Yo tuve viruela del mono (y quise contarlo)

Cristóbal Palma, estudiante de terapia ocupacional.

Desde el 17 junio -día en que se notificó el primer contagio en Chile- hasta el 1 de agosto se han confirmado 68 casos de viruela del mono en el país. Cristóbal Palma (27) es uno de ellos. El estudiante de Terapia Ocupacional relata cómo lo vivió y por qué decidió viralizar su testimonio, con el fin de desmitificar una enfermedad que todavía causa alarma en la población.




Cuando mi contacto estrecho me notificó me sentí confundido, debo decirlo. Me preguntaba cuál era la probabilidad de que se me pegara una enfermedad que había llegado hace dos días a Chile.

Le tuve que comentar a mi jefa, pero no quería contarlo mucho, porque me preocupaba la reacción de mi mamá. Ya había sido duro para ella cuando le conté que era VIH positivo. Cuando vi la buena recepción de todos, dije: no puedo quedarme callado. Soy activo en redes sociales, y quería hablarle a mi comunidad, sobre todo a los jóvenes.

Yo veía la viruela del mono muy lejana, en el sentido que recién estaba llegando al país. Había escuchado que la mayoría de los casos venían del extranjero. Y yo no soy de viajar mucho. Así que pensé que faltaba mucho para que se propagara, y no había averiguado cuál era el examen para detectarla. Después me enteré que se utiliza un hisopo muy similar al que se usa para testear el Covid-19, pero que se toma en base a las lesiones. No tenía ni idea de cuáles eran los síntomas reales, más allá de las llagas.

En mis vacaciones me junté con uno de mis contactos, por decirlo así. No tengo una pareja sexual puntal. El 12 de julio, en uno de esos encuentros fue. Se habla de que uno se contagia en fiestas o viajes, pero yo no calificaba en esas actitudes de riesgo, y él tampoco.

Unos dos días después de que nos juntáramos me llama y me dice que es contacto estrecho y que por fechas ya habría desarrollado la enfermedad cuando estuvo conmigo. Reaccioné un poco incrédulo.

Caso confirmado

En la televisión se muestran las lesiones cuando ya están desarrolladas y son grandes y dolorosas o se muestra a personas que se les expresan de forma más agresiva.

En cambio, a mí, durante la primera etapa, me apareció una lesión muy similar a una espinilla o un pelo encarnado, nada fuera de lo común. Fue muy importante que él me avisara, así yo estaba atento. Sin ese aviso era difícil saber que podía tener la viruela del mono, perfectamente pude haber asumido que mi primera lesión era otra cosa.

El lunes 18, mientras me bañaba en la mañana, me di cuenta de que tenía un granito en la zona perineal. Me saltaron las dudas, porque leí que es de las zonas donde más suelen salir lesiones. Inmediatamente pensé en consultar.

Ese día fui a trabajar, tomé todas las medidas necesarias e incluso usé mascarilla. Sin embargo, en ese momento no avisé. No sentí la confianza para decir que podía tener la viruela del mono y tampoco pensé que la tenía. Me había sentido bien, no había tenido fiebre y me preguntaba cómo ese grano tan chiquitito iba a ser la viruela del mono, si había visto otras imágenes.

Estuve un rato en mi trabajo y me fui a mi casa. Ahí tomé la decisión de ir a consultar.

Le pregunté a un amigo que es enfermero y averigüé cuál era el centro de referencia al que tenía que acudir. Él me dijo que fuera al Barros Luco o la Posta Central.

Este granito no picaba ni dolía, y apenas se notaba. De hecho, en un momento sentí que estaba siendo demasiado alharaco y que me iban a devolver a la casa, pero igual fui. Sentí la responsabilidad.

Yo soy una persona VIH positiva, y hago un activismo desde ahí. Siempre cuando voy a consultar a un médico y me preguntan si tengo alguna comorbilidad, digo directamente VIH positivo. Ahí el personal empieza a hablar más bajito y toma precauciones, pero en algunos establecimientos no hay consideración y se grita a viva voz. Entonces, muchas personas se sienten vulneradas a la hora de acudir a la farmacia o al médico.

