La fiebre por el uso de melatonina en niños y los efectos secundarios que puede acarrear
Francisco Álvarez, químico farmacéutico y académico de la Universidad Andrés Bello, advierte que, aunque es una hormona natural, su uso debe ser supervisado: “No es un suplemento inocuo y administrarla sin control puede generar somnolencia, confusión e incluso efectos neurológicos en niños”, señala.

Dormir bien es tan importante como una nutrida alimentación o una constante actividad física. Sin embargo, poder descansar, es cada vez es más complejo para una parte de la población.
Diferentes sondeos aclaran que los chilenos no tienen una buena calidad de sueño. Un estudio de Activa Research reveló que un 44% declara dormir bien frecuentemente; cifras de 2025 demuestran que son muchos los que no encuentran una forma clara para poder hacer la noche más llevadera, lo que lleva a algunos a utilizar medicación para poder lograrlo.
En medio de un panorama donde la información –correcta o errónea– circula por redes sociales, uno de los medicamentos que se ha instalado como solución es la melatonina.
Francisco Álvarez, químico farmacéutico y académico de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, explica que es una hormona natural que genera el cuerpo humano para regular el ciclo sueño–vigilia. Sus niveles aumentan desde el atardecer hacia la noche y eso ayuda a que las personas puedan conciliar el sueño.

“Cumple un rol fisiológico importante”, afirma Álvarez, aclarando que también se puede adquirir de forma sintética a través de su venta en farmacias.
En Chile, la melatonina se comercializa como medicamento y su uso debe ser bajo prescripción médica. Sin embargo, se puede encontrar en el comercio informal o a través de internet, y las personas la adquieren sin ningún tipo de supervisión.
Aunque se trate de una hormona natural, aclara, su uso sin supervisión puede generar efectos adversos. En algunos casos se observa somnolencia al día siguiente, estados de confusión y, en situaciones más graves, alteraciones neurológicas, especialmente en población infantil.
Melatonina en la infancia: riesgos y precauciones
La preocupación por el uso descontrolado del medicamento ha aumentado, luego de que en Estados Unidos la American Heart Association (AHA) presentó hallazgos preliminares sobre los riesgos cardiovasculares asociados al uso prolongado de melatonina en adultos con insomnio.
Este informe se suma al trabajo del MMWR (Morbidity and Mortality Weekly Report), que analizó entre 2012 a 2021 los casos de ingestión de melatonina en menores de 19 años reportados a los centros de control de intoxicaciones de Estados Unidos. En ese país, la melatonina es un suplemento dietético de venta libre, por lo que su acceso es directo en supermercados, farmacias, o por venta online, sin restricción. Al existir presentaciones en formatos como gomitas o comprimidos masticables con sabores atractivos, se vuelven un campo de atracción para los infantes.

Este estudio reflejó que el uso de esta sustancia ha aumentado en un 530% en menores de edad en la última década. Del número total de consumidores reportados con intoxicación, un 94.3% fueron ingestas no intencionales, de las cuales 4.097 derivaron en hospitalizaciones y dos en muertes de lactantes.
Francisco Álvarez explica que la comunidad médica norteamericana ha divulgado múltiples casos de sobredosis, con niños que han debido ser atendidos de urgencia. A su juicio, considera que muchos padres recurren a la melatonina al ser percibida como una alternativa “segura”, que no genera dependencia, en comparación con otros fármacos utilizados para el sueño.
En Chile, el Instituto de Salud Pública (ISP) ha reportado un aumento de consultas por efectos adversos y sobredosis, tanto en adultos como en niños, tras un estudio realizado entre 2019 a 2022. A pesar de la regulación, el informe manifiesta que “existe un mercado informal y productos atractivos para niños que entran al país sin control”, derivadas de un mayor ingreso desde la pandemia.
A ello se suma que existe un aumento significativo de ingestiones, tanto accidentales en niños como intencionales en adolescentes. Los datos toxicológicos registraron 927 casos de sobredosis de melatonina: 38.2% fueron casos de adolescentes (12–18 años) y 36.6% niños (0–12 años).
Es importante considerar que los trastornos del sueño no siempre tienen una sola causa. Así lo explica la doctora Yerka Luksic, neuropediatra especialista en neurodesarrollo, quien señala que en niños con trastornos como autismo o déficit atencional los problemas de sueño son altamente prevalentes, alcanzando hasta un 80% de los casos. En estos contextos, la melatonina puede indicarse de forma segura y respaldada por evidencia científica.

