Roberto Bravo: “Mi hijo me preguntó si me gustaría el Réquiem de Mozart para mi funeral. Le respondí que no, que quería la música de Cinema Paradiso”

El pianista chileno Roberto Bravo.

El pianista de 77 años lanza un disco de homenaje a Ennio Morricone, quien falleció en julio pasado, y que grabó durante la pandemia. Impactado por la muerte, el lunes 28 de diciembre, del cantautor mexicano Armando Manzanero, ya está trabajando en una nueva grabación de su música. "Todos nos hemos enamorado con un bolero de Manzanero. Era una persona dulce y por eso las canciones, cuando él las cantaba, eran como un lied", dice.




El viernes pasado, empezó a pensar en él. Pero más que una imagen en la mente, o recuerdos de los diálogos que tuvieron con Armando Manzanero, lo que vivió Roberto Bravo (1943) fue “estar en contacto espiritual con él”. Fueron tres días sumido en la obra del cantautor mexicano. “Estuve todo el día escuchando su música, y tocándola, eligiendo temas para un disco que voy a grabar ahora en enero, como homenaje musical”, comenta el pianista.

“Estuve tres días con el pecho oprimido, sin poder dormir, lo único que podía hacer era grabar un disco con su música, así que me preparé y el lunes en la mañana toqué sus canciones por Instagram. Él representa para mí una amorosidad muy grande, que deseo compartir con otra gente”, apunta.

Con el cantautor fallecido este lunes 28, se conocieron personalmente hace unos años, cuando la Presidenta Michelle Bachelet los invitó a La Moneda. “Era una persona muy amable, muy querible y con gran sentido del humor. En 2015 yo grabé un disco con sus boleros y él me llamó por teléfono, ¡imagínate la impresión! ‘Hermano, me encantó tu disco, qué bien tocas el piano, carajo’, me dijo. También había escuchado otro disco mío, Música para soñar, y me dijo que le gustó el tema de Morricone La leyenda del pianista del océano. ‘Tienes un sonido como de los pianistas antiguos’, me dijo”, recuerda Roberto Bravo.

Armando Manzanero y Roberto Bravo. Foto: Archivo Roberto Bravo.

En esa ocasión, además, lo invitó a actuar en la Sala Roberto Cantoral de la Ciudad de México, donde el propio Armando Manzanero lo presentó ante la audiencia. “Tenía una enorme energía; me habían dicho que Manzanero estaba de gira para la fecha del concierto, pero cuando llegamos al teatro con la violinista Montserrat Prieto, para tocar, él estaba esperándonos en el camarín. ‘Llegué esta mañana de Japón’, me dijo, y estaba fresco como una lechuga. ‘Yo te invité, cómo no te iba a presentar’, me dijo”, confidencia el pianista chileno.

“Su muerte me ha causado una tremenda pena porque tenía una relación muy hermosa y cercana con él. Siempre he sido un enamorado de su música, de la manera en que plantea sus armonías, además, era un cantante de una gran expresividad, se entregaba por entero en cada función. Era una persona dulce y por eso las canciones, cuando él las cantaba, eran como un lied. Además, apadrinó a muchos chicos que estaban iniciando su carrera. Manzanero es nuestro, como artista latinoamericano; todos nos hemos enamorado alguna vez con un bolero de Manzanero”, comenta Roberto Bravo.

Bach para la pandemia

Roberto Bravo estudió primero con Rudolf Lehmann, en la Universidad de Chile, luego en el exigente Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, y también con figuras como Claudio Arrau y Maria Curcio, y actuó en el Carnegie Hall de Nueva York, la Salle Gaveau de París, y grabó con la Royal Philharmonic de Londres. Sin embargo, a fines de los años 70, decidió darle un giro a su carrera, abriéndose a otras músicas y a otros públicos. Crítico de las violaciones a los derechos humanos en la dictadura de Pinochet, cuando obtuvo el permiso para volver a actuar en Chile, en 1979, hizo un valiente gesto musical.

Le pidieron que interpretara el Concierto para piano de Tchaikovsky en el Teatro Municipal de Santiago, y lo hizo, pero sorprendió a la audiencia con los encores que se atrevió a tocar: El derecho de vivir en paz y Plegaria a un labrador, de Víctor Jara. Las reacciones fueron violentas, según confidenció en sus memorias, La Música como puente entre el Cielo y la Tierra (2018). “Llamaban a la casa preguntando por mí y las amenazas de muerte eran permanentes. Pero en ese momento había que hablar y hacer, y solo sabía tocar el piano, así es que toqué por los que no podían hablar, porque la música es sanación, y también es dignidad (...). La música es el alma del pueblo”, declaró.

Desde entonces, integró la música popular a sus conciertos, y tocó profusamente arreglos de Víctor Jara y Violeta Parra en plazas e iglesias de la periferia. También ha estado acompañando, con música, a los sobrevivientes de cada tragedia natural, terremoto que hay, allá va con su piano y toca. Además del repertorio clásico, se ha consagrado a los boleros, la música de películas y los recitales con poesía.

Y si antes de la pandemia, era habitual ver que en un mes tenía hasta tres recitales por semana, en distintos lugares del país, también ha seguido estando muy activo en el confinamiento.

