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Alton Barron, nuevo Doctor Honoris Causa de la UNAB: “La inteligencia artificial nunca podrá mirar a los ojos a un paciente”

El prestigioso cirujano ortopédico y académico estadounidense, desde hace 15 años en la lista de los mejores médicos de ese país, fue reconocido por la Universidad Andrés Bello por su extensa labor profesional, formativa y de trabajo social. “Debemos ayudar a nuestros estudiantes a comprender que jamás deben olvidar su capacidad de sentir, de intuir con todos sus sentidos e incorporar esa capacidad a sus corazones sanadores”, dijo durante su discurso de agradecimiento.

El doctor Alton Barron, al medio, junto al rector de la Universidad Andrés Bello, Julio Castro, y al doctor Patricio Burdiles, decano de la Facultad de Medicina de la UNAB.

Antes de llegar a ser el traumatólogo preferido por los músicos de la Orquesta del MET en Nueva York; antes de convertirse en uno de los referentes en Estados Unidos en cirugía de mano, codo y hombro; antes de crear, junto a Diana Krall y Elvis Costello, una fundación para atender gratis a jazzistas sin recursos para tratar las dolencias de sus extremidades superiores, el doctor Alton Barron fue un interno de Medicina que vivió, en primera persona, el poder que tiene el contacto físico para los seres humanos.

Corría 1986 y la epidemia del SIDA se expandía por Estados Unidos. En la sala de aislamiento de un hospital en Nueva Orleans, donde esperaban la muerte los enfermos terminales, un joven con la piel pegada a los huesos fue su primer paciente.

El doctor Barron arrimó una silla al lado de la cama del hombre, se presentó como médico y luego posó su mano sobre el antebrazo del enfermo, quien entonces rompió en llanto.

–Eres la primera persona que me toca desde que entré al hospital –le dijo.

“Quizá en ese entonces era demasiado ignorante del SIDA como para tener miedo de tocarlo. Y él no tenía miedo de morir: sí de hacerlo solo, sin ser tocado, sin ser visto. Ese día fui muy afortunado de haber aprendido tempranamente las poderosas capacidades del contacto humano”, recordó el hoy reconocido traumatólogo, quien recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Andrés Bello (UNAB) en homenaje a su extensa carrera no sólo como médico, sino también como docente, por más de 30 años, de nuevos profesionales de la salud ortopédica.

El cantante estadounidense Elvis Costello, el doctor Alton Barron (ambos en la foto) y la cantante Diana Krall están tras MTF, Musician Treatment Foundation, que entrega tratamientos a músicos con lesiones de manos, codos y hombros.

La carrera de Alton Barron, actualmente profesor de Cirugía Ortopédica en el Centro Médico Langone de Nueva York, como médico en el Centro Roosevelt de Mano a Hombro de OrthoManhattan y presidente de la junta directiva de Post University –casa de estudios estadounidense que en 2024 fue adquirida por la UNAB–, se ha caracterizado también por su profunda vinculación con la comunidad y compromiso con la dignidad de las personas. Este, fue uno de los puntos que destacó durante la ceremonia, el doctor Patricio Burdiles, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello y quien propuso el nombre de Barron como candidato al Doctorado Honoris Causa.

“A lo largo de tres décadas, el doctor Barron ha contribuido con innovaciones técnicas e investigaciones y más de 40 publicaciones. Ha formado a centenares de especialistas procurando siempre que el quirófano sea, además de eficiente, un espacio de respeto, calma y trabajo en equipo. Desarrollar la destreza es importante, pero relevar la humanidad del acto quirúrgico es imprescindible. Su consulta ha sido escuela de excelencia clínica y también de humanidad”, destacó el doctor Burdiles durante su discurso.

“Jamás hay que olvidar la capacidad de sentir”

El doctor Barron no sólo ha construido su carrera a partir del trabajo con las manos –el bien más preciado para un músico– de distintos artistas. A su consulta también llegan obreros con graves fracturas; en 2001 acudieron a él decenas de bomberos sobrevivientes de los atentados de las Torres Gemelas, y en 2009, varios de los pasajeros que resultaron heridos luego del acuatizaje de un avión comercial en el río Hudson.