Decir que soy VIH positivo me da lo mismo, pero ese día cuando fui a la Posta Central estaba perseguido. Cuando me preguntaron por qué iba, dije que por sospecha de viruela del mono y la recepcionista me mandó con una enfermera. Ella estaba atendiendo con estos vidrios que tienen megáfonos, así que todo el mundo escuchó por qué había ido, pues ella lo gritó por el parlante.

Sentí que toda la gente que estaba en la fila se dio cuenta y eso me generó incomodidad, empecé a sudar. Sentí ese estigma.

Ahí estuve dos horas. No me aislaron ni me hicieron pasar a un box especial, estuve esperando con el resto de la gente. Luego, me pasaron a un pasillo donde había otra persona igual que yo, pero se veía más aproblemado.

Cuando llegó mi turno, el doctor me hizo las consultas pertinentes y me revisó. Me miró, me tomó una foto y me dijo que no era el tipo de lesión que ellos buscaban, que podía deberse a otro tipo de patología o que era una simple espinilla. También me señaló que no se podía tomar una muestra, porque era muy pequeña. Igual me dijo que tuviera precaución, porque la infección aún se podía manifestar y que ante cualquier síntoma volviera a consultar.

Por el VIH me atiendo en el Hospital San Juan de Dios. Entonces, le escribí a las personas que me tratan para contarles lo que había pasado.

El día después de acudir a la Posta Central, me llamaron desde el Hospital San Juan de Dios. Les conté lo que me habían dicho en la primera consulta y me pidieron una foto del grano.

Después de ver la foto me dijeron que la lesión se veía chica, pero que de todas formas me hiciera el PCR. Me dijo que fuera con un bolso hecho, porque el protocolo en caso de toma de muestra era aislamiento de 48 horas, que es lo que demora en estar listo el resultado. Entonces, mientras yo era caso de estudio me iban a dejar en una residencia. Yo eso nunca lo vi en ninguna página, no tenía esa información.

El martes 19 de julio, la misma noche en que fui al San Juan de Dios, me trasladaron a la residencia sanitaria. Dos días después, me notificaron que era positivo, y justo ese día me comenzaron los síntomas más fuertes: fiebre y nuevas lesiones. Hasta ese día yo seguía convencido de que era negativo.

El equipo médico comentó que mi caso era de los más leves dentro de la residencia, pues la viruela demoró varios días en manifestarse y tenía lesiones muy pequeñas. Después del primer granito que me encontré, que duró tres días, aparecieron más: tres en la cabeza, uno en el bigote y otro en el glúteo. Una vez que cayeron las costras, me dieron el alta, el sábado 30.

“No es una enfermedad de homosexuales”

¿Por qué hice videos? Fue a modo de reacción a cosas que vi en redes sociales. Vi memes que pueden ser inocentes, pero también a personas que estaban convencidas de que esto es una enfermedad de homosexuales.

Me hice TikTok y grabé el primero un día que estaba aburrido en la residencia. Inmediatamente después de subirlo se viralizó y justo al día siguiente me dieron el alta. Yo estaba impactado, es decir, estaba feliz, pero no me lo esperaba. Fue lindo cerrar ese ciclo lleno de amor de la gente.

Cuando me dieron el alta salí convencido de que había hecho lo correcto, de que falta información y de que existe un estigma que está creciendo y que tenía que parar... y qué mejor con un testimonio.

Si estamos hablando de que la población más riesgosa es la viajera o la que tiene múltiples parejas sexuales, está bien, pero esas conductas pueden estar presentes, independiente de si la persona es homosexual o heterosexual. Ese era un poco el objetivo de mi video. Mi mensaje es: cualquier persona, independiente de su orientación sexual, puede contagiarse. A mayor cantidad de contacto piel con piel, es mayor el riesgo.

No dejé contactos estrechos y es de las cosas que me da más satisfacción y creo que es a lo que tenemos que apuntar.

Tengo un diagnóstico y he aprendido a testearme constantemente y a tener una gestión de mi salud sexual buena y eso no lo tienen todas las personas.

Yo agradezco mucho que mi contacto estrecho tuviera la confianza de llamarme apenas se enteró. Generalmente, el miedo que produce el estigma lleva a que la gente no quiera consultar, por temor a ser juzgados.

Ese aviso oportuno me permitió aislarme y no acudir a nada masivo. Eso ayudó a que el virus muriera conmigo y eso es a lo que tenemos que apuntar. b

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