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“Imbécil, tú pensabas que te ibas a arrancar de mí”

Foto: Imagen TVN

Frases extrañas, “carteles”, insinuaciones, cartas a la familia y situaciones derechamente sexuales. Todo eso forma parte del crudo relato que Hernán Godoy le entregó al Ministerio Público, a mediados de junio pasado, respecto de los eventuales abusos del obispo emérito de La Serena, Francisco José Cox.


“En el año 1985 conocí a este señor, en una misa de campaña, que se hacía en el tiempo de aniversario del colegio Darío Salas”. Así parte el relato que Hernán Godoy le entregó a la fiscalía el pasado 16 de junio, respecto de los eventuales abusos del obispo emérito de La Serena, Francisco José Cox.

“Era impactante verlo, él jugaba con nosotros en el arzobispado, aunque hacía algo que era muy raro. Nos ponía un papel que decía ‘esclavo’. Nosotros no le tomábamos la importancia”, contó el denunciante al ente persecutor.

El caso de Cox se ha vuelto complejo. Durante años hubo rumores de supuestos abusos que habría cometido en la Arquidiócesis de La Serena, entre 1985 y 1997, donde se desempeñó primero como obispo coadjutor y luego como el prelado titular, sucediendo a Bernardino Piñera. Hasta que en 2002 se fue de Chile rumbo a Europa, sin ningún proceso ni denuncia formal -que no fuera periodística-, a vivir a una residencia de los Padres de Schoenstatt en Vallendar, Alemania, donde se encuentra actualmente.

Sin embargo, este año sí se han cursado denuncias concretas contra Cox por presuntos abusos sexuales a menores, tanto en la justicia penal como en la canónica. De hecho, esta última tiene un proceso abierto contra el ex prelado tras una denuncia de su propia congregación, producto del relato de una supuesta víctima por hechos ocurridos en 2004, en Alemania.

En Chile, en tanto, en los últimos meses dos personas le han contado al Ministerio Público lo que vivieron con el exobispo Cox en La Serena. Una de ellas es Hernán Godoy. Estos párrafos son parte de lo que él asegura que ocurrió en las oficinas de esa arquidiócesis.

“Monseñor nos dio chipe libre para que fuéramos cuando quisiéramos, por lo que íbamos esporádicamente, a comer, inclusive a veces nos daba plata. Y con el tiempo, en esas visitas, empecé a ver cosas raras”, sostuvo.

Indicó al Ministerio Público que “una vez me tomó junto a un amigo, tomó mi cabeza y la enterró en su axila, mientras que a mi amigo le dio un beso con lengua (…) al tiempo después recuerdo otro episodio, llegué al arzobispado y nos pasó plata para ir a comprar dulces”.

En una oficina

Godoy también contó que en uno de esos episodios de compra de dulces, regresó a la oficina del arzobispado, abrió la puerta y vio que “monseñor, junto a un muchacho, se estaban besando. Ellos se dieron cuenta (…) me fui y con eso decidí no volver”.

Después, la declaración continúa con una narración, de varios párrafos, de una serie de situaciones de índole sexual, que incluían besos, caricias y otras conductas descritas de forma explícita, hasta mediados de 1986, las cuales involucraban a otros menores y al propio denunciante.

El denunciante también dijo que el obispo enviaba cartas a su familia, sin especificar su contenido.

En una de esas situaciones de índole sexual, en una oficina del segundo piso del obispado, el denunciante recordó que él estaba temblando, y que en medio de besos Cox le decía: “Imbécil, tú pensabas que te ibas a arrancar de mí”. Y añadió que “no lo decía en tono pesado (…) ahí me zafé y nunca más volví al arzobispado”. También indicó que “desde ese momento dejé de creer en los curas”.

Añadió que “todo esto que estoy declarando lo conté en su momento a mis amigos, a mi familia, lo contaba en la misma iglesia, salvo lo que a mí me había pasado. O sea, contaba lo que había visto del monseñor Cox con otros niños. Esto se volvió normal. Como que todos sabían lo que hacía. Era un secreto a voces”.

Cerró su declaración sosteniendo que “en la actualidad detesto a la Iglesia Católica, quiero cerrar un ciclo en mi vida, que se haga justicia”.

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