás.

¿Cuál fue la función de las redes sociales?

Las redes sociales fueron decisivas. Esto no pasó antes porque no había redes rápidas y amplias de difusión por el régimen comunista. Ahora cada publicación tiene un eco mayor, porque hay más cubanos conectados y pendientes de lo que está pasando, a largo plazo eso es bueno. No hubo liderazgo en las protestas, solo habían personas que sabían transmitir en directo y lo hicieron, y los que lo compartieron. Hay detenidos que ni siquiera tenían cuentas en Facebook.

El expresidente Raúl Castro ondea una bandera cubana mientras participa en un mitin en La Habana. Foto: Reuters

En las últimas horas Cuba informó más de 8.000 casos diarios de Covid-19, ¿cómo ha visto el manejo de la pandemia?

El manejo de la pandemia ha estado por debajo de lo que piden los ciudadanos. La presión de las redes sociales ha generado que el régimen tome medidas como la suspensión de clases, de vuelos, incluidos los turísticos. Esa presión disminuyó, porque los cubanos estaban cansados de las restricciones y eso fue lo que generó la segunda ola. El gobierno abrió las fronteras en diciembre a los viajeros y ya para enero teníamos el inicio de la catástrofe que se ha mantenido. El deseo de no hacer ninguna concesión económica para generar ingresos por otras vías les hizo apostar todo a abrir el turismo y ahora estamos pagando las consecuencias. A esto se suman otros errores, como no dar chances económicas para paliar la crisis a los cubanos y errores en los protocolos sanitarios. Por ejemplo, ponen en centros de aislamiento a casos sospechosos de personas que han dado negativo a un test junto con personas que no han sido testeados y que pueden ser positivos. Las historias de contagio o recontagio son continuas.

Algunos analistas catalogan el 11-J como “el principio del fin”, mientras que otros señalan que la respuesta es el levantamiento del bloqueo económico por parte de EE.UU. ¿Cómo lo ve usted?

Definitivamente, con Díaz-Canel y la pandemia, que son dos crisis juntas, se han dado las mayores protestas del último tiempo. Este 11 de julio marca un antes y un después en la mentalidad de millones de cubanos, porque fue de un alcance nacional y llegó a capas sociales que antes estaban fuera del debate político por completo, como los barrios marginales que ahora se han convertido en barrios opositores y son temidos por el régimen. Si las sanciones económicas de EE.UU. se alivian en cantidad suficiente habrá una involución en pequeñas libertades económicas que el régimen ha tenido que aceptar. Por ejemplo, hace un año los campesinos cubanos tenían prohibido comerse sus propias vacas, tenían que criarlas, sacarles leche, venderlas al Estado, pero no podían ponerle un dedo a esa leche, queso o carne. Desde enero, si cumplen los planes estatales pueden comerse alguna vaca de las que crían. Los que estamos desde los 90 sabemos que cuando el régimen tiene una presión económica fuerte son capaces de abrir oportunidades para los cubanos. Cuando se sientan cómodos de nuevo van a volver a restablecer los impuestos a los medicamentos o comidas, que ahora permiten ingresar en pequeñas cantidades.

Varios periodistas independientes cubanos señalaron a La Tercera que sus teléfonos son espiados. ¿Esta llamada está siendo intervenida?

Yo no tengo evidencia de que mis comunicaciones por WhatsApp, Signal o Messenger sean vigiladas, puede que ocurra, pero se necesitan programas muy sofisticados y depende del interés de la seguridad para monitorear. Pero sí tengo mucha evidencia de que mis SMS o llamadas de teléfono a teléfono son escuchadas con una rapidez tremenda. La gente en Cuba no ocupa SMS ni llamada, porque les trae problemas. He pedido a periodistas ir a sacar fotos a un lugar por teléfono y cuando llegaron los estaba esperando un jeep con policías.

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