La segunda transición energética de la minería y sus habilitantes
Ahora comienza una etapa probablemente más desafiante: transformar la energía limpia en una fuente confiable para industrias que no pueden detenerse.

Chile ha sido protagonista de una de las transformaciones energéticas más relevantes del mundo. En pocos años, pasamos de depender principalmente de combustibles fósiles a incorporar masivamente energías renovables, aprovechando recursos excepcionales como el sol y el viento. Esa fue la primera gran transición energética.
Hoy, sin embargo, comienza una segunda etapa, igual de importante y probablemente más desafiante: transformar esa energía limpia en energía confiable para industrias que no pueden detenerse.
La minería es quizás el mejor ejemplo de este desafío. Para una operación minera, la electricidad no es simplemente un insumo más. Es la condición que permite que toda la faena funcione. Por eso, la pregunta ya no es cuánta energía renovable somos capaces de generar, sino cómo aseguramos que esté disponible cuando la operación la necesita, todos los días y a toda hora. Debemos ser capaces de hacer convivir esa necesidad con un sistema que tiene una componente relevante de energía variable.

Lograrlo requiere avanzar en cinco habilitantes fundamentales.
El primero es contar con energía limpia y competitiva. La descarbonización ya no es solo un compromiso ambiental, sino también un factor clave de competitividad. Los mercados exigen cada vez más productos con menor huella de carbono, y el cobre no es la excepción. Los avances han sido significativos: según Cochilco (2026), el 78% de la energía utilizada por la minería en Chile proviene de fuentes renovables, resultado de la migración hacia contratos de suministro limpio. Sin embargo, el principal desafío hacia adelante está en las emisiones de Alcance 1 (Scope 1), asociadas al uso de combustibles en equipos móviles, procesos industriales y flotas de transporte minero.
El segundo habilitante es la confiabilidad del suministro. Las energías renovables ya demostraron que pueden desempeñar un rol protagónico en el sistema eléctrico, pero para garantizar continuidad operacional se requiere complementar la generación con almacenamiento, flexibilidad y tecnologías capaces de responder cuando las condiciones cambian. El desafío no es elegir una tecnología sobre otra, sino integrarlas inteligentemente para asegurar energía disponible las 24 horas del día.
Chile ya está dando pasos concretos para fortalecer la flexibilidad y seguridad del Sistema Eléctrico Nacional. Sin embargo, es fundamental que se promueva oportunamente las reinversiones necesarias para extender la vida de la flota térmica a gas de Chile, activos que son clave para la seguridad de suministro 24/7 que la minería requiere y que hoy está ya con más de 24 años promedio de antigüedad.
El tercer habilitante es la infraestructura de transmisión. Si la generación renovable constituye el corazón del sistema eléctrico, las líneas de transmisión y las subestaciones son las arterias que permiten que esa energía llegue donde se necesita. El problema es que ambas no han avanzado al mismo ritmo. Como resultado, parte de la electricidad limpia disponible no logra llegar oportunamente a los centros de consumo.
Un cuarto habilitante consiste en acelerar la transformación de la infraestructura energética existente. La transición no se construye solo a partir de nuevos activos; también requiere reconvertir y aprovechar capacidades ya instaladas. Por último, está la capacidad de desarrollar soluciones adaptadas a cada realidad. No existen dos operaciones mineras iguales. Cada faena tiene desafíos distintos, perfiles de consumo particulares y objetivos propios de crecimiento y sostenibilidad. Reaprovechar infraestructura estratégica permitirá acelerar la transición y reducir costos para el sistema.
Todo lo anterior descansa sobre un elemento esencial: la confianza. La minería es una industria que planifica inversiones a décadas y que requiere socios capaces de acompañarla en procesos de transformación de largo plazo. Ser capaz de cumplir aquello que se promete, como siempre, será la diferencia.
La minería del futuro necesitará más energía limpia, pero sobre todo necesitará energía disponible cuando la requiera y soluciones capaces de adaptarse a sus necesidades operacionales. Esa es la verdadera segunda transición energética que tenemos por delante. Una transición que no se medirá únicamente por los megawatts renovables instalados, sino por nuestra capacidad de convertirlos en desarrollo, competitividad y crecimiento sostenible para Chile.
*Juan Villavicencio, CEO de Engie Chile.
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