“El médico canadiense William Oster decía habitualmente: El buen médico trata la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”, dijo Alton Barron durante sus palabras de agradecimiento. Lo hizo como antesala para hablar de uno de los grandes temas de la medicina contemporánea: ¿cómo se formarán los nuevos profesionales de la salud en la era de la inteligencia artificial, con algoritmos desarrollados a partir de síntomas y enfermedades y no de las características de cada paciente?

“Las computadoras pueden predecir cuánto sobreviviremos como especie, pero jamás podrán calcular el poder de la curiosidad, creatividad y sed de conocimiento que es única de los humanos", dijo el doctor Barron durante su discurso.

Primero que nada, aclaró Barron, “no estoy aquí para criticar a la IA. Amo la tecnología, la uso a diario para simplificar el proceso de toma de notas con mis pacientes. La IA tiene la capacidad de realizar análisis de datos muchos más rápidos y exhaustivos (...) De hecho, tengo un querido colega y amigo a quien diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA) hace un año y medio. Cuando aún podía comunicarse y sentarse en una silla de ruedas, hizo unas 28 cirugías de hombro. Pero la última vez que lo vi, tuve que darle de comer. No hay cura para el ELA, sólo dolor. Por eso, espero desesperadamente que la IA puede ayudar a encontrar la cura”, contó.

Sin embargo, no puede evitar sentir aprensión por la eventual delegación de facultades humanas a la tecnología, lo que podría terminar haciendo que los médicos confíen excesivamente en ella y vayan perdiendo sus habilidades. Pero no es sólo eso: se sabe también que el sesgo de los algoritmos suele dejar en desventaja a las poblaciones subrepresentadas, a las mujeres y a las personas más pobres, agregó.

“La IA puede pasar por alto la situación social de un paciente. Nunca podrá mirarlo a los ojos. No puede comprender el contexto de la condición humana y la interacción. Y, por último -y de forma más sencilla y lógica- podría generar una posible erosión de la relación médico-paciente, que es sagrada”, aseguró.

Por eso, para que la IA suponga una contribución a la medicina y no un detrimento, Barron cree que la clave está en formar a las nuevas generaciones en el valor inconmensurable del “ser” humano.

“Las computadoras pueden predecir cuánto sobreviviremos como especie, pero jamás podrán calcular el poder de la curiosidad, creatividad y sed de conocimiento que es única de los humanos. Independientemente de cuántos robots pueda producir mi vecino de Austin, Elon Musk, nunca tendrán, al menos en las próximas generaciones, esa capacidad innata de sentir. Debemos ayudar a nuestros estudiantes a comprender que jamás deben olvidar su capacidad de sentir, de intuir con todos sus sentidos, e incorporar esa capacidad a sus corazones sanadores”, expresó.

"La consulta del doctor Alton Barron ha sido escuela de excelencia clínica y también de humanidad”, destacó el doctor Patricio Burdiles en su semblanza del médico estadounidense.

Al concluir la ceremonia, el rector de la Universidad Andrés Bello, Julio Castro, destacó que Alton Barron hiciera “no sólo un discurso académico, sino un discurso muy emotivo, que fijó líneas sobre cómo debe ser la educación superior desde la parte humana. Estamos muy contentos de que sea uno más de los doctores Honoris Causa que tiene nuestra universidad”.

El doctor Patricio Burdiles, por su parte, resaltó la inspiración que Alton Barron transmitió a través de sus palabras a las nuevas generaciones de médicos. “Fue muy enriquecedor escuchar la cautela con la que habló de la inteligencia artificial, que puede ser buena, pero que también debe ser utilizada con mucho cuidado, especialmente en la salud humana”, dijo el decano de la Facultad de Medicina de la UNAB.

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