Cielos, telescopios y mejor ciencia: Los esfuerzos para convertir a Chile en la capital mundial de la astronomía

Ilustración: Gabriel Ebensperger.

Nuestro país está privilegiado por sus cielos puros y por la calidad de sus observatorios. Desde hace unos años la astronomía viene concitando la curiosidad de niños y adultos, y por ello se trabaja en consolidar este interés, yendo más allá de los populares hitos que son los eclipses. El objetivo es educar para que el conocimiento se haga permanente y sirva a todas las ciencias.




Hay ciertas disciplinas científicas que los habitantes de un país conocen y reconocen porque las sienten propias. Ocurre en Perú, por ejemplo, donde se enorgullecen de la actividad arqueológica que les indica sus raíces.

En Chile tenemos los mejores cielos del mundo, contamos con los observatorios más avanzados y, sin embargo, algo nos falta. No nos tiene tan pendientes como el cobre.

Es cierto que la astronomía goza hoy de una tremenda popularidad: los eclipses de Sol y de Luna ya son eventos masivos que fascinan y traen sus buenos dividendos, pero aún no tenemos plena conciencia de que quizás nuestro mayor capital está en el Universo, en cómo accedemos a él y cómo lo investigamos.

“Creo que no hay una apropiación cultural de parte de la ciudadanía de la riqueza que es tener estos grandes observatorios en Chile” dice la astrónoma Joyce Pullen, directora del diplomado en Astronomía de la Universidad Andrés Bello y directora ejecutiva de AstroEdu. “Nos falta un empoderamiento mayor, y quizás sea porque las inversiones grandes vienen del extranjero y porque necesitamos que el Gobierno dé un impulso para que la ciudadanía adquiera esto como un valor nacional”.

El astrónomo José Maza, Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999, ha sido sin duda uno de los más importantes divulgadores de astronomía en los últimos años, aunque esa labor, cuenta, la viene haciendo desde hace por lo menos tres décadas. Autor de superventas (Somos Polvo de Estrellas y Marte, la Próxima Frontera, entre otros), charlista entusiasta, es capaz de llenar estadios con su alucinante manera de expresar el conocimiento sobre el Universo. Aclara que nunca fue su intención fascinar a la población con su tema, pero que se siente complacido por haber contribuido.

Está consciente de que aún queda camino por hacer: “Falta mucho para que el interés por la ciencia sea parte del ADN de la sociedad en Chile. Hay que enseñar mucho mejor la ciencia, hay que enseñar elementos de astronomía, de geofísica, de meteorología, de calentamiento global. El siglo 21 lo que más tiene es ciencia y tecnología”.

Consciente de eso, la astrónoma Joyce Pullen, directora del Diplomado en Astronomía General de la Universidad Andrés Bello, creó AstroEdu (astroedu.com), una plataforma de cursos online dictados por astrónomos, científicos y profesionales de áreas afines.

Es el primer servicio virtual que enseña astronomía por suscripción y está disponible para Chile y Latinoamérica.

Junto a su colega Daniela Fernández formaron el equipo y Pullen dirige el streaming: “Nació a partir de las preguntas que hacía la gente después de las charlas de astronomía, que eran muy interesantes y diversas, porque mostraban que había un deseo por saber más. Partimos con 60 cursos, incluidos los escolares, pero estamos sumando unos cuatro cada mes”.

Faltaba una base de conocimiento sobre astronomía en las personas no ligadas al área, explica Joyce Pullen, y por ello dirige también un diplomado en Astronomía General de la UNAB. Ya va en su cuarta versión y concita el interés de profesionales de distintas áreas, sin necesidad de contar con una formación en física o matemática.

Uno de los objetivos es adquirir el conocimiento básico para comprender los procesos físicos que dominan la astronomía y los biológicos que dan origen a la vida, y ello les ha servido a médicos, ingenieros, arquitectos, periodistas especializados, y emprendedores y técnicos turísticos, entre otros.

