Vladimir Potanin, el poderoso oligarca de los metales que se está apoderando de los bancos rusos

El director y presidente de la junta directiva de Norilsk Nickel, Vladimir Potanin, asiste a una sesión del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, en Rusia, el 6 de junio de 2019. Foto: Reuters

El hombre más rico de Rusia y muy cercano al Presidente Putin estaría volviendo a colocar los activos de los bancos que se han ido del país en manos del Kremlin. Su gran importancia para los mercados mundiales de metales lo mantienen fuera de las listas de sanciones de Occidente.




Vladimir Potanin, uno de los oligarcas más adinerados de Rusia y uno de los más cercanos al Kremlin, ha tomado ventaja de la actual situación económica producto de las sanciones de Occidente y ha comprado participaciones en los principales bancos rusos que están vendiendo los grupos occidentales que huyen del país.

Así lo dio a conocer un artículo del diario Financial Times, que destaca la cercanía entre Potanin y el Presidente ruso, Vladimir Putin. Además de jugar hockey sobre hielo, Potanin fue uno de los pocos que se reunió con el mandatario al día siguiente que se lanzó la invasión a Ucrania en febrero pasado. También, hasta ahora, no ha sido sancionado por Estados Unidos o la Unión Europea.

En 1995, Potanin jugó un papel decisivo en la creación de las subastas de “préstamos por acciones” que se convirtieron en un pilar fundamental de la reforma económica postsoviética de Rusia. Las subastas permitieron la venta de activos de empresas rusas a precios inferiores al mercado y se consideran el momento fundacional de la oligarquía rusa. Posteriormente, desde el 14 de agosto de 1996 hasta el 17 de marzo de 1997, se desempeñó como primer viceprimer ministro de la Federación Rusa.

En marzo de 2022, era el hombre más rico de Rusia y la 58° persona más rica del mundo, con una fortuna estimada de US$ 24.400 millones, según el índice de multimillonarios de Bloomberg.

Potanin, de 61 años, es presidente del gigante metalúrgico Norilsk Nickel y su accionista mayoritario. Ahora, dice el Financial Times, está volviendo a poner los activos bajo el control del Kremlin, y los expertos explican que ha podido hacerlo debido a su gran importancia para los mercados mundiales de metales que lo mantienen fuera de las listas de sanciones importantes.

Vladimir Potanin, director ejecutivo de Norilsk Nickel de Rusia, habla con los periodistas al margen de la Semana de los Negocios Rusos, en Moscú, el 16 de marzo de 2017. Foto: Reuters

Por ejemplo, el grupo Interros de Potanin acordó adquirir Rosbank, uno de los 10 principales prestamistas, después de que su propietaria francesa, Société Générale -que compró el negocio a Potanin en 2008-, buscara una salida rápida de Rusia. También compró United Card Services, la filial rusa del grupo estadounidense Global Payments.

Y cuando el multimillonario ruso Oleg Tinkov se desprendió de su participación del 35% en TCS, en lo que llamó una “venta forzosa” impuesta por el Kremlin, Potanin aprovechó la situación para tomar ventaja.

Tinkov se quejó de que Potanin había pagado solo el 3% de lo que creía que valía realmente su participación en TCS.

“Potanin es un hombre de lealtad. Al igual que otros oligarcas rusos, él es el administrador de los activos, y lo entiende bien”, dijo al periódico Andrei Movchan, exbanquero de inversiones y miembro de Carnegie Endowment.

En marzo pasado, Potanin fue uno de los pocos oligarcas que criticó los planes de confiscación de los activos de las empresas extranjeras que estaban abandonando el país y comparó tales medidas con la Revolución Bolchevique de 1917.

“Yo pediría que se abordara con mucha cautela la cuestión de las confiscaciones de las empresas que han anunciado su salida de Rusia”, dijo en esa oportunidad Potanin en un comunicado publicado por su empresa minera Nornickel en Telegram.

“Esto nos llevaría 100 años atrás, al año 1917, y las consecuencias de tal paso serían la desconfianza mundial de los inversores hacia Rusia, se sentiría durante muchas décadas”, añadió.

El Presidente ruso, Vladimir Putin, se reúne con Vladimir Potanin, CEO y copropietario de Norilsk Nickel, en Sochi, el 11 de noviembre de 2015. Foto: AFP

Potanin predijo que las empresas occidentales volverán, afirmando que decidieron irse durante “una presión sin precedentes sobre ellas a causa de la opinión pública en el extranjero”. “Personalmente, yo mantendría esta oportunidad para ellos”, añadió.

“Potanin no propone del todo permanecer neutral hacia el negocio extranjero que se va. Ofrece una opción de compromiso. No la nacionalización, sino la gestión temporal para mantener el empleo y no destruir los esquemas comerciales que ya se han establecido. Aunque Occidente está imponiendo sanciones a un nivel sin precedentes, las sanciones personales ahora son mucho más débiles que las sectoriales. A pesar de que algunos nombres se expresan allí, parecen muy modestos. Occidente espera que en los próximos seis meses o un año, en cualquier caso, ciertos procesos políticos comiencen en Rusia. Y Occidente tiene la intención de influir en estos procesos. Y luego podrán presentar o no acciones contra los representantes de las grandes empresas”, dijo el analista Pavel Salin al portal ruso Nakanune.

Según el experto, es por eso que las sanciones personales no se están introduciendo a una escala tan grande, Occidente simplemente está demostrando las herramientas que tiene.

Pese a su cercanía con el Kremlin, los diarios rusos señalan que quizás ya llegó la hora para que Potanin renuncie a estar al mando de Norilsk Nickel. En un artículo publicado a fines de abril por el diario Moscow Post se señala que el oligarca está perdiendo sus activos de infraestructura, por lo que esto puede sugerir que ya no tenga un lugar en la élite empresarial rusa.

Esto luego que en abril se iniciara un caso penal por malversación de fondos contra el propietario del aeropuerto de Norilsk, que es justamente una empresa controlada por Potanin. Y el portal Nakanune sugiere que serían justamente otros oligarcas como Igor Sechin y Oleg Deripaska quienes estarían listos para ocupar su lugar.

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