“Empecé a grabar en mi casa unas cápsulas de poesía musical, con la Corporación Cultural de Las Condes, para llegar a través de las redes sociales a apoyar a todos los que necesitaban música. He intentado estar presente a la distancia, la primera vez que murió un médico en el Sótero del Río, lo único que podía hacer era tocar para que la gente del hospital pudiera salir a llorar al patio, yo mismo estaba muy afectado. Igual que a fines del año pasado, hice doce conciertos para los bomberos. Es lo que uno tiene que hacer, es lo que puede hacer un artista, hay que ser como Franz Liszt, que te ilumina siempre en el camino, para él el piano era como la espada para el caballero, una herramienta para luchar por las causas justas. De los grandes músicos, a lo largo de la carrera, uno aprende no solamente en el ámbito artístico, sino sobre todo en lo humano”, comenta el pianista.

Igualmente, siguió dictando su cátedra de música y poesía en la Universidad Central, pero en forma virtual. “La posibilidad para los chicos de conocer a Tagore, Mistral o Whitman, el escuchar a Joan Manuel Serrat cantando la poesía de Miguel Hernández, o a Elicura Chihualiaf recitando, es muy importante en estas circunstancias”, detalla Roberto Bravo.

Sin embargo, hay un compositor que ha sido central para él durante todo este año: Johann Sebastian Bach. Para él, este genio barroco “potencia nuestra espiritualidad y el contacto con el Dios superior que todos llevamos en nuestro interior” y “nos da la compasión por el que sufre o tiene menos”.

Roberto Bravo es enfático: “He estado toda la pandemia tocando Bach, es lo que me ha sostenido. Hay gente que sale a trotar o hace yoga, yo todas las mañanas empiezo el día tocando una hora 15 de Bach, y después ya sigo con Manzanero, o con música de películas. Ya cada vez es menos la gente que se escandaliza, pero a mí me dijeron mucho que cómo tocaba música de ascensor. La verdad es que yo reacciono a la belleza, salgo enamorado de algunos temas cuando voy al cine”.

Morricone para un funeral

Roberto Bravo, durante este año 2020 también dio conciertos con público presencial, en noviembre, cuando inauguró el nuevo teatro de Buin, y en el Teatro Oriente, justo antes del retroceso a Fase 2, e igualmente ha grabado conciertos, por ejemplo, en el Teatro de San Joaquín, el Centro Cultural Las Condes, Quilpué y Peñaflor.

Entre sus conciertos digitales, fue muy especial aquél que le dedicó a Ennio Morricone a sólo un par de días de su fallecimiento, en julio pasado, y uno de los autores que suele interpretar en sus recitales. Por lo mismo, ahora en pandemia el pianista grabó, en el Auditorio Luksic del Campus San Joaquín UC, un nuevo disco, el trigésimo tercero de su discografía, que dedica por completo a uno de los compositores del cine que más ha admirado. Tributo a Ennio Morricone ya está en las plataformas digitales de Apple Music y Spotify, e incluye piezas que el compositor italiano fallecido en julio pasado escribió para las películas La Misión, Érase una vez en América, 1900, Érase una vez en el Oeste, Malena y Cinema Paradiso.

Tributo a Ennio Morricone ya está en las plataformas digitales de Apple Music y Spotify.

Entre otras, por ejemplo, Roberto Bravo grabó El oboe de Gabriel y el Ave María guaraní; La leyenda del pianista del océano y Totò y Alfredo. En el disco participa una de sus grandes colaboradoras, la cantante Andrea Cárdenas.

“Morricone ha compuesto más de 400 bandas sonoras, igual que Manzanero hizo 400 boleros”, comenta Roberto Bravo. “En una conversación con mi hijo, él me preguntó ‘¿Qué música te gustaría para tu funeral, el Réquiem de Mozart?’. ‘No, le respondí, la música de Cinema Paradiso. Es música muy profunda”, revela Roberto Bravo.

Ennio Morricone, además de ser quien hace de la canción italiana de los 60 lo que fue, con sus arreglos, también hizo vanguardia e improvisación con Franco Evangelisti y Egisto Macchi, en el emblemático grupo Nuova Consonanza, desde mediados de los años 60 hasta 1980, y escribió más de 100 obras de música clásica, pero optó por la música de cine.

Claro. Si hubiera seguido el otro camino, se hubiera convertido en otro Luciano Berio, tenía un gran talento para la música contemporánea, pero la otra música, la de cine tuvo un gran impacto en la gente porque la gente se mueve por la emoción. Con mis alumnos en España yo tenía grandes discusiones cuando se impresionaban por las octavas de un pianista. Les decía: ‘Lástima que se impresionen con algo, y no se emocionen’. Porque la emoción nos mueve a hacer muchas cosas. Nos permite ponerlos al servicio de.

Habiendo sido usted un opositor a la dictadura de Pinochet, ¿cómo ha vivido la situación político social desde el estallido hasta el Plebiscito por la Nueva Constitución?

“He estado leyendo Gandhi, Tolstoi, Martin Luther King, a todas las personas que predicaron con el ejemplo de sus vidas la no violencia. Grandes seres de luz que nos mostraron un camino y que de repente mucha gente los ha olvidado. El camino de la paz es uno solo; yo rechazo en todas sus formas la violencia, pero apoyo con todo mi corazón el derecho de la gente a protestar, a hacer valer sus derechos y reclamar por lo que es justo. El estallido y la pandemia han demostrado que la desigualdad en Chile es horrorosa. Creo que como ni tú ni yo sabemos si vamos a estar mañana, es mejor vivir el día a día con amor y que no salga de tu boca ninguna palabra fea hacia otro ser humano. Hay que predicar con el ejemplo. Así como Gandhi se pasó tantos años preso por sus ideas, Tolstoi renunció a todos sus bienes para ayudar a los campesinos y finalmente se convirtió en uno de ellos, existen tantos ejemplos.

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