Capital Mundial

Según la Asociación Chile de Astronomía (Sochias), el área ha experimentado un importante auge en los últimos años y muestra de ello son las distintas iniciativas que han desarrollado universidades nacionales y que han hecho crecer la cantidad de estudiantes y profesionales de astronomía.

Actualmente hay 24 universidades que realizan investigación; 276 astrónomos trabajando en instituciones chilenas; 172 académicos; 104 posdoctorados e investigadores; 259 estudiantes de posgrado, y más de 500 estudiantes de pregrado.

Y el propio diplomado de la Universidad Andrés Bello ha demostrado que el interés existe. En su cuarta versión ya cuenta con 12 alumnos que buscan sumarse a los 52 que ya ha egresado en un curso que se impartía una vez al año en un comienzo, pero ahora es semestral.

Todas estas cifras van sumando para lograr convertir a Chile en la capital mundial de la actividad astronómica y el ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Andrés Couve, está optimista.

“Con la construcción de tres megatelescopios y las capacidades actualmente instaladas de observatorios internacionales, Chile albergará cerca del 70% de la capacidad astronómica terrestre en los próximos años”. Adicionalmente, explica, existen programas de astronomía en 18 universidades nacionales y centros de excelencia con financiamiento público, como el Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), el Instituto Milenio de Astrofísica (MAS) y el Núcleo Milenio de Formación Planetaria (NPF).

Este crecimiento, agrega, responde a una política de Estado de largo plazo que contempla la entrega del 10% del tiempo protegido de observación a la comunidad chilena de investigación y que se ha convertido en un gran incentivo para la atracción de jóvenes talentos.

Acota el ministro Couve: “Para lograrlo debemos cuidar el cielo como un recurso muy valioso y por ello convocamos a un consejo de expertos y expertas para definir aquellos lugares que por sus condiciones extraordinarias para el desarrollo de la astronomía debieran ser protegidos de la contaminación lumínica”.

La astrónoma María Teresa Ruiz, Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997 y autora del célebre libro Hijos de las Estrellas, está más escéptica.

“Desgraciadamente, en Chile jamás se ha podido considerar la ciencia como parte importante del plan de desarrollo del país, es considerado como un gasto más que como una inversión, un gasto superfluo hasta cierto punto. Hay muchos problemas, incluso prácticos, que la ciencia puede ayudar a resolver mejor, pero en este momento hay un desapego y una diferencia muy grande entre cómo se resuelven los problemas a nivel político y cómo se podrían resolver gracias a la ciencia. Nos falta mucho camino por recorrer todavía”.

Esto, a pesar de la posición de privilegio que cuenta nuestro país en cuanto al potencial de investigación astronómica. En Chile operan, entre otros, los observatorios Paranal, La Silla, Cerro Tololo, Gemini, Las Campanas, ALMA y APEX, y vienen en camino Vera Rubin Observatory, GMTO, ELT y CTA. Si a estos centros de investigación se suman los telescopios privados -destinados más que todo al astroturismo-, tenemos que el 40% de la infraestructura para explorar el Universo está en el país.

“Tenemos al mundo entero instalando sus observatorios para estudiar el Universo. Ninguna de estas culturas o de estos pueblos son especialmente dados a botar su dinero en cosas que no son importantes, de modo que si ellos han invertido miles de millones de euros en operar telescopios acá, en el norte del país, en la mitad del desierto, por algo será, ¿no?”, añade María Teresa Ruiz. “Los observatorios son los mejores del mundo y la gente que trabaja ahí también lo es. Son astrónomos que han sido capaces de imaginar, construir y usar ahora esos telescopios para explorar el Universo”.

Más que eclipses y cometas

Adultos y niños sienten idéntica atracción por lo que está en el cielo y más allá. El ministro Couve señala que para acercar la disciplina a niños y niñas, en el programa de Investigación e Innovación Escolar de Explora estudiantes tanto de enseñanza básica como de educación media presentan investigaciones en congresos escolares, por ejemplo, sobre los cúmulos de nuestra galaxia usando los datos de la misión espacial GAIA, comparaciones de la superficie lunar e investigaciones sobre agujeros negros, cometas, meteoros y asteroides.