“Hay condiciones en las que el niño produce menos melatonina, incluso por causas genéticas. Dado que el sueño es fundamental para el aprendizaje, la conducta y la regulación emocional, se evalúa su uso en una lógica de costo-beneficio”, precisa Luksic.
El problema surge, dice la especialista, cuando los padres la administran a niños sanos, sin una evaluación previa ni un trabajo de base en hábitos de sueño.
“Usarla como una especie de ‘cosmético para dormir’ es un error”, dice la doctora Yerka Luksic, al detallar que la melatonina no es un “interruptor” que apague al niño.
Esta sustancia, añade el doctor Enzo Rivera, neurólogo y especialista en trastornos del sueño, actúa reforzando el pulso natural que produce la glándula pineal –ubicada en el cerebro– cuando hay oscuridad ambiental. “Si una persona la toma durante el día o antes de que oscurezca, no va a producir el efecto esperado”, precisa, por lo que se debe complementar con oscuridad completa. De cualquier otra forma, no interfiere directamente con la liberación natural de melatonina.
Recomendaciones para los padres
Los especialistas comparten que el contexto actual, con una mayor presencia de aparatos móviles, alteran las rutinas y horarios, lo que se traduce en búsquedas para ayudar a conciliar el dormir. En menores que no presentan trastornos del sueño, el consumo innecesario de melatonina puede generar efectos adversos.
Entre los más frecuentes, explica José Ignacio Marmolejo, CEO de HIS, startup dedicada a democratizar el acceso a diagnósticos oportunos para trastornos del sueño, está la somnolencia diurna, la irritabilidad, el dolor de cabeza, las náuseas e incluso alteraciones del estado mental, generalmente asociadas a la somnolencia. “Los casos graves, como convulsiones, son excepcionales y a menudo difíciles de atribuir exclusivamente a la melatonina”, explica.
Al compartir vías metabólicas con neurotransmisores como la serotonina, la melatonina puede influir en el estado emocional. También, en el peor de los casos, existe el riesgo de generar dependencia psicológica, cuando el niño asocia el dormir a la toma de una pastilla, aunque esta no sea un sedante.
Respecto del uso prolongado, Luksic recalca la importancia del control médico. En algunos casos específicos, como ciertos síndromes genéticos, la melatonina puede requerirse de manera crónica. En otros, su uso debe ser transitorio. “Si después de seis meses no evaluamos ni pausamos, nunca sabremos si sigue siendo necesaria. Eso puede reforzar una dependencia innecesaria”, afirma.
José Ignacio Marmolejo, de HIS, advierte que otro de los riesgos de su uso prolongado en la infancia puede llegar a “interferir con el sistema neuroendocrino y alterar ritmos fisiológicos como la temperatura corporal, el metabolismo o incluso el desarrollo puberal”. Por eso debe emplearse solo cuando esté clínicamente justificado.
La doctora Yerka Luksic añade: “Un trastorno del sueño en un niño puede ser la expresión de otra condición del neurodesarrollo. Dar melatonina sin evaluar puede enmascarar el problema de fondo”, problematiza Luksic.
Por su lado, Francisco Álvarez, académico de la UNAB, plantea que ante una sociedad que acostumbra a automedicarse, es fundamental acudir a un servicio de urgencia cuando la persona que consumió melatonina no responde adecuadamente, ya sea un niño o un adulto. “Si no despierta, presenta confusión marcada o hay una alteración evidente del estado de conciencia, se debe buscar atención médica de inmediato”, recalca.
También son señales de alerta la somnolencia excesiva durante el día siguiente, la dificultad para despertar, la lentitud marcada o un estado de confusión persistente. “En esos casos, aunque no siempre se trate de una urgencia vital, es importante consultar con un médico lo antes posible”, propone. La clave es no minimizar los síntomas y actuar rápido cuando hay compromiso de conciencia o falta de respuesta.
En adultos, la dosis recomendada no suele superar los 9 miligramos diarios, dice el doctor Enzo Rivera. El neurólogo, quien también es profesor de la Universidad de Valparaíso, describe que la mayoría de los trastornos del sueño no tienen un origen neurológico, sino emocional, conductual o ambiental. Por eso, antes de recurrir a cualquier medicamento, incluso los considerados “naturales”, es crucial revisar la rutina y aplicar hábitos de higiene del sueño.
Entre las recomendaciones que se repiten entre los especialistas está el establecer horarios regulares, limitar pantallas al menos una hora antes de dormir, controlar la intensidad de la luz ambiental, realizar actividades relajantes previas a acostarse y evitar sustancias estimulantes como café, té, bebidas energéticas o nicotina.
“Lo más importante es entender que el sueño no se fuerza; se prepara”, sentencia el académico. Como recalca Francisco Álvarez, incluso los suplementos naturales deben administrarse bajo supervisión profesional para proteger la salud de los niños.
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