Se demoraron 7 años en fabricarlo y, al parecer, la espera valió la pena
Tras un largo desarrollo, el primer De Tomaso P72 de producción finalmente salió de fábrica. Con 700 CV, caja manual y un habitáculo libre de pantallas, apuesta por una experiencia de conducción pura y exclusiva.

La paciencia suele ser una virtud escasa en la industria automotriz actual, donde los ciclos de desarrollo son cada vez más rápidos. Sin embargo, el De Tomaso P72 tomó un camino distinto: siete años de evolución, ajustes técnicos y perfeccionamiento para convertirse en una de las propuestas más exclusivas y auténticas del mercado.
Presentado originalmente como prototipo en el Festival de la Velocidad de Goodwood de 2019, el P72 acaba de alcanzar un nuevo hito con la entrega de su primera unidad de producción. El proyecto atravesó revisiones de ingeniería, cambios de socios industriales y los efectos de la pandemia antes de materializarse en un vehículo que reivindica el placer de conducir sin filtros.

Construido sobre un monocasco de fibra de carbono, el superdeportivo italiano es impulsado por un motor V8 sobrealimentado desarrollado junto al especialista estadounidense Roush. Basado en la arquitectura utilizada por Ford, el propulsor fue profundamente modificado para alcanzar 700 caballos de fuerza y 820 Nm de torque.
El motor se ensambla manualmente y emplea componentes internos forjados y de bajo peso para soportar regímenes de hasta 7.500 rpm. Toda esa potencia se transmite exclusivamente al eje trasero mediante una caja manual de seis velocidades con relaciones cortas, una configuración cada vez más escasa en el segmento de los deportivos de alto rendimiento.

Más allá de sus cifras, el P72 destaca por su filosofía. En un mercado dominado por pantallas y asistentes electrónicos, prescinde de sistemas digitales complejos, modos de conducción y configuraciones automatizadas. Incluso la suspensión regulable requiere ajustes manuales mediante herramientas convencionales.
Su diseño, inspirado en los prototipos de resistencia de los años 60, combina líneas fluidas, superficies esculpidas y una silueta de marcada influencia clásica. El interior mantiene esa misma esencia, con materiales nobles, instrumentación analógica y una atmósfera centrada exclusivamente en el conductor.

La exclusividad también forma parte de la propuesta: solo se fabricarán 72 unidades en todo el mundo, cada una con un precio base cercano a los 1,6 millones de euros ($1.700 millones).
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