Adicionalmente, a través del programa Ciencia Pública, financian proyectos de divulgación científica, como exposiciones, libros y películas sobre temas astronómicos. Esta disciplina estará muy presente en las actividades del próximo Festival de la Ciencia (FECI), desde el 20 al 24 de octubre, con la participación de centros de excelencia, como el Instituto Milenio de Astrofísica (MAS) y el Núcleo Milenio de Formación Planetaria (NPF).

“El interés por la astronomía está estrechamente vinculado a nuestra capacidad de asombrarnos por la naturaleza y a la necesidad de recurrir a la ciencia para comprenderla. Es también un área del conocimiento en la que contamos con una amplia comunidad de divulgación, sobre todo en las generaciones más jóvenes, que acercan a la sociedad el conocimiento”.

El profesor Maza dice que los eclipses son momentos en los cuales la gente está más sensible y ellos los han tratado de aprovechar, pero aboga por que ese interés sea más permanente. “La ciencia es parte del quehacer cotidiano de la gente en Chile y en el mundo en general”, expresa.

Comprender cómo funciona el Universo debería ser una materia entregada de manera más rigurosa en escuelas y colegios, agrega la astrónoma Joyce Pullen.

“El contenido del currículo nacional en Ciencias Naturales sobre astronomía y física contiene bastante materia. Lo que pasa es que no siempre se tiene el tiempo para pasarla completa durante el año y a veces se deja un poco la astronomía para el final, como si fuera una cosa extra. Creo necesario que esa materia sea obligatoria de cumplir y también que los profesores tengan las herramientas para poder enseñar esas materias”

Parte del objetivo que tiene el proyecto AstroEdu es poder darles a los profesores esas herramientas, de manera que ellos vean los cursos y así sepan cómo enseñarlos de manera es muy sencilla y didáctica.

La profesional de la UNAB indica que contar con una cultura astronómica trae muchísimos beneficios para los más pequeños. “La astronomía, sobre todo en los niños, es un gran motivador para que ellos estudien carreras ligadas a ciencias, tecnología, ingeniería y matemática, que no son fáciles de motivar, pero sí mediante esta disciplina. Los niños se dan cuenta de que les gusta la ciencia, que es entretenida, que hay muchas cosas por descubrir”.

María Teresa Ruiz indica que ya es momento de dejar de mirarnos el ombligo y levantar la mirada hacia el cielo de manera seria. “La astronomía nos permite conocer el universo en que vivimos, a qué cosas nos enfrentamos como humanidad en nuestro planeta. Estamos acostumbrados a que las cosas del día a día sean las que llenan toda nuestra preocupación y nuestro interés, pero en realidad como humanidad debemos ser capaces de levantar la mirada y darnos cuenta de que estamos en un universo que tiene también sus desafíos”.

Porque no sólo están los internos, como los daños que le podamos hacer al planeta, sino que hay desafíos externos también, detalla la astrónoma, y, en ese sentido, conocer cómo es el Universo en su totalidad es una obligación nuestra como habitantes. “Hay muchas cosas que hemos aprendido gracias a esta exploración, desde la energía nuclear y otras moléculas que no existían antes en la Tierra y que las hemos observado en otros lugares. Y hay muchas cosas que gracias a la astronomía se han podido aplicar en la vida diaria, aunque no sea eso lo que mueve el desarrollo de la investigación astronómica”.

Concuerda José Maza: “El contar con cielos extraordinarios, los mejores del mundo, obviamente nos da un desafío por entender más profundamente la astronomía; pero si en Chile estuviera siempre nublado, la ciudadanía debería tener de igual manera un interés por la astronomía y saber del sistema solar, de las estrellas y que somos polvo de estrella. La ciencia tiene que ser parte de los estudios y de la cuestión cotidiana en Chile